Vacaciones en familia
Está comprobado que necesitamos de una semana a diez días para habituarnos al lugar y luego poder relajarnos. En la coyuntura actual esto parece una misión imposible. Más aun su sumamos los recaudos que debemos tomar por la pandemia de coronavirus. Irse de vacaciones con la incertidumbre a cuestas no parece ser lo indicado.
Por definición, familia es un grupo de personas ligadas por nexos de parentesco cuyos miembros adultos asumen la responsabilidad del cuidado de los hijos. Los lazos de parentesco son los que se establecen entre los individuos mediante un acuerdo que se puede llamar matrimonio o convivencia.
El sociólogo Zygmunt Bauman afirma que la familia responde a la fragilidad de los vínculos humanos y, en líneas generales, sustituyen la calidad de las relaciones por la cantidad, perdiendo importancia su profundidad y ganando importancia el número de ellas. Aparecen en la escena familiar los smartphones. Estamos hablando por el móvil, enviándonos mensajes de texto unos a otros. Usamos frases abreviadas para aumentar la velocidad del envío -y a eso le sumamos la escucha rápida o rapidísima-. Parecería ser que lo importante no es el mensaje, sino la circulación constante de mensajes, sin los cuales nos sentimos excluidos.
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La familia: último refugio del valor de la vida
Familias con bebés, niños pequeños, adolescentes, todas ellas tienen diversos niveles de dificultades de acuerdo a la franja etaria. La ansiedad de cada uno de los miembros, la angustia que puede vivenciarse, los síntomas que nos acompañan, en las vacaciones pueden exacerbarse o intentar dejar de lado la mortificación que nos acompaña. Jacques Lacan afirma que entre todos los grupos humanos la familia desempeña un rol principal en la transmisión de la cultura. Es donde prevalece la primera educación, las prohibiciones, la adquisición de la lengua materna y de este modo rige procesos fundantes en el desarrollo psíquico.
Como consecuencia en esos breves días llamados vacaciones, los planteos familiares pueden estar a la orden del día y con suerte serán abordados en terapia, puesto que en vacaciones a todos los integrantes -fundamentalmente a los padres- les nace un espíritu pedagógico. En relación a ello el reciente libro “Nuevas formas de síntomas” (Letra Viva) de la psicoanalista Mabel Levato, puntualiza la época que nos toca vivir en una frase: “vivo el hoy” que destaca un universo propicio para que nos enseñen de todo, incluso a respirar.
Resulta una tentación que la familia intente fundar un tiempo nuevo durante las vacaciones. Es decir, a partir de ese momento, “todos nosotros” debemos cambiar. Esta “rectificación” vacacional será una propuesta vacía, sin consistencia que conduce a los miembros de la familia a trayectos con carácter frustrante.
Pero salir de vacaciones en familia también puede ser una oportunidad: pasar con los nuestros más tiempo que con compañeros de trabajo, colegas y otras personas.
Las vacaciones en familiar solo constituyen un pasaje temporal. Un período de tiempo que se recuerda a lo largo de nuestra vida. Pasar un tiempo con nuestros padres cuando niños, niñas, puede ser el mejor de los recuerdos o nuestras peores pesadillas. Depende que el mundo del adulto se conecte con el mundo infantil y que los gritos o dedos acusadores no se transformen en una culpa constante que nos alejan de esas luces brillantes que indican y señalan el camino del deseo.
*Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta.

