La Salud de Mendoza en crisis: cuando acceder a ella se vuelve una “odisea”

La Salud de Mendoza en crisis: cuando acceder a ella se vuelve una “odisea”

Hay demoras a la hora de contar con atención medica y obstáculos para continuar tratamientos contra enfermedades crónicas o realizarse estudios de alta complejidad. En los centros de salud faltan profesionales para atender la alta demanda de la población más pobre, entre otras problemáticas.

Zulema Usach

Zulema Usach

El sistema de salud de Mendoza padece de una enfermedad crónica, cuyos paliativos a lo largo de los años no lograron estabilizar. Buena parte de quienes cuentan con una obra social o prepaga, no deja de mencionar que, aún contando con cobertura, es difícil acceder tanto a la atención médica como a la realización de estudios o tratamientos (de mayor o menor complejidad) de manera rápida y sin obstáculos en el camino.

Por su parte, el 41,5 por ciento de la población provincial (equivalente 834.300 personas, según los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares) que no tiene ese beneficio y depende exclusivamente de la atención en centros de salud y hospitales públicos, la pasa aún peor. Faltan especialistas en áreas de mayor complejidad; hay demoras de un mínimo de tres meses a para conseguir turnos; escasean profesionales en los centros de salud y hay horas de espera en las guardias de los principales hospitales.

En cada historia y testimonio relacionado al tema “salud”, es difícil no escuchar quejas. Para muchos, la pandemia solo vino a dejar al descubierto falencias que perduraron “enquistadas” a través de los años y los gobiernos. El personal médico tampoco queda al margen de los atrasos que presentan algunas obras sociales al momento de pagar los honorarios correspondientes.

En los barrios más pobres, las dificultades a la hora de acceder a la atención pediátrica (por mencionar solo un ejemplo) saltan a la vista en los Centros de Salud. Los eslabones clave de la prevención primaria atraviesan una profunda crisis; sus profesionales se muestran sobrepasados por la demanda y los problemas de infraestructura siguen siendo una constante.

Conseguir atención en los centros de salud, un calvario

Miriam Muñoz (38) es mamá de tres hijos. Cada vez que alguien de la familia enferma, el calvario para lograr atención medica empieza. “A veces hacés la fila y cuando te toca, te avisan que el pediatra no va a venir”, dice. Cuenta la mujer que desde el asentamiento donde vive hasta el centro de Salud que hay en el barrio 25 de Mayo (Maipú) tienen que caminar un buen trecho. Asegura que más de una vez ha estado en la puerta esperando desde las tres de la mañana y cuando le toca su turno la respuesta que “la cantidad límite de personas atendidas fue superada”.

Cuenta la mujer que ni ella ni los suyos tienen obra social porque no disponen de un trabajo estable en blanco. Si surge alguna urgencia, dice, entonces deben ir directamente a la guardia de un hospital público, cuya atención supera las cuatro o cinco horas de espera como mínimo. Hace un tiempo, una hermana suya murió de cáncer y a partir de este antecedente, los médicos le han advertido que necesita hacerse controles periódicos. “Pero la verdad es que hay tanta demora para todo que se me hace muy difícil. Porque un día que no trabajo es un día que no comemos”, confiesa.

Al igual que miles de personas en Mendoza, ella recuerda que en los momentos más difíciles de la pandemia, directamente evitó la idea de hacerse cualquier tipo de control. Ahora, los inconvenientes están más bien ligados a la crisis profunda del sistema sanitario general. Su hermana, cuenta Miriam, también ha sido victima de las deficiencias a la hora de poder recibir un tratamiento. “Ella tiene la columna desviada y hace mucho que la tendrían que haber operado. Pero lo que le dicen es que no hay camas de internación”, denuncia la mujer y agrega que por ahora su hermana “vive tomando calmantes porque no soporta el dolor”.

Gabriela I. (36), no la pasa mejor. Asegura que cada vez que ha necesitado llevar a su nieto de un año y tres meses para realizarle los controles pediátricos obligatorios, la respuesta en el centro de salud más cercano a su barrio es que “no hay pediatra” o que “el pediatra ya se fue”.

Frente ese panorama, destaca, que “por eso muchas veces nos vamos directamente al Notti y nos quedamos esperando por horas hasta que nos atienden”.

Cuando perder tiempo quita esperanza

Al hablar del acceso a la salud en la primera infancia, Guadalupe Ponce (27) es palabra autorizada. Con solo 13 años ella le ganó la batalla a la leucemia y desde entonces no deja de ayudar a los niños y las familias que atraviesan por complejas y numerosas situaciones a la hora de afrontar un tratamiento luego de obtener el diagnóstico de la enfermedad. “En los casos oncopediátricos es muy común que las obras sociales pongan trabas a la hora de cumplir con todo lo que el niño o niña necesita en el momento”, asegura la joven que se sumó al desafío para promover la actual Ley Oncopediátrica de la Provincia (N° 9.287).

Uno de los aspectos que más destaca la joven en este sentido es que es justamente en estos casos cuando el tiempo apremia y muchas veces las familias (en su mayoría de bajos recursos) se ven sometidas a los vaivenes de las mutuales. "Muchas veces los papás y mamás tienen que ir y venir con papeles o costear gastos que no pueden, cuando en realidad deberían tener todo lo que necesitan para su hijo o hija con leucemia", dice Guadalupe. 

Una problemática “enquistada”

María Isabel del Pópolo, titular de la Asociación Mendocina de Profesionales de la Salud (Ampros) destaca que en realidad, la crisis en la Salud comenzó muchos años antes de la pandemia. “La Salud siempre estuvo entre los aspectos más relegados de todos los gobiernos. La pandemia de covid nos vino a revelar que no estábamos preparados para lo que sucedió ni para otros momentos tanto o más críticos”, dice del Pópolo al hablar del sistema de salud de Mendoza en particular, aunque aclara que hoy no es posible tomar a la provincia como “un sitio aislado de su contexto nacional, Latinoamericano y mundial”.

La falta de acompañamiento de los pacientes que requieren de tratamientos y atención especializada de manera rápida y efectiva por parte de algunas obras sociales y prepagas, es otro aspecto mencionado por ella: “Muchas obras sociales se han lavado las manos y sólo están para enriquecer a sus dueños. No demuestran un interés real por acompañar a los pacientes”, detalla del Pópolo al mencionar que muchas de ellas están desfinanciadas. “Muchas veces la gente sigue pagando y no tiene todos los servicios que les corresponde o al menos, deben sortear muchos obstáculos para poder tener la atención adecuada”, agrega la secretaria general de Ampros que está pronta de traspasar su cargo.

Del Pópolo también destaca que los profesionales de la salud muchas veces se ven sometidos a la presión de la demanda social de atención médica por un lado y la falta de pago de sus honorarios por parte de las obras sociales y prepagas. “En algunos casos incluso, llevan cinco meses sin cobrar y los que trabajan para el Estado siguen mal pagos”, asegura y detalla que en los últimos años ya se perdieron al menos 1.500 cargos.

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