Laudato Si, el árbol y el bosque

Laudato Si, el árbol y el bosque

Una lectura superficial de la encíclica Laudato Si puede dar la impresión de que se trata exclusivamente de un documento sobre el medio ambiente, pero va mucho más allá al abordar la raíz humana de la crisis ecológica.

MDZ Sociedad

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Roberto Bosch.

Politólogo y diplomático.

Hace poco tiempo, en el marco de una actividad académica, el Papa Francisco destacó que Laudato Si no era solo una encíclica “verde”, sino una encíclica social y que debía ser vista “en toda su amplitud y todas sus consecuencias”.

Es que una lectura superficial, o simplemente incompleta, de Laudato Si puede dar la impresión de que se trata exclusivamente de un documento sobre el medio ambiente. Pero en realidad es mucho más que eso. La descripción que hace la encíclica sobre “lo que le está pasando a nuestra casa” no se agota en la contaminación y el cambio climático, la cuestión del agua y la pérdida de biodiversidad, sino que va más allá al abordar el deterioro de la calidad de vida humana, la degradación social y la inequidad planetaria. Llega finalmente al aspecto central de su diagnóstico: la raíz humana de la crisis ecológica.

La crisis ambiental es presentada como una manifestación de una crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, por lo que no se solucionará la primera sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano. Si solo se aborda técnicamente el problema ambiental, estamos mirando el árbol y no el bosque.

Ese bosque incluye el paradigma tecnocrático dominante, la forma en que la humanidad ha asumido la tecnología, el reduccionismo que afecta la vida humana y en sociedad, la ignorancia de los límites que la realidad impone, el consumismo exacerbado, la cultura del descarte.

Laudato Si encuentra muchas claves de lectura en un documento anterior del Papa Francisco, Evangelii Gaudium, o “la alegría del Evangelio”, en el que el Santo Padre -en el marco de una invitación a una nueva evangelización- se ocupa también del bien común y la paz social. Enuncia ahí cuatro principios propios de toda realidad social que va a recoger en Laudato Si: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es más importante que la idea, y el todo es superior a la parte.

Con base en esos principios Francisco propone el concepto de ecología integral. Una vez más, un árbol y un bosque. No alcanza con una ecología limitada a las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan, sino que se requiere “una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”. Esa ecología integral incluye así no solo la ecología ambiental, sino también la económica, social, cultural y de la vida cotidiana. El concepto no es del todo nuevo, sino que está anticipado en la idea de desarrollo integral de la encíclica Populorum Progressio de Paulo VI.

Fiel a la tradición metodológica de la doctrina social de la Iglesia, luego de el diagnóstico (ver) y el análisis (juzgar), el Papa Francisco propone al final de la encíclica “algunas líneas de orientación y acción” y de “educación y espiritualidad ecológica” (actuar).

También acá la solución debe ir más allá del árbol de la tecnología y las finanzas o de la solución de “talle único” hacia un bosque que reconozca las especificidades de cada país y la dimensión del desarrollo. El diálogo sobre medio ambiente que Francisco propone debe tener una perspectiva global, sin limitarse a la defensa de los intereses de algunos países. Por ello la encíclica reconoce el peligro de que se imponga a los países de menores recursos compromisos de reducción de emisiones comparables a los de los países más industrializados, advierte sobre los intereses económicos detrás de propuestas de internacionalización de bosques, acuíferos o glaciares; recuerda el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y reconoce la “deuda ecológica” entre el Norte y el Sur.

Mientras se discuten los resultados y compromisos de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático de Glasgow vale la pena repasar la riqueza conceptual de Laudato Si, porque “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

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