¡¿Qué haces volando en avión?! Bajate de ahí que vos sos pobre

¡¿Qué haces volando en avión?! Bajate de ahí que vos sos pobre

Las bicicletas financiadas con inflación que regalaba Eva vivieron 70 años en la memoria de su electorado. ¿Cuánto más vivirá un primer viaje en avión? ¿Estamos presenciando la batalla total y final contra el clientelismo?

Santiago Morgan

Reemplazar vuelos baratos por una maqueta de avión con sobreprecio es parte de la estrategia del peronismo para lograr la peor elección de su historia. En estos días anunciaron con bombos y platillos la vuelta de un clásico kirchnerista: el simulador de vuelo en Tecnópolis. Un avión estacionado al que la gente se puede subir, mirar un poco y bajar. Y listo. 

No tengo pruebas pero tampoco dudas de que con todo el dinero derrochado en promocionar semejante berretada le podrían haber pagado un pasaje de avión a cualquier lugar de Argentina a todos los que hasta ahora participaron del simulacro. 

La experiencia puede haber sido positiva y rendir sus frutos (cautivar votos) hasta el 2015. Fue una herramienta efectiva para que los K hagan lo que mejor saben hacer: vender un relato. Meterle mística a todo. "En este avión vas a volar de verdad algún día. Porque tenemos aerolínea de bandera y coso. Pero antes tenemos que derrotar al neoliberalismo que no quiere que viajes en avión". 

Todo mientras los únicos que viajaban en avión eran los "ricos" o los amigotes de Recalde yendo a ver a la Selección, ambos subsidiados con el IVA de los fideos de quienes solo usaban el simulador

Pero la cosa ya no tiene el mismo efecto ahora. ¿Qué fue lo que pasó? Lo que pasó fue el período 2015-2019, cuando al mercado aerocomercial llegó el sistema más eficaz que hasta ahora desarrolló la humanidad: el capitalismo, el libre mercado y la competencia. 

Durante 4 años la totalidad de la población pudo acceder a vuelos baratos a muchos nuevos destinos. Viajar más rápido y más seguro a cualquier parte del país. Podría dedicar mil párrafos a contar el dominó de beneficios que esto estaba empezando a desencadenar. Pero lo resumo en una sola anécdota: los cosecheros jujeños se ahorraban 38 horas de colectivo gracias a los viajes en avión. Política efectiva. Beneficios para todos

Bah, para todos no. ¡Alguien quiere pensar en el relato K por favor! ¿Cómo iban a permitir los pobristas que volvieron al poder en 2019 que alguien asocie algo bueno con el gobierno que los precedió? De ninguna manera. Adiós low cost. Adiós Palomar (salvo que seas un avión privado, o un avión sanitario provincial usado impunemente por algún gobernador). Hola monopolio de Aero Cámpora. Hola déficit, ineficiencia, curro y la peor atención al cliente de la historia de la humanidad. Borraron todo.

¿Borraron todo? En realidad no. La experiencia y la emoción que experimenta un ser humano cuando viaja por primera vez en avión no se borra nunca más. Al millón de personas que habían volado por primera vez no las engañás nunca más. El corazón que se benefició de verdad con política bien hecha es un corazón que ya no es más fértil a relatos berretas. A relatos kirchneristas

Un relato que hace rato está crujiendo y herido de muerte. Un relato que ya no logra engañar y en el que perdió todo el filo su principal espada: el clientelismo. El ofrecer poca cosa a cambio de lo más valioso: el voto.

Estamos presenciando una época en la que grandes porciones del electorado ya no se dejan comprar por las migajas de la oligarquía política kirchnerista. Así lo explicaba con preocupación Marcelo Puella, alguien que "hace territorio y maneja un espacio a nivel nacional" (lo que sea que eso sea) después de la derrota en las PASO: "Nos jugaron por atrás los más humildes. Recibian lo nuestro y el día del comicio vendieron su voto al mejor postor". Palabras textuales. Al día de hoy no se sabe qué es "lo nuestro". Que se sepa el inútil de Puella, como todo buen populista, jamás produjo nada. 

Lo que sí está claro es esa mirada soberbia que tienen para con los pobres. Se creen que por ser pobres les deben lealtad. Ya no más, Marcelo. Se va agotando el relato. Se va terminando el miedo.

La desesperación oficialista es tan grande que ya ni se gastan en ocultar las prácticas clientelistas. Lo que antes repartía un puntero ahora lo reparte un ministro en un acto oficial. Heladeras y lavarropas para todos. Pero ni así alcanza. 

Quienes los reciben ya no son los mismos. Quienes los reciben ahora se animan a invitar a la presidente del principal partido opositor y mostrar en cámara la bandera partidaria que pretenden hacerles colgar en sus casas a cambio de esa heladera o ese lavarropas. 

Creo que mucha gente va despertando. Creo que mucha gente ya viajó por primera vez en avión. Creo que el clientelismo y por ende el populismo, se van agotando. 

Bienvenido sea. 

Lo sabemos nosotros. Lo saben ellos. 

Que viva la dignidad. Que viva la libertad. Hay futuro para Argentina.

 

* Santiago Morgan es padre de familia, ingeniero y profesor de matemática.

 

  

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