Deseo vs negocio: el lado oscuro de los tratamientos de fertilización

Deseo vs negocio: el lado oscuro de los tratamientos de fertilización

El deseo de la maternidad a veces es una oportunidad de negocio para algunas clínicas que ofrecen un servicio que no acompaña integralmente a las mujeres que se someten a los procesos de fertilización.

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

A partir de los cambios y transformaciones en los modelos de familia, existen cada vez más mujeres que eligen encarar el proyecto de la maternidad por su cuenta y gracias a las técnicas de reproducción asistida pueden hacer posible ese deseo. Sin embargo, los procesos de fertilización a los que se someten en muchas ocasiones pueden ser traumatizantes.

El deseo de ser madres va cambiando con el transcurso del tiempo. Muchas mujeres deciden postergar la maternidad eligiendo el desarrollo personal y profesional antes de dar ese paso. Según datos del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), a nivel global cerca de 2 mil mujeres que accedieron a los tratamientos entre 2018 y 2019, fueron madres solteras, una cifra que viene en crecimiento año a año.

Hoy en día existe una amplia variedad de tratamientos de reproducción asistida que pueden adaptarse a la conveniencia de cada mujer que desea ser madre con o sin el acompañamiento de un hombre. En todos los casos es clave la figura del donante de semen y también del banco de óvulos en caso de que se requiera acceder a un tratamiento con ovodonación.

En el mundo son cada vez más las mujeres que deciden someterse a evaluaciones clínicas que les digan a ciencia cierta las posibilidades que tienen de convertirse en madres en el corto o mediano plazo, las consultas sobre el congelamiento de óvulos aumentan y las experiencias no son siempre las óptimas. 

 La fertilización in vitro es el tipo más común y eficaz de Tecnología de Reproducción Asistida

En primera persona

María decidió congelar sus óvulos hace 5 años aproximadamente, cuando estaba por cumplir 40. Su proceso comenzó luego de enterarse que había perdido más del 90% de su reserva ovárica luego de una operación que tuvo a los 20 años cuando fue diagnosticada con endometriosis.

“Tuve que realizarme una cirugía laparoscópica ya que tenía quistes en el ovario y se produjo una endometriosis. En ese momento no me explicaron que con la cirugía iba a perder mi reserva ovárica”, manifestó María quien agregó que la información que brindan muchos médicos es insuficiente y en ocasiones eso atenta con las posibilidades y decisiones que toma cada persona respecto a lo que planifica para su vida.

Cuando estaba por cumplir 40, decidió comenzar a hacer estudios más profundos que le brindaran información acerca de las posibilidades que tenía de convertirse en madre en el corto y mediano plazo. Luego de varias interconsultas llegó a una clínica muy conocida de Mendoza.

“Lo primero que hice fue un tratamiento de estimulación y extracción de óvulos para congelar. Por la ley de reproducción asistida estoy dentro de las excepciones y la obra social me cubrió el tratamiento al 100%. Lo único que tuve que presentar fueron los estudios donde me diagnosticaron endometriosis en el año 2000 cuando me operaron”, explicó María.

Los trámites administrativos fueron sencillos y no se presentaron problemas pero los inconvenientes comenzaron a la hora de realizar el tratamiento ya que se trata de un procedimiento muy invasivo que puede afectar sensiblemente a la mujer. Al principio la información que le brindaban era muy precisa, los médicos explicaron que la ovulación se modifica mes a mes. En su caso, el primer tratamiento fue la estimulación ovárica que consiste en inducir una ovulación múltiple a la mujer mediante la administración de medicamentos hormonales.

“La primera vez que congelé óvulos me dieron hormonas que tenía que inyectarme. Los médicos van monitoreando y evalúan cómo va avanzando el procedimiento y la ovulación. Fue rápido pero es incómodo porque las hormonas te producen mucha irritabilidad”, explicó María quien aclaró que esos días son complicados de transitar ya que la mujer se convierte en una “bomba de hormonas”. 

El proceso de la extracción de óvulos es con anestesia, similar a una cirugía ambulatoria. "Entré y me durmieron con una anestesia leve y después me pude ir a mi casa", dijo y explicó que en la clínica que eligió le hicieron firmar una documentación de cláusulas pre impuestas donde dice que el material genético es propiedad de quien lo aporta pero la clínica cobra un canon anual por el mantenimiento de esos óvulos.

"En mi caso se hace cargo la obra social ya que había una patología de base y estoy amparada por la ley", destacó.

Según el contrato la clínica “guarda” el material genético por un lapso de tiempo y pasado ese lapso, si no son usados pueden utilizarlos para hacer pruebas o personas que necesitan ovodonación. "Se puede, a partir de una orden judicial prohibir a la clínica que utilice tu material genético si decidiste que no lo vas a usar o pedir la incineración", destacó María quien es abogada. 

El deseo que posibilita un negocio

Luego de transcurrido un tiempo, María pensó en ser mamá sola y se sometió a un tratamiento de fertilización in vitro con los óvulos y embriones que tenía congelados pero el procedimiento fracasó. El dolor por la pérdida de ese sueño que se venía gestando desde el momento en que decidió someterse al procedimiento de extracción de óvulos, se tiñó de una mezcla de bronca frente a la falta de profesionalismo de la clínica que no tuvo en cuenta aspectos básicos que preserven a la mujer.

"Después de vivenciar el proceso me doy cuenta que sigue siendo un negocio cruel. Luego del fracaso de mi tratamiento de fertilización me llegó una tarjeta por el Día de la madre cuando en mi caso no había 'prendido' el embrión", destacó María y agregó: "Hay muchas críticas que puedo hacer al sistema, la información que te dan y las cláusulas son bastantes abusivas".

"Luego del fracaso de mi tratamiento de fertilización me llegó una tarjeta por el Día de la madre"

Las mujeres que están llegando a los 40 años tienen menos posibilidades de ser madres por métodos naturales, las clínicas de fertilización asistida apuntan a este público. Sin embargo, pasados los 45 años es difícil encontrar clínicas que quieran hacer tratamientos de fertilización por los riesgos que existen de que el embarazo llegue a término o que el bebé pueda nacer con malformaciones. 

Donación de esperma

El acceso al esperma que permita la fertilización de los óvulos puede darse de diversas formas: si la mujer tiene una pareja o donante, la donación anónima y el acceso al registro de donantes de Buenos Aires o Rosario.

"En el caso de mi obra social me cubría una donación anónima pero también hay un registro de donantes que es como un book donde se puede elegir según la apariencia y datos específicos del donante", explicó María y agregó: "Eso me pareció un poco shockeante ya que, en mi caso no sabía si quería ver la cara del donante". 

La donación de esperma puede ser anónima o a través de un catálogo

Una vez que la mujer define las condiciones que desea del donante debe esperar que la clínica reciba el material genético que permita realizar el proceso de fertilización pero esa espera no es tan "liviana" según cuenta María. "Mandé la información de lo que quería del donante y estuve bastante tiempo sin tener novedades sobre la llegada del material genético para la fertilización. En el segundo intento estuve 15 días con hormonas…fue una bomba para mi cuerpo y mi cabeza. Me sentía inflamada, ansiosa e irritable", destacó.

María explicó que el proceso es sumamente desgastante y que el acompañamiento que realizan algunas clínicas es insuficiente ya que la información que brindan es escasa. "Hay que tener muchos deseos de tener un hijo para pasar por esa situación, al principio te dan una charla muy bonita pero durante el proceso te das cuenta que lucran con la infertilidad de la gente. Cuando llegó el momento de hacerme la colocación del embrión tampoco tenía mucha información, no sabía bien cómo era. Hay muchas cosas que pasan por alto, no te dan tanta información, no contemplan tus emociones ni miedos", destacó.

"El acompañamiento psicológico de las mujeres que se someten a un proceso de fertilización debería ser primordial"

En su caso decidió no volver a intentar ya que se dio cuenta de que no estaba preparada para ser madre sola y afrontar un tratamiento de esa naturaleza. "El acompañamiento psicológico de las mujeres que se someten a un proceso de fertilización debería ser primordial al igual que las instancias de seguimiento de quienes ante sucesivos intentos no lograron su objetivo", cerró María.

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