La primera dosis será de paciencia hasta que la vacuna llegue a todos

La primera dosis será de paciencia hasta que la vacuna llegue a todos

En países donde ya van por la tercera ola del virus el pedido se repite: hay que bajar el nivel de ansiedad por la colocación de la vacuna. Se trata de un proceso que va a demandar mucho tiempo, tanto como nos llevó aceptar las cuarentenas y todas las restricciones que impone la pandemia.

Rubén Valle

Rubén Valle

A casi un año de que la humanidad toda diera una vuelta de página histórica por la irrupción de un nuevo virus, ya nada volvió a ser normal. Nadie volvió a ser normal. La pandemia cambió todas las reglas del juego y así como fue pasando el tiempo algunas cosas se negaron a mutar: los que nunca le temieron o nos les importó el covid y los que le tienen el lógico respeto por temor y/o conciencia. No otra grieta, pero sí dos bandos bien marcados y definidos. 

Si a esta altura todavía nos cruzamos con indolentes que no llevaban barbijo en nombre de su libertad para contagiarse (sin reparar, claro, que ellos pueden contagiar a otros), organizan fiestas masivas sin medir consecuencias "proporcionales" y el distanciamiento social les parece absurdo, la única escapatoria a este contexto donde las muertes y los contagios fueron -y serán, lamentablemente- muchos sigue siendo la ponderada vacuna (Sputnik, Pfizer, AstraZeneca, Moderna, Sinopharm y sigue la lista).

En relación al preocupante crecimiento de casos en la provincia de Buenos Aires y CABA, los jefes comunales de la Costa y el gobernador Axel Kicillof tuvieron ayer su cónclave para finalmente acordar no dar marcha atrás con la apertura de la temporada pero sí "poner énfasis en el cumplimiento de las medidas de cuidado y de los protocolos en los destinos turísticos". 

Pero quien no anduvo con sutilezas ni eufemismos fue un funcionario habitualmente políticamente incorrecto. Dijo Sergio Berni, ministro de Seguridad bonaerense: "No vinimos a la Costa con más de 6.000, 7.000 hombres y mujeres, que estuvieron trabajando, exponiéndose a los lugares donde el coronavirus castigó fuerte, para hacer de baby sister y controlar lo que la responsabilidad social debe asumir". 

Personaje siempre incómodo y polémico, dijo lo que muchos de los "cumplidores" piensa: ¿realmente hay que ponerle un policía a cada uno para que respete lo más básico de los protocolos sanitarios?

Pero los tiempos de los aspirantes al pinchazo no son los de los planes de vacunación, los cuales suponen una logística enorme y muy puntillosa para que no pase, por ejemplo, lo que sucedió en Olavarría, donde se perdieron 400 dosis porque se cortó la cadena de frío. 

Además hay un lógico esquema de prioridades que debe arrancar por el personal de salud y de seguridad, por lo que si uno no está en un grupo de riesgo deberá armarse de paciencia y, pequemos de obvios, seguir extremando las medidas personales de seguridad.

En sintonía con esta expectativa exacerbada, en Europa donde ya van por la tercera ola del coronavirus las autoridades sanitarias pidieron bajar la ansiedad concediendo que “la batalla contra la pandemia se está ganando, pero llevará meses”. Paciencia y autocuidado, no hay mucho más aunque la ciencia haya acelerado todos los tiempos para fabricar no una sino varias vacunas para derrotar al SARS-CoV-2

Lógicamente, los rebrotes pujan para que la vacunación masiva sea cada vez más rápida, pero también para esto hay un férreo protocolo a cumplir. En mayor o menor medida, hay países que esperan concluir con la inoculación generalizada recién a fines del año próximo. Paciencia vuelve a ser la palabra clave.  

En el mientras tanto ya hay muchos -incluidos médicos y enfermeros- que aseguran que no se la colocarán hasta que pasen unos años y no queden dudas de sus efectos, en tanto que la mayoría está dispuesta a dejar de lado los consabidos temores para recibir la ansiada primera dosis. Rectifiquemos: no la mayoría, los que no necesitan baby sister cuidándoles la sombra. 

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