Un mendocino refaccionó el Chevrolet Campeón 1928 perteneciente a su bisabuelo: “Continúo un legado familiar"

Un mendocino refaccionó el Chevrolet Campeón 1928 perteneciente a su bisabuelo: “Continúo un legado familiar"

En diálogo con MDZ, el protagonista de esta historia se refirió a la larga trayectoria de su auto y el proceso de reparación correspondiente que llevó a cabo.

Diego Gubinelli

Un joven mendocino decidió poner en marcha un minucioso plan para restaurar una histórica maravilla automovilística de más de 90 años de existencia, la cual perteneció a su familia durante generaciones.  Se trata del famoso Chevrolet National Turing, o mejor conocido en Argentina como Chevrolet Campeón, y es Luciano quien cuenta su pasión por poner a punto el vehículo que solía pertenecer a su bisabuelo a casi mediados del siglo XIX.

Información sobre el vehículo

La empresa General Motors Argentina comienza en 1925 a armar en Argentina un modelo de automóvil, marca Chevrolet, que fue bautizado popularmente como Campeón o Champion. La planta de San Telmo, en el barrio porteño homónimo, vio nacer este modelo de la marca Chevrolet entre los años 1925 y 1928. Fue un éxito de ventas en el país debido a una gran campaña publicitaria.

El “Especial Argentino”, como lo llamaba la empresa de origen estadounidense, fue lanzado en el mes de abril de 1925 a un valor de 2.085 pesos de moneda nacional. Entre sus especificaciones, los automóviles venían con neumáticos “balloon” de medida 4.50 pulgadas por 20 pulgadas y la presión correcta era de 24 libras, tanto para los delanteros como los traseros.

El motor era de cuatro cilindros en línea, con una cilindrada de 2.800 centímetros cúbicos y una potencia era de 25 HP a 2.000 revoluciones por minuto. El diámetro de los cilindros era de 3 11/16 pulgadas y la carrera de los pistones de 4 pulgadas.

IMAGEN ILUSTRATIVA DE LA REVISTA GENTE EN 1975 TRAS EL ANIVERSARIO 50°DE CHEVROLET

Luciano Grasso (21) contó a MDZ los orígenes de esta tradición familiar que rodea al "Campeón" y cuáles fueron los motivos que lo impulsaron a llevar a cabo una tarea restaurativa que requiere de mucha dedicación e inversión.

“Mi bisabuelo, Antonino Grasso, era italiano proveniente de la ciudad de Misterbianco en Catania, Italia. De joven decidió emigrar a nuestro país y comenzó una nueva vida. Tuvo 7 hijos, 3 varones y 4 mujeres. Uno de ellos es mi abuelo, Juan Bautista Grasso, quién es en gran parte responsable de haberme inculcado y ensañado todo sobre autos”, cuenta Luciano al referirse a la radicación de su familia en territorio argentino.

Posteriormente, Luciano, comentó el inicio de una historia que continua vigente en este año 2020. “El auto es un Chevrolet Campeón modelo 1928 y fue comprado en 1934 a un vendedor oriundo de Mar del Plata, Buenos Aires. Él mismo vino manejando a Mendoza para entregarlo. Hace años mi abuelo me contó que el vendedor le cobró a su familia lo que no usó de nafta en el viaje hasta Mendoza”, dice entre risas.

El auto recién sacado del taller

Tras varios años de uso, el auto fue guardado en un galpón en 1956. “Mi bisabuelo fallece en 1970 y comienza todo el proceso de sucesión entre sus 6 hijos. Había incertidumbre sobre que iba suceder con el auto que estaba tirado hacía un tiempo largo. Es por eso que, años después, los herederos correspondientes llegaron a un acuerdo para que el auto pasara a mi abuelo y a mi papa, Alfredo Grasso. El problema es que habían transcurrido casi 40 años y el auto ya no se encontraba en perfectas condiciones. Mi papá también tuvo esta misma iniciativa que actualmente tengo yo y comenzó a restaurarlo en su juventud. Mientras tanto, mi abuelo adquirió otro modelo similar, pero de 1927. Por lo que me han contado, este segundo ejemplar estaba hecho chatarra y parecía hasta quemado [risas]. Igualmente está en funcionamiento hace varios años”.

Según cuenta el entrevistado, este tipo de coches no puede estar en desuso más de dos meses. Es necesario dejarlos con tacos en las ruedas para que no se arruinen las cubiertas. También es crucial que estén sin nafta, aceite y agua. “Lo sé porque cuando lo saque la nafta podrida causó problemas en el tanque y mangueras. Incluso el radiador, al tener restos de agua, estaba podrido y oxidado. Por eso digo que hay que cuidarlo constantemente. Incluso no podés dejarlo en un lugar que no sea techado porque no es recomendable que le dé tanto el sol”.

Su historia personal con el vehículo

Tal como fue relatado, el padre de Luciano, Alfredo, comenzó la refacción a mediados de los 80’, tras 40 años de inactividad del coche. “Mi papá lo dejó en muy buenas condiciones. Incluso formó parte de eventos de exhibición a principios del 2000. Un par de años después el auto fue guardado. Tuvo que hacerlo porque le llevaba mucha demanda mantener al auto y, a su vez, criar a una familia que tenía niños pequeños de por medio. Su idea era volver a darle uso cuando se jubilase. Por desgracia esto no sucedió. Él falleció en 2014”, agregó.

SU PADRE Y MADRE DISFRUTANDO DEL RODADO

A finales de 2019, Luciano, comenzó a pensar en la restauración definitiva del vehículo que pertenecía a su bisabuelo tras varios años de abandono que -en base las explicaciones dadas- condiciona completamente el estado del auto y acelera su deterioro fácilmente. A pesar de que su familia le decía que no era conveniente porque el gasto de dinero podía ser extremadamente excesivo, eso no fue un impedimento para no seguir soñando. “Mientras tanto yo me imaginaba encima del auto y fantaseaba un poco cada vez que podía”, dice recordando sus primeros pasos. Al cabo de un tiempo, el anhelo no podía esperar más.

Luciano sentía que para sentirse realizado debía honrar el legado de su familia y comenzó a buscar trabajo para poder conseguir el dinero necesario. “En noviembre comencé a trabajar en una cafetería con el objetivo de juntar cada centavo destinado al auto. Entonces, con mi abuelo, empezamos a contactar mecánicos que supieran de este tipo de vehículos.  Dimos con un conocido que por suerte se entusiasmó con la idea. Pasado el tiempo comenzó el sueño: compre mangueras, la batería, arreglé el radiado. De a poco tomaba color", fueron sus palabras.

Al referirse a la primera vez que lo sacó del taller pensando que nada podía salir mal dijo: “Una vez arreglado, quise ir a mostrárselo a mi abuela, pero se me paró en el camino. Era como empezar de cero. Podría decir que me sentía frustrado. Por eso tuve que acostumbrarme a hacerle mantenimiento cada lunes. Al principio solo podía disfrutarlo los fines de semana, pero por lo menos iba aprendiendo las mañas que tiene”.

Meses después, el protagonista dio uno de los pasos finales que le permitieron relajarse un poco más ante una serie de inconvenientes vividos. “Le hice chapería y pintura, la deuda que me quedaba pendiente. Así que puedo decir que el auto ya está al 95%. Me falta la rueda de auxilio y arreglar el velocímetro. Pero lo más importante ya está".

La sensación de orgullo                                      

Luciano comentó la alegría que lo invade al ver a su abuelo contemplar sus logros. “Esto es una satisfacción muy grande. Recuerdo estar fascinado con el automóvil desde muy pequeño. Además, mi abuelo siempre se encargó de prepararme y aconsejarme para cuando fuese mi momento. Actualmente él se encuentra en un estado muy delicado de salud. Siempre quise darle el placer de continuar con una tradición de hace más de 8 décadas. Por otro lado, a mi abuela se le nota una sonrisa de punta a punta cada vez que me ve manejándolo”.

“Suelo pensar que mi papá estaría orgulloso de ver lo que hago. Me gusta creer que estoy haciendo lo que él hubiese querido que hagamos juntos. Mientras tanto, es mi abuelo quien puede disfrutar de esta locura”.

Juan Bautista Grasso, de 86 años, posando con una sonrisa en el rostro

Esta clase de auto esconde incontables historias. Desde familiares, hasta aquellas contadas por vecinos del barrio. Lo hecho por Luciano, también, ha despertado el interés de la comunidad que alguna vez vio a ese auto pasearse por las calles mendocinas. Es la manifestación de nostalgia en pos de recordar épocas pasadas mediantes vestigios aún presentes.

“La gente del barrio de mi abuelo (Juan Bautista) se acerca a mirar cuando el auto está en la vereda. Inclusive me han pasado otras cosas. Como cuando un señor mayor me siguió varias cuadras y me pidió por favor que paráramos solo para poder ver el auto de cerca ‘porque le traía recuerdos’. También me pasa que  a veces me paran porque conocen el auto por mi papa. Incluso una pareja dijo que ese vehículo era culpable de que estén casados, ya que fue utilizado en algunas bodas en los 90’ [risas]”, fueron las palabras de Luciano segundos antes de finalizar una historia que consta de tradición familiar, dedicación, perseverancia y nostalgia.

Foto del auto y la familia, tomada en 1948.

Para mirar más contenido sobre el rodado, podés visitar el perfil de Instagram de Luciano, que en algunas ocasiones suele asistir como invitado a eventos para exhibir su preciado carro y más tarde publicar fotos y videos.

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