No va a quedar uno en pie: los jardines maternales, en una situación insostenible

No va a quedar uno en pie: los jardines maternales, en una situación insostenible

Se cumplen 200 días del primer caso de coronavirus en Argentina y algunos sectores sufrieron y sufren más que otros. Este, en particular, está con la soga al cuello y sin salida. “Cuando los padres tengan que reintegrarse a sus trabajos, no tengo idea que van a hacer con sus niños”, aseguran.

Juan Andrés Tuzzi

Juan Andrés Tuzzi

Los jardines maternales, en este último tiempo, han tomado un protagonismo preponderante en la vida de una familia. Papá y mamá y trabajan. Los abuelos, en la mayoría de los casos, también. No existe otro lugar de contención para llevar a los más chicos. Las familias, aunque a veces lo económico pueda impedirlo, no tienen otra opción. El gasto es una fija en el presupuesto familiar porque a algún lado tienen que ir a parar los hijos.

Y a esto, poco lo han tenido en cuenta las autoridades en estos 200 días que se cumplen en Argentina desde el primer caso de coronavirus. Se pensó en bares, en restoranes, en comercios, en clubes, en gimnasios, pero nadie se acordó de la situación de los jardines maternales, que no dan más.

“El 13 de marzo fue el último día que recibimos a los chicos. No lo voy a olvidar el resto de mi vida”, cuenta Cyntia Impagliazzo, ex directora del “Jardín Encantados”, uno de los más conocidos del centro de Mendoza. Y asegura, por supuesto, que teme que si esto sigue así no quede una institución de este tipo en pie en la provincia.

La cuenta es facilísima. Los jardines viven de las cuotas de las familias. Los chicos no van, las familias no pagan, el jardín no recibe un solo peso y no hay forma de sobrevivir. Pueden dejar de pagar servicios, pero es sólo cuestión de tiempo que ese “ahorro” sea insuficiente para mantener la estructura.

Y respecto al personal, en el caso de los jardines maternales, los directivos tuvieron que hacer un esfuerzo enorme, e incluso esperar bastante tiempo, para poder acceder al programa ATP (Ayuda a la Producción y al Trabajo) del Gobierno nacional. Pero no alcanza, porque si bien a través de él se pagan los sueldos, el resto de la organización no tiene con qué sostenerse.

En Mendoza, han sido varios los jardines que bajaron las persianas. El caso más resonante fue el de “El Duende Flo”, uno de los más antiguos de la provincia, con 34 años de actividad. Este caso en particular se conoció a fines de julio. Al día de hoy, algunos siguen tratando de sobrevivir, pero se les hace cuesta arriba y ven que no hay luz al final del túnel.

“De las 120 familias que estaban al día en marzo, hoy están pagando 4 o 5”, cuentan desde Encantados, quienes tuvieron que dar de baja todos los servicios en el edificio y que hoy subsisten sólo pagando sueldos a las maestras y al resto del personal, pero nada más. La pregunta que se hacen día a día es: ¿hasta cuándo podrán aguantar esta situación?

Aclaran, que, desde hace unos meses, cuando realmente los padres no pudieron pagar más, sólo se han endeudado y han tenido que recurrir a los pocos ahorros familiares. Y saben que “hacia adelante, no tenemos de dónde agarrarnos para sostenernos. No hay nada. El panorama es muy triste”.

“No tenemos expectativas. Hasta julio las teníamos, pero ahora no. Los papás ya no colaboran con las cuotas y es sumamente entendible. No hay futuro y no podemos aguantar”, agregó Cyntia Impagliazzo.  

Y cerró: “Cuando los padres tengan que reintegrarse a sus trabajos, no tengo idea que van a hacer con sus niños. El panorama es muy negativo para todos”.  

Padres “no estables” y chicos sin contacto con los pares

Cyntia Impagliazzo, quien además de ser asesora del “Jardín Encantados”, es psicóloga, explicó muy claramente cuáles son los factores que afectan a los más chicos en este contexto si jardines maternales: “Los niños no perciben la realidad como lo hacemos nosotros. Ellos sólo necesitan adultos estables y un lugar seguro. El lugar seguro pasó a ser la casa, lo siguen manteniendo, y los adultos estables son los padres nada más. No hay docentes ni abuelos que puedan intervenir en la crianza. El tema se pone más complejo porque los padres, en muchas familias no están totalmente estables, por el teletrabajo, por las tareas de la escuela si tienen hijos más grandes, porque están a cargo de la limpieza y de otras cosas del hogar. Muchas familias han dejado de recibir a personas que colaboraban con todo eso. Hemos pasado a ejercer un montón de roles y entonces todo esto hace que los adultos, los que realmente tienen que estar estables para sus hijos, no lo estén y es esperable”.

Además, hizo referencia al contacto de los niños con sus compañeros y manifestó sobre ello: “Lo que sucede es que ahora están más caprichosos, generan muchos berrinches, gritan, los padres nos cuentan que están muy nerviosos. Esto tiene que ver con la falta de contacto con los pares y con el encierro, con la falta de estímulos externos y de descarga de energía. Dependen del rato que los papás pueden dedicarle al juego”.

Y completó: “Todo esto ha llevado a que el niño tenga menor calidad de atención. Si bien están contenidos en sus casas, pierden un montón en cuanto a lo emocional que le da el vínculo con los pares y con los docentes. Si bien se adaptan a cualquier realidad, están siendo invisibles en las decisiones que se toman y, por ello, bastante perjudicados”.

Relegados y sin asistencia

Sandra Impagliazzo, también ex directora y asesora de “Encantados”, contó sobre los intentos de reactivar los jardines maternales y de la falta de compromiso que han tenido las autoridades para con la situación del sector.

“Si bien se han presentado protocolos y los jardines nos hemos organizado para poder abrir, nunca hemos tenido una respuesta positiva. De todas maneras, la realidad es que, con el número de alumnos que se podría abrir, no cubriríamos ni los gastos del personal”, reconoció.

Por otro lado, expresó que “si bien se han reabierto un montón de actividades, no han tenido en cuenta los jardines. Lo han ligado directamente a la parte educativa y no han analizado otros factores. Hemos quedado totalmente relegados. No se le prestó la atención necesaria, podrían haber hecho más. No han tenido en cuenta el lugar que ocupan los jardines para las familias y para los niños”.

En este contexto, aclararon que, a pesar de todo, han “tratado de contener a las familias, de hacer llegar actividades a los niños, ya sea desde lo pedagógico, como desde la contención psicológica para los papás y para los niños que llevan tanto tiempo de encierro, con lo importante que es en la primera infancia la sociabilización”.

Y completó: “Tenemos mucho dolor de saber que no hay salida para ningún lado: subsidios que no alcanzan, alumnos que necesitan volver, docentes que necesitan trabajar, directivos desbordados emocional y económicamente. No hay ninguna salida, realmente es muy triste. Y tomar la decisión de seguir adelante es un riesgo”.

 

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