Caso Aliaga: tres indicios que presagiaban la tragedia

Caso Aliaga: tres indicios que presagiaban la tragedia

El jueves se encontró el cadáver de Diego Aliaga, el empresario que había desaparecido el 28 de julio. Pero desde mucho antes algunas personas intuyeron que "algo raro pasaba" con los sospechosos del crimen. Cambios de horario, reacciones inesperadas y furcios que despertaron sospechas.

Facundo García

Facundo García

El 28 de julio por la mañana, Diego Aliaga (51) fue secuestrado. Se cree que poco después lo mataron, y por el crimen hay cinco imputados con prisión preventiva: el "socio" Diego Barrera (50), su esposa Bibiana Sacolle (46), y los dos hijos de la mujer, Lucas (26) y Gastón Curi (28). A ellos se sumó en los últimos días otro detenido que estaría colaborando bajo la figura de "arrepentido". Sobre todos ellos pesan fuertes indicios de que pueden haber participado en el delito. Pero cuando el caso era desconocido, y casi nadie en Mendoza sabía quién era Aliaga, hubo pequeños deslices que revelaban la trama oscura de lo que vendría después.

Son escenas sencillas, cotidianas. Casi bosquejos costumbristas. Pero reflejan cómo los acusados parecen haber planificado lo que iban a hacer. Primer ejemplo: un obrero tenía que ir a hacer unas instalaciones al predio de Rodeo de la Cruz, donde Aliaga y Barrera -supuestamente- pensaban abrir una clínica para discapacitados: 

"El lunes 27 le mandé un audio a Bibiana para ver a qué hora podía entrar el martes 28 y ella me contestó (...) 'mirá, justo ese día va la Junta Evaluadora para hacer las habilitaciones, así que ni bien se vaya esa gente, yo calculo al mediodía, te estoy avisando para que empieces. Hasta que esa gente no se vaya prefiero no tener a nadie trabajando, para que vean bien la casa".

Es que aquella mañana, claro, el lugar iba a estar ocupado. No por la Junta, sino por Aliaga y -presuntamente- las personas que lo iban a capturar. Ese día 28, de hecho, Sacolle tuvo tanta mala suerte que el obrero andaba cerca y se ofreció espontáneamente para empezar sus tareas. "Va a tener que ser mañana, porque ha quedado gente", se excusó la mujer. Casi simultáneamente, Aliaga estaba siendo secuestrado

Lo increíble es que el obrero pasó justo por la esquina de esa cuadra y miró hacia el predio. "Miré hacia la casa y vi que había estacionada en el frente, en la calle, de punta, una camioneta BMW X6 color negra". Era el vehículo en el que se movía Aliaga.

Diego Aliaga.

"Salió por atrás"

Otro que empezó a sospechar fue G., el hermano de Aliaga. También él andaba por la zona y vio la BMW X6 estacionada, así que se quedó en la parte posterior de predio para ver si "el Diego" conseguía la supuesta habilitación. "Ya eran las 12.00 o 12.30. Lo llamé a Barrera y me dijo que estaba todo habilitado. Le pregunté por mi hermano y me dijo 'no sé, se fue por atrás'".

Y otra vez los sospechosos tuvieron mala pata. Frente a la entrada de atrás estaba precisamente el hermano de Aliaga, que no lo había visto salir.

Tipo 5 de la tarde, este hermano ingresó al predio de Rodeo y vio la BMW en la que había llegado Diego. Cuando le preguntó a Barrera por qué la camioneta -que encima era prestada- había quedado ahí, Barrera le respondió que "no sabía". "Ahí me entra la duda y empiezo a sospechar", contaría G. más tarde. 

Sacolle y Barrera. 

Por último, cuando ya hacía un tiempo que Aliaga había desaparecido y los efectivos de Investigaciones de la Policía de Mendoza avanzaban en la pesquisa, varios trabajadores que hacían obra en el famoso predio se pusieron a charlar con Lucas, el más joven de los imputados.

—Che, esperemos que se aclare este problema del amigo de tu papá...— le dijo un laburante. 

Parece que al chico le costó responder. "Se le pusieron los ojos llorosos -declaró uno de los obreros-. Nos dimos cuenta cuando después hablamos entre nosotros. Nos dijimos: che, acá pasa algo raro...".

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