¿Sabés cuándo comienza la Enfermedad de Alzheimer?
Ya es un chiste archi conocido: ante una dificultad de memoria continúa el interrogante “¿no me estará visitando el alemán?”, en clara alusión a la enfermedad de Alzheimer. Y es que en la trama social se ha vinculado y popularizado a los olvidos como rasgos característicos de este mal.
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Según información brindada por el Censo Nacional 2010, la Argentina se ubica dentro del grupo de países con mayor porcentaje de población envejecida dentro de América Latina, dato de suma importancia si tenemos en cuenta que uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedad de Alzheimer es la edad. En este sentido, en nuestro territorio, este mal es el responsable de un porcentaje considerable y creciente de los trastornos cognitivos y de la discapacidad neurológica.
El doctor Andrés Barboza es neurólogo, director del servicio de Neurología del Hospital Central y vicepresidente de la Sociedad Neurológica Argentina. Consultado acerca de los avances, nos contó lo siguiente:
“En los últimos años, con el advenimiento de nuevos biomarcadores, hemos hecho un cambio conceptual del entendimiento de la enfermedad de Alzheimer. En la visión clásica de la enfermedad, las lesiones cerebrales que llevan al daño neuronal y finalmente al deterioro cognitivo dependen del grado de agresión externa y de la reserva cognitiva de cada persona. La visión actual, en cambio, considera la variabilidad interindividual en la respuesta a esas agresiones iniciales, las diferencias en la severidad de los procesos patológicos, y la eficiencia y evolución en el tiempo de los mecanismos cerebrales compensatorios.
En esta visión, se considera a la demencia como el estadio final de una serie de cambios se ocurren en forma crónica y gradual. Por lo tanto, se ha establecido el concepto de que el proceso patológico del Alzheimer ha comenzado antes de que podamos identificar cualquier alteración en la memoria, décadas antes de los primeros síntomas, cuando la persona es cognitivamente normal”.
Cabe aclarar que un biomarcador es un indicador biológico que puede medirse y resultar indicativo de la presencia e intensidad de alguna patología. Antes de que pueda utilizase, debe ser validado, con lo cual, es necesario que pase por una serie de largos estudios con grandes grupos de personas para que se pueda establecer, con certeza, que su presencia está indicando la existencia de la enfermedad.
Para el Alzheimer se conocen dos grandes grupos de biomarcadores:
Fisiopatológicos: Niveles de proteínas beta-amiloide y tau en líquido cefalorraquídeo.
Detección de acumulación de esas proteínas en el cerebro mediante PET (tomografía por emisión de positrones).
Topográfico: Estudios de imagen estructural o funcional del cerebro a través de tecnólogías de imagen con trazador de glucosa (PET).
El doctor Barboza nos aclara que “esta nueva concepción implica la necesidad de encontrar acciones terapéuticas tempranas, para compensar esos procesos biológicos precoces. Es aquí cuando los biomarcadores pueden ser de utilidad, anticipando las manifestaciones clínicas. Recientes estudios identifican los niveles anormales de la proteína Aβ (beta-amiloide) que participan en la formación de las lesiones características de la enfermedad (placa amiloide). Esto podría verse reflejado en una reducción de los niveles de esta proteína en el líquido cefalorraquídeo junto a un aumento a nivel cerebral detectado por el PET cerebral. El PET cerebral puede, además, detectar anomalías en la función neuronal, y correlacionarse con la severidad de los síntomas”.
Así, estaríamos hablando de estudios que podrían predecir la presencia de Alzheimer años antes de que las alteraciones de memoria preocupen al paciente y sus allegados.
Sin embargo, aún es un campo de exploración, como nos aclara Barboza: “Aunque estos biomarcadores podrían tener un rol en la predicción en el desarrollo de la enfermedad, todavía no hay consenso en cuáles deberían asumir ese rol, esta es la razón por la que aún no se utilizan en la práctica diaria, sino que están reservados para el campo de la investigación. La comunidad científica está desarrollando esfuerzos para diseñar modelos computacionales que determinen la conducta de los distintos biomarcadores en la evolución de la enfermedad. Los desafíos actuales son, por lo tanto, identificar cuáles deberían medirse en personas sin trastorno de memoria, y desarrollar terapias que modifiquen esos mecanismos precoces de la enfermedad”.
A más de 100 años de su presentación en sociedad, la enfermedad de Alzheimer sigue planteando desafíos y generando estudios. Ciertamente, la parsimonia es una característica fundamental de la ciencia, lento pero seguro.
Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / [email protected]

