De terror: así fue la cuarentena de una familia en un hotel mendocino

De terror: así fue la cuarentena de una familia en un hotel mendocino

Juan Pablo Díaz Marinelli y su familia viajaron a Buenos Aires por motivos de salud de su suegro. El regreso a la provincia fue una aventura y la estadía en el hotel en cuarentena, una película de terror.

Santiago Hernandorena

Cuando la familia de Juan Pablo Díaz Marinelli regresó a Mendoza no los pararon ni una vez hasta llegar a San Luis. Después de siete horas de viaje para cruzar la provincia, arribaron a la frontera de nuestra provincia.

“Al llegar a Desaguadero tuvimos que esperar hasta las 15 a que se formara la cápsula para poder seguir. En Mendoza te permiten bajarte y hay tres baños químicos, con materia fecal pegada en las paredes, no te podés parar adentro del baño de lo inmundo que es.”

Una vez en la terminal no los esperaba nadie. Un par de pasajeros de otro auto se metieron en la oficina donde estaban los mamelucos protectores de aquellos que los reciben y se los probaron, no había nadie para detenerlos. Cuando aparecieron los representantes del Comité de Crisis, comenzaron a consultar de dónde venían. Los mismos que se habían probado los camisolines, que eran de Moreno, en la provincia de Buenos Aires, afirmaron que buscaban una persona y se iban de la provincia. Los dejaron retirarse sin más.

A Juan Pablo, que venía de Capital, le informaron que tenía que hacer cuarentena en un hotel por 14 días y luego 7 en su casa. Cuando consultó por qué no podía hacer una cuarentena en su hogar, le respondieron: “La gente de la justicia no hace bien su trabajo, no controla” le contestaron. Y a su esposa le dijeron “jodete por ir a Buenos Aires”.

Luego de eso los mandaron al hotel. Se alojaron en un hotel donde pasarían su cuarentena. No les dieron a elegir opciones, simplemente los ubicaron ahí.

“Lo primero que hay que entender es que los hoteles están pensados para que el pasajero pasee durante el día y vaya a dormir, salvo que sea un hotel de máxima categoría. La infraestructura de este lugar es aceptable, pero no es un lugar para vivir 14 días, 4 personas. El piso es de cerámica, pero la calefacción no es central, lo que lo hace muy frío. El internet era intermitente, se cortaba cada 20 minutos, ni podía leer bien el diario”.

Juan Pablo sabe que una clave para pasar esta situación es el alimento. Varias veces no pudieron comer lo que les servían.

“Ayer al mediodía nos dieron un guiso que estaba fermentado. Yo estuve a punto de comerlo, pero mi señora me frenó por el riesgo a agarrarme una intoxicación. A la noche nos enviaron una especie de hamburguesa, muy finita, quemada en los costados y cruda en el medio. La de mi hijo traía hasta pelos. Por suerte unos amigos nos habían alcanzado algo de fiambre y comimos eso con el poco pan que rescatamos”.

No fue su primera mala comida, ni la última. De hecho, uno de sus almuerzos incluyó una ensalada de lechuga con pulgones.

“Si la comida venía en ese estado: ¿Quién controla la trazabilidad y el cumplimiento de los controles sanitarios? ¡Nos expusieron como familia a un riesgo mayor! Imaginate que una persona mayor o un niño come algo de eso, puede enfermarse gravemente”, se quejó.

Les dieron un juego de sábanas y uno de toallas y toallones, y tres rollos de papel higiénico; para él, su señora, y sus dos hijos de 14 y 16 años. A los 4 días, llamaron a recepción para ver cuándo les cambiaban las sábanas y si les podían dar más papel. La respuesta fue clara: no se cambian ni se dan más toallas, y si quieren papel, lo tienen que comprar. Con respecto a la limpieza, es responsabilidad de quien está en cuarentena, eso sí, uno tiene que llevar los elementos o conseguir que alguien se los lleve.

Así pasaron 10 días, donde les controlaron la temperatura solo los lunes. Juan Pablo aguantó, y cuando les fueron a tomar la fiebre hizo una pregunta importante: “¿A quién hay que pedirle una certificación de que cumplimos?”

Ensalada de lechuga con pulgones.

“Sáqueles una foto a los papeles del hotel”, le contestaron. Protestó, pero la respuesta fue la misma. Sin embargo, alguien tomó nota y recibieron una llamada del Ministerio de Salud, la única en toda su estadía, donde le consultaron por el tema.Le dijeron lo mismo: “Sáqueles una foto a los papeles del hotel”. Lo positivo fue que después de esa charla, extrañamente, les llevaron sábanas y toallas nuevas. Esto fue el jueves pasado.

El domingo terminó su cuarentena. No pagaron el hotel porque él desde marzo no tiene ingresos y ella no pudo facturar nada por la cuarentena. Por suerte ninguno desarrolló síntomas de la enfermedad y están todos sanos.

Una vez que regresaron a su hogar, desaparecieron los controles: “Ahora estamos en casa. Nadie controló si estamos acá o nos fuimos a un asado con amigos. Nadie nos controló cuando salimos del hotel y no tengo ningún papel que me diga que cumplí o que estoy obligado a hacer esta segunda cuarentena. Yo me imagino que con lo que molesté, alguien va a venir”.

Habrá que esperar para ver si el tiempo, en estos 7 días, le da la razón. Lo único seguro es que ahora va a comer un poco mejor.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?