Cuando El Principito visitó la Laguna del Diamante

Cuando El Principito visitó la Laguna del Diamante

Antoine de Saint-Exupéry, autor de una de las obras más célebres de la literatura universal, visitó Mendoza y escribió sobre esa zona de San Carlos. Fue una crónica acerca de algo que le pasó a uno de sus amigos más queridos. "A la felicidad -anotó- hay que buscarla en las relaciones humanas".

Facundo García

Facundo García

Hace más de ochenta años, cuando atravesar los Andes en avión era para temerarios, Antoine de Saint-Exupéry contó la aventura de uno de sus mejores amigos tras estrellarse en medio del invierno y la cordillera. Henri Guillaumet viajaba desde Chile hacia Argentina y se encontró con un temporal que lo obligó a descender sobre una gélida Laguna del Diamante, en San Carlos. Estaba lejos de cualquier contacto con la civilización, y el esfuerzo que hizo para sobrevivir quedó plasmado en un texto delicioso que redactó después el autor de El Principito.

"Ni siquiera los contrabandistas, esos bandidos que allá abajo cometen un crimen por cinco francos, se aventuraban a guiar expediciones de socorro por los contrafuertes de la cordillera (...) Los Andes, en invierno, no devuelven a los hombres'", apuntó Saint-Exupéry. Y sin embargo, su querido Guillaumet sí se había atrevido.

El vuelo fue catastrófico. Guillaumet terminó planeando en círculos y luego, al aterrizar en las inmediaciones de la laguna nevada, se enterró durante varias horas debajo de bolsas que contenían las cartas que debía entregar. 

"Me pareció que velaba tu cuerpo en el interior de una catedral de nieve..."

Al ver que los días pasaban y Guillaumet no aparecía, Saint-Exupéry -quien también trabajaba en las líneas de correo de esta parte del mundo- vino a Mendoza para ver si daba con su amigo. Lo rastreó entre los cerros, sin suerte. "Me parecía que ya no estaba buscándote, sino velando en silencio tu cuerpo en el interior de una catedral de nieve", contó.

Mientras, Guillaumet había emprendido su camino a pie para ver si encontraba algún rancho, una mano amiga que lo rescatara. "Andando, sin pico, sin cuerdas, sin víveres, escalando gargantas de cuatro mil quinientos metros, o progresando a lo largo de paredes verticales, sangrando de los pies, de las rodillas y de las manos, a cuarenta grados bajo cero, seguías avanzando con una terquedad de hormiga", describió Saint Exupéry.

El autor de El Principito fue también un gran aventurero.

El sueño blanco

Los relatos coinciden: la muerte por frío se manifiesta como una invitación al sueño. Una tentación mortal. Cuando Guillaumet, solo en la cordillera, sentía eso, se acordaba de la póliza de seguro que había firmado antes de agarrar ese empleo como aviador.

Así lo explica el autor de El Principito: "en los casos de desaparición, la muerte legal se retrasa durante cuatro años. Este detalle se te apareció con tanta claridad que borró todas las demás imágenes". Guillaumet buscaba un lugar donde morir, y ese sitio tenía que estar a la vista, para que lo encontraran y su esposa no tuviera que esperar cuatro años para cobrar el seguro.

Y así, durante dos noches y tres días, el náufrago del aire siguió caminando. En un momento, sin darse cuenta, llegó a la civilización. Maltrecho, se encontró con su amigo Saint-Exupéry en las inmediaciones de San Rafael y juntos fueron a un hotel.

Comentó entonces el escritor:

"¡Felicidad! Es inútil buscarla en otro lugar que no sea en la calidez de las relaciones humanas (...) En la habitación de Mendoza te dormiste, por fin, agotado. Y yo pensaba: Si le hablaran de su valor, Guillaumet se limitaría a encogerse de hombros. Pero también supondría una traición ensalzar su modestia. Él está bastante más allá de tal cualidad mediocre. Si alza los hombros es por sensatez. Él sabe que, una vez metidos en la acción, los hombres ya no tienen miedo. A los hombres únicamente les asusta lo desconocido. Que para cualquiera que lo enfrenta, ya no es lo desconocido (...)".

Monumento en honor a Guillaumet en Laguna del Diamante. Foto: 
https://ahicitonomas.com.ar/

 

 

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