Barrio Espejo: miedos, nuevas rutinas y un reflejo de la sociedad
La zona no está cercada ni aislada, pero los casos que se dieron en los últimos días despertaron ese temor. De hecho, algunos vecinos que tienen familia en otras localidades estuvieron a punto de hacerse el bolsito para salir antes de que aparecieran las vallas y los operativos policiales. Pero las vallas no llegaron, y sí las precauciones. Hay una "nueva normalidad" dentro del Barrio Espejo de Las Heras, que saltó a la tapa de los diarios en las últimas horas porque entre sus calles se detectaron 10 nuevos infectados de coronavirus.
A metros de una de las casas donde se registró buena parte de esos contagios, Don Ángel Cuéllar mira pasar la mañana. "Le voy a decir una cosa -avisa el hombre, que ya carga sus años- si no había contagio de coronavirus iba a haber de otra cosa, porque acá al lado siempre nos vienen a tirar basura de todo tipo".
Señala a un costado y uno ve que tiene razón: hay un baldío lleno de desperdicios de todo tipo.
La clave, en todo caso, es entender que no se trata del Barrio Espejo, ni del color de las pieles, ni de las costumbres Lasherinas. La cadena de contagios se produjo en uno de los tantos rincones de Mendoza donde las personas están acostumbradas a esperar mucho para que la Ley los escuche. Por lo tanto, algunos toman con pinzas cualquier normativa.
Héctor admite que cuando escuchó que podían aislar el barrio se preparó para irse a otra casa que tiene en Colonia Molina. "Igual después la pensé, porque allá es una zona muy rural, y también iba a estar aislado".
"No se puede estigmatizar a un barrio"
A su lado, Melisa cuida de su hija y destaca que tras conocerse los contagios hubo algunos cambios en la rutina barrial. "Hasta la semana pasada, ningún comercio respetaba los horarios que se habían establecido. Podías irte a comprar una gaseosa a las 11 de la noche. Ahora eso se alteró un poco. De hecho, en varios comercios vi que ya han puesto un nylon para cuidarse más", reveló.
El miedo inicial cedió el paso a la precaución. El gobernador Rodolfo Suarez ya explicó que no habrá medidas sanitarias extremas para el área, ya que la red de contagios estaría restringida a una familia que asistió a una fiesta y sus contactos.
—Se ha intervenido a 1.000 personas, de las cuales algunas se han tenido que internar y otros han pasado en la categoría de sospechosos. Tenemos que ver a las personas que estaban en el cumpleaños donde se dieron las infecciones, y puede tratarse de gente de otros departamentos. Si no, se termina estigmatizando un barrio— explicó el mandatario.
La alarma, no obstante, sigue encendida en el Espejo y esquinas aledañas. En el Centro de Salud 8 los carteles son elocuentes: "se atiende solo a pacientes respiratorios" - "no toque la reja". Los recaudos son máximos, pero esta claro que el combate no es solo contra el virus. Es una lucha por la autoestima. Por creer que es posible, para un barrio obrero, luchar a brazo partido contra un virus que todavía no tiene cura.
A pocas cuadras, un mensaje clavado a un poste parece dar una respuesta provisoria. "Dios es más grande que cualquier virus", propone -en grandes letras rojas- el improvisado cartel.

