Un mendocino, clave en un estudio que salvaría a los contagiados de llegar a terapia
Un grupo de médicos y científicos de nuestro país, entre ellos un mendocino, desarrollaron un proyecto que vincula la administración de la vitamina D con los pacientes contagiados de coronavirus a fines de reducir los efectos que causa la enfermedad y lograr que éstos no lleguen a terapia intensiva ni a necesitar el uso de un respirador.
El doctor Walter Manucha de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo y el IMBECU CCT del CONICET mendocino, en conjunto con Carlos Tajer y Javier Mariani, del Hospital El Cruce de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires; y Felipe Inserra y León Ferder, de la Universidad Maimónides de la Ciudad de Buenos Aires son los artífices del estudio.
El mismo fue titulado como "Ensayo controlado con vitamina D en altas dosis versus placebo para prevenir las complicaciones evolutivas de pacientes infectados por COVID-19" y necesita un número significativo de pacientes para comprobar que esta vitamina contribuye a disminuir los efectos de la enfermedad.
"Empezamos con 200 pacientes, pero para que sea sostenible científicamente debemos tener un número más importante. Esperamos que a finales de mayo o principios de junio tengamos esa cantidad disponibles para hacer el ensayo", le contó Manucha a Infobae.
"Creemos que si se le dan altas dosis de vitamina D durante un tiempo a la gente que está en un estadío intermedio de la enfermedad -no la que está muy grave-, hará que el paciente evolucione en forma positiva, que no se agrave y se reduzcan las chances de ir a una terapia intensiva y ocupar un respirador", comenzó a explicar el doctor.
"Es muy factible que pueda evitar que los enfermos lleguen a un estado terminal, donde no es posible rescatarlo. Para nosotros, ese resultado sería fantástico. Como por ahora no tenemos una vacuna, debemos buscar elementos que sean accesibles y económicos. No nos metimos con algo muy sofisticado. Es algo que se conoce desde hace décadas, y además, es muy barato. Pero, por supuesto, no se trata de una vacuna ni de un tratamiento, es un coadyuvante", ahondó.
"Es un estudio caro -advierte-. Hay que generar los llamados placebos, que no es la droga, sino lo que el paciente toma creyendo que lo es. Y producir la droga en sí, que tiene que ser exactamente igual al placebo. Se llama doble ciego: ni el médico que lo da ni el paciente que lo toma saben qué están tomando, si el placebo o la droga", detalló Manucha.