El mundo que nos espera

El mundo que nos espera

Hace solo 50 días se declaró la pandemia y el mundo es y será otro. Qué puede pasar el día después, según el análisis del rector de la Universidad Champagnat.

Redacción MDZ Online

Por Alejandro Giuffrida / Rector de la Universidad Champagnat

Aún no sabemos su nueva fisonomía, pero lo que es seguro es que el mundo ya no será igual después de la Pandemia. Del otro lado del Covid-19, al cruzar el Rubicón, nos encontraremos con formas distintas de relacionarnos, de intercambiar productos, de hacer turismo, de trabajar, de estudiar.

El mundo que está emergiendo será definitivamente uno diferente al que conocíamos hasta ahora. La profundidad de la crisis económica que se está gestando, a raíz de las medidas que globalmente debieron ser implementadas para evitar un impacto mayor del coronavirus, es de una magnitud que no podemos siquiera imaginarla. No tenemos en la memoria reciente un suceso como este.

Algunos sostienen que podría ser equiparado con la crisis del 30 del siglo pasado, pero lo cierto es que la situación de nuestro 2020 se gestó en apenas unos pocos meses, mientras que aquella fue fruto de un proceso de al menos un quinquenio.

De todas formas, la comparación sirve para tener un punto desde donde imaginar destinos y reacciones. La del 30 fue una crisis que para la Argentina implicó el cambio definitivo de un paradigma económico sustentado por las exportaciones de materias primas (agrarias centralmente) a uno denominado de "sustitución de importaciones".

La transformación tuvo tal magnitud que cambió la historia del país para siempre: mayores tasas de industrialización, mayores niveles de sindicalización, más vida urbana, cambios en los entornos sociales, nuevas formas políticas, etcétera. Crisis, además, que para nuestro país implicó una larga década de fraudes electorales y la inauguración de una triste saga de interrupciones democráticas por golpes militares.

Parece una eternidad, pero la Organización Mundial de la Salud declaró al coronavirus estado de “pandemia” recién hace 50 días. Y desde entonces, con el río ya definitivamente revuelto y picado, la geopolítica mundial está reflotando lo más oscuro de los nacionalismos y las acciones individuales por sobre las colectivas.
Podríamos decir que se están avizorando más opciones al estilo Brexit que al modelo de unión supranacional.

Con mayor o menor razón, puede leerse en esa misma clave la decisión argentina de separarse del Mercosur en las últimas negociaciones del bloque con economías de escala.

 

Con este diagnóstico, y con un mundo que aún no definió su nueva forma, las instituciones y organizaciones de la sociedad tenemos la obligación ética de nutrir al máximo los espacios que compartimos en red. Ante el abroquelamiento que los temores suscitan, hay que reforzar más que nunca los espacios de diálogo, los foros interinstitucionales, las alianzas internacionales.

Es momento de compartir solidariamente recursos y herramientas. Es tiempo de tender puentes frente al reflejo de los estados nacionales y (también) de las personas de meterse para adentro. Es hora de que intentemos pensar un mundo post covid más amigable que el que conocíamos hasta el presente.

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