¿Qué es el hambre emocional y cómo evitarlo?
Durante la cuarentena ha habido un cambio radical en la rutina de las personas, cambios en el trabajo, económicos, lo más fácil ante todos estos cambios es encontrar satisfacción en los placeres cotidianos. La comida es lo que más a mano tenemos, a dos pasos de la heladera. Por tal motivo, hay un incremento en el número de personas que experimentan o han experimentado hambre emocional.
El hambre emocional significa que la persona está cursando un proceso en el cual la ingesta de alimentos que realiza no está relaciona con el hambre real sino con su estado de ánimo o emociones que al no saber resolverlo canalizan hacia la comida, la persona no es consciente de esto, por ello hay un picoteo constante.
El hambre emocional se cubre sin tener en cuenta si tenemos hambre o no. Es un acto impulsivo, la persona siente que resuelve su situación emocional, a través de la comida.
-
Te puede interesar
Godoy Cruz: capacitarán al personal gastronómico en Primeros Socorros
Este tipo de hambre está relacionado con los factores emocionales, familiares y biológicos por ello es importante evaluar estos atracones, qué tan constantes son. Para saber distinguirlo, el hambre físico llega de forma gradual, mientras que el hambre emocional llega repentinamente, aclara la nutricionista.
Además la especialista agrega que “generalmente la persona que tiene hambre emocional no tiene hambre fisiológica, además desconoce el origen de esas ganas de comer. Por ende, luego de la ingesta compulsiva existe un sentimiento de culpa”.
¿Cómo se puede ayudar cuando hay ingesta sin ser consciente o cuando hay picoteo constante? Foresi explica que lo primero que se debe hacer es identificar qué emoción es la que lleva a eso: ansiedad, tristeza, angustia. Luego canalizar hacia otra acción que no sea comer.
El hambre emocional lleva a un círculo vicioso del cual es necesario salir con ayuda de un especialista. “Tenemos que saber si fue una acción para un momento puntual o si ya es una herramienta para poder solventar todos los sentimientos”, aclara Foresi. Es importante acudir a un psicólogo, que pueda ir al problema de raíz, que pueda analizarlo y así brindar ayuda. Y desde el lado nutricional un especialista que ordene nuestra rutina.
“Siempre recomiendo realizar una lista con las 10 cosas que te provocan placer, para que vayamos a ellas cuando aparecen ciertas emociones. Por ejemplo: si siento aburrimiento, puedo escoger de la lista ´leer un libro´”, aconseja Foresi.
La profesional además recomienda que para controlar el hambre emocional, es aconsejable contar con un menú semanal de comidas, que la mente sepa qué vamos a comer. “Este plan evita la urgencia a la hora de alimentarnos”, explica Foresi.
De esta manera se garantiza el consumo consciente de comida saludable, saciante y con todos los nutrientes necesarios, se evitan las ganas de comer demás. Hay que consumir alimentos que den sensación de saciedad, consumir fruta que sea necesaria pelarlas, consumir en gajos, frutos secos que se tenga que quitarles la cáscara, que conlleve una acción previa a la acción de comer. También se debe evitar los azúcares, aumentar el consumo de yogurt, cereales integrales.
Además, la actividad física puede ser una gran aliada, según explica la profesional “hacer deporte al menos en esos minutos que identificamos ese hambre emocional, poder diferenciar esa sensación de hambre y disminuir la ansiedad con ejercicio”.