Pandemia: las ideas del juego y el uso del tiempo en cuarentena

Pandemia: las ideas del juego y el uso del tiempo en cuarentena

Reflexiones sobre el tiempo, el juego y nuestras posibilidades reales y no tanto, a cargo de Rubén Sindoni, docente de Educación Física, psicólogo social y fotógrafo, quien se pregunta si el virus no vino a poner justicia donde hay injusticias.

Redacción MDZ

Redacción MDZ

En estos tiempos de "estar quietos", recluidos o aislados socialmente, me surgen algunos interrogantes que pienso como docente y desde la psicología social. ¿Te imaginás esta cuarentena sin internet, sin redes sociales, sin celulares? ¿Podés determinar tres consecuencias a favor y tres consecuencias en contra de estos medios actuales? ¿Cuán heterocondicionados estamos en nuestra concepción del mundo hoy? ¿Te sentís alienado en el nivel de conectividad y el bombardeo de información y consejos? 

Cuando escribo o intento plasmar en un papel lo que me está sucediendo en estos tiempos, lo asemejo a cuando saco una foto, porque una foto la saco con los libros que he leído, con los viajes que he hecho, los amores que tengo y he tenido, las charlas y los asados con amigos, las películas que he visto, los conciertos que he oído, la música que me atraviesa. Imagino que al escribir pasa algo similar.

Estas ideas, no sólo me surgen, sino que me cuestionan, me interpelan porque pongo en  tensión contradicciones principales y secundarias, como diría Pichon Riviere “cómo transformar lo siniestro en maravilloso”.

Me parece relevante en este contexto, recuperar el concepto de  holograma de Edgard Morin, quien dice:“No sólo cada parte del mundo forma parte del mundo cada vez más, sino que el mundo está cada vez más presente en cada una de sus partes. Esto se verifica no solo para las naciones  y los pueblos, sino también para los individuos. Así como cada punto de un holograma contiene la información del todo al que forma parte, así, de aquí en más, cada individuo recibe información del todo del que forma parte, así, de aquí en más, cada individuo recibe o consume informaciones y sustancias de todo el universo”.

Mandalas: en todo en cada parte (Foto Rubén Sindoni).

En el nivel de conectividad en el que vivimos, podemos palpar esta idea en diferentes dimensiones de nuestras vidas cotidianas, podemos sentirnos parte del mundo pero a la vez sentimos la influencia del mundo y las rutinas de las que se espera seamos parte y ¡exitosamente! Recibimos información de cada parte del planeta, vale aclarar que siempre  y cuando el medio de información considere que es importante para que nosotros escuchemos o leamos, entonces hay una intencionalidad marcada por parte del emisor, y luego nos dirán qué tenemos que escuchar. En parte es una de las tantas formas en que influyen en nuestras acciones los medios masivos de información y las redes sociales.

Actualmente la comunicación es monotemática: estadísticas sobre el avance del virus, la vigilancia, el castigo e indignación contra quien no cumple la cuarentena (no importa por qué), ¿Cómo vivís esto en tu individualidad? ¿Cómo vivimos esto como sociedad? 

Además parece que debemos mostrar, contar, por las redes qué hacemos, cómo lo hacemos, a qué jugamos, cómo nos llevamos con la virtualidad, que comemos, nos sacamos fotos, ¿Necesitamos muchas veces de estar y ser en las redes para poder existir? 

En otro orden, no menos importante, se me ocurre: este “bichito”, ¿no habrá venido a indicar dónde poner justicia en la injusticia de las desigualdades en este mundo?

Uno de los impactos sociales del virus, es la incertidumbre sobre las posibilidades que tenemos de sobrevivir como también certeza de lo vulnerables que somos como civilización, como humanidad, sobre todo a un sector social que creía tener todo controlado o casi todo. Hay sectores más acostumbrados, con mejor training para sobrellevar esta situación y lastimosamente el entrenamiento viene dado por el padecimiento de la desocupación, hambre, injusticias, que además sufre otras enfermedades virales. El“virus de no saber qué voy a comer esta noche o mañana resulta más duro o tan igual que el Covid-19. 

Para quienes no tenemos ese entrenamiento, el cuestionamiento y el desafío pasa por muchos aspectos de la vida, por ejemplo el “sentido del tiempo”. ¿Estamos educados en el tiempo libre?  ¿Sabemos movernos en estos tiempos permitidos o disponibles? ¿Hacemos lo que hacemos en nuestras casas porque estamos convencidos o sólo porque debemos “pasar el tiempo”?

Alguna vez alguien dijo que nuestra civilización occidental está preparada más  para “el tiempo que hace y no para el tiempo que pasa”. Debemos hacer, hacer, hacer y mostrar, mostrar. Frases como “no tengo tiempo”, “no quiero perder tiempo”, son muy comunes de escuchar en lo cotidiano por muchas personas. Recuerdo que mi hijo, hace un tiempo, me dijo: “soy rico, tengo tiempo”. En otro contexto, parece trillada, pero muy bienvenida en la actualidad. 

Munne, en Psicología del Tiempo Libre, hace un aporte respecto a la percepción del tiempo: “El público no se divertirá mientras no esté en plena libertad de divertirse”, Teniendo en cuenta que la cuarentena y el aislamiento social obligatorio pueden haber influido en nuestra percepción del tiempo, Invito a reflexionar ¿jugamos porque nos obliga la situación o porque elegimos jugar? ¿En  nuestra vida cotidiana jugamos siempre o sólo es ahora en esta situación obligatoria o heterocondicionada por el contexto? ¿Somos sujetos lúdicos o jugantes? ¿Tenemos necesidad de jugar en libertad o nos vemos jugamos para pasar el tiempo?

Nos pasan permanentemente kits para jugar y pasar el tiempo, y esto nos tranquiliza, calma nuestra ansiedad, pero  ¿somos libres realmente o esta situación de excepción pone en tensión esa condición?

¿La libertad es sólo un pasatiempo? (Foto Rubén Sindoni).

Para acompañar estas reflexiones comparto el posicionamiento de Graciela Scheines (autora del libro “Juegos inocentes juegos terribles”) que consiste en afirmar que los humanos necesitamos fundar un orden dentro del caos, “El orden es inherente al juego, no hay juego sin reglas”. Aparece un elemento que también está interpelado y controlado en este contexto que es la Libertad. Dice la autora que Aristóteles jugaba al ajedrez con un esclavo, que era muy buen jugador de hecho. Cuenta que cuando se iniciaba la partida éste dejaba de ser esclavo y Aristóteles de ser amo, durante el juego eran iguales, eran necesarios participantes respetando las reglas, el esclavo hacía uso de su libertad plena o permitida mientras durara la partida, todo terminaba cuando era el jaque mate final, todo volvía a la normalidad, se terminó el juego, se terminó el acuerdo y el orden fundado.

Qué puede pasar cuando este “juego”, si se permite llamarlo así a este aislamiento, vuelva a la normalidad, ¿volveremos todos y todas a ser amos y esclavos? Salvando las diferencias que se puedan encontrar en esta analogía, la invitación es a reflexionar acerca de dónde nos volveremos a ubicar en este tablero del trabajo, vida cotidiana, tiempo libre, recreación, juego,

familia, amigos. ¿Volveremos a ser exactamente los y las mismas? ¿En cuánto me ha modificado este virus en lo social y en lo personal?

Es un desafío ir del tiempo liberado al tiempo liberador, de cómo llegar a ser verdaderos sujetos libres en el tiempo, acercándonos a estar autocondicionados, a ser verdaderos gestores de nuestro propio tiempo y para ello es importante lograr que nuestro aspecto lúdico no se pierda, no se minimice, que sea transformador de la realidad y de la cultura. 

Lic. Rubén Sindoni.

El juego y la lúdica encierran lo imprevisto, la incertidumbre, lo desconocido, pasar de lo permitido a lo no permitido, como jugadores de nuestra propia historia somos  protagonistas reales.

¿Cómo somos frente a las reglas que vienen dadas desde el poder dominante? ¿Aceptamos pasivamente que los ganadores sean muchas veces los mismos? En este sentido ¿aceptamos las reglas o intentamos transformarlas?

Todo juego es político, y éste que se está librando ahora parece o da la posibilidad histórica de poder plantear las reglas desde otro lugar, donde pueda respetarse a todos los jugadores, donde el que gana no siempre sea el poderoso, que sean reglas justas, solidarias, equitativas.

Que se pueda dar en este juego lo que marca la teoría, que esté presente la competencia, que aparezca el azar entendido como la suerte del mismo juego, que esté lo simbólico, lo narrativo, lo poético y que vivenciemos lo vertiginoso que representa el jugar y jugarse por el otro, por una sociedad renovada. En esta renovación proponernos que los trabajos sean espacios de placer, que el  juego sea  disfrutar, que ese desafío de transformación de la realidad y de la propia transformación sea posible, que las reglas nazcan de un nuevo contrato social y que en éste el mercado sea un espacio de juego más justo socialmente. 

Lic. Rubén Sindoni

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