Por qué hay mendocinos más expuestos a la pandemia

Por qué hay mendocinos más expuestos a la pandemia

La emergencia sanitaria saca a relieve otros problemas estructurales. Muchos mendocinos están más expuestos por carencias de servicios básicos. Para ello se prepara un operativo de asistencia con "cordones" de evacuación y aislamiento. Hacinamiento y falta de asistencia médica.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

El barbijo que le cubre la mitad de la cara está hecho con retazos de un pantalón largo que pasó a ser bermuda esta temporada. Lleva cinco horas en una cola y ya está resignada. “No puedo cobrar porque no tengo tarjeta y es el único cajero que acepta el dedo”, explica Raquel, jubilada, jefa de un hogar numeroso de Maipú. No es algo muy distinto a lo que vive cada mes; pues hacer colas es parte de su vida; ahora con 70 años. “No mijito, esto es así. En la Municipalidad se hace cola, en la Anses tenés que esperar. Paciencia, qué le vamos a hacer. Hay que cuidarse”, dice. Tiene unas 200 personas adelante suyo, la mayoría adultos mayores y personas con discapacidad que no tienen otra alternativa para cobrar. Un guardia intenta ordenar y también animar al grupo con un altoparlante. Hace de seguridad y de agente sanitario. “Cuidémonos, esta pandemia es mundial y el virus está. Mantengan distancia”, repite.

En su casa, explica Raquel, adecuan la cuarentena a su manera. Casi no salen. El “casi” tiene que ver con una dificultad espacial: siete personas en una casa de dos habitaciones y media. Nuevamente la arquitectura familiar es un desafío a la matemática. Ella acomodó la casa para que los niños, cuatro, duerman en una habitación. Su hija y yerno en otra y ella en la “media” habitación del living de la casa. Si alguien se enferma, no hay posibilidad de aislamiento. Si alguien tiene fiebre, probablemente tendrá que emigrar. Si más de uno se contagia, será un drama familiar.

La pandemia de coronavirus que vive el mundo y que afecta a Mendoza es el desafío sanitario y económico más complejo que ha vivido la provincia en las últimas décadas y, además, pone y pondrá de relieve otros problemas estructurales que complejizan el abordaje de la emergencia. No hubo un terremoto, pero se espera que en caso de expandirse, la movilización de familias sea similar a un hecho de esa naturaleza. 

Uno de los problemas es el hacinamiento. Más del 10% de la población de la provincia vive en esas condiciones y está contenidos en el 8% de los hogares. El hacinamiento “moderado” es cuando hay hasta tres personas en un mismo cuarto. El hacinamiento crítico es cuando hay 4 o más personas que duermen en la misma habitación. Allí no hay prevención que valga.

Aislamiento

Por eso, por ejemplo, el Gobierno prepara en silencio un cordón de asistencia sanitaria por si la pandemia se expande para poder “evacuar” preventivamente a las personas que no tienen dónde aislarse, en caso de que presenten síntomas. El operativo se hace con bajo perfil para no generar alarma, pero es preventivo. Así, por ejemplo, hay espacios municipales, como el Centro Luis Menoti Pescarmona de Godoy Cruz, donde se instalan camas. Y edificios públicos que serán inaugurados con un fin distinto al que tienen. El Polo Judicial, aún no habilitado como tal, fue readaptado como espacio de alojamiento para personas que necesiten aislarse y no tengan recursos. Allí fueron a parar las camas que se usaban en la mina Potasio Río Colorado, de Malargüe.

Ese primer cordón es de aislamiento. Luego habrá otro de mayor complejidad y las personas con síntomas marcados y más agudos sí irán a los hospitales equipados para su tratamiento. Se espera que con la posibilidad de testear masivamente se acelere el proceso y, así, ganar tiempo en la prevención.

Para eso podrían recalcular la estrategia y evaluar si consideran casos sospechosos solo a las personas que tienen síntomas y algún nexo epidemiológico (como viajes al exterior) o amplían el abanico bajo la suposición de que el virus circula. Hasta ahora no hay datos de Mendoza que lo indiquen, pero puede ser una estrategia preventiva.

En salud

El acceso al sistema de salud es otro de los parámetros que indica la calidad de vida de la comunidad. Si hay desigualdad, con el coronavirus se puede potenciar.

En Mendoza hay datos que pueden tomarse como alentadores, pero también son engañosos. El coronavirus ataca de manera más severa a los adultos mayores y en la provincia el 96 por ciento de ese grupo de población tiene cobertura médica. Pero es relativo, pues casi todos tienen PAMI y esa obras social está respaldada principalmente por los efectores estatales.

En general el 40% de la población de Mendoza no tiene cobertura de salud, es decir depende de los efectores estatales. Pero en el desagregado por edad, los niños son los más vulnerables, pues 6 de cada 10 no tiene obra social. Entre quienes tienen alguna cobertura también hay un dato importante: PAMI, nuevamente, y OSEP son las más numerosas y las que más posibilidades tienen de estar desbordadas con el abordaje de la pandemia.

Los mendocinos que poseen alguna cobertura social tienen, también, una barrera extra. En caso de tener síntomas pueden recurrir a un médico domiciliario, algo recomendado para evitar la exposición de las persona enferma y también para prevenir contagios. El resto, deberá ir en primera instancia a algún centro de salud de cercanía.

 

Huecos

La fila daba la vuelta a la manzana y podría generar ira: al parecer nadie cumple con el “quédate en casa”.  Hubo ayuda económica, pero no mecanismos para acceder a esos recursos. Muchas personas no tienen tarjeta para cobrar y solo pueden hacerlo en los cajeros que tienen “huella digital”.

La mayoría de esos aparatos quedaron dentro de las sucursales bancarias que seguirán cerradas. No hay forma, entonces, de que cobren, salvo las eternas colas en los pocos cajeros que están fuera de los corralitos. Es uno de los tantos huecos institucionales que quedaron en la estrategia de restricción de circulación: el Gobierno nacional otorgó recursos, pero no medios para acceder. Por eso, algunos seguirán en la calle.

 

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