La Favorita se la juega contra el coronavirus y la desigualdad sanitaria

La Favorita se la juega contra el coronavirus y la desigualdad sanitaria

El aislamiento altera la "normalidad" de los barrios. En las afueras de la ciudad, más cerca de los cerros, las familias obreras y los trabajadores de la Salud se preparan para defender la vida. Aquí, una vuelta por el corazón de "la Favo" en tiempos de pandemia.

Facundo García

Facundo García

Al lado del Centro de Salud del barrio La Favorita, en el Oeste de la Ciudad, hay un Jardín Maternal. Por sus instalaciones van y vienen albañiles: ya sacaron las mesitas, las aulas hacen eco entre desinfecciones y la instalación de gas está a punto. La idea, comentan los vecinos, es dejar espacio libre para meter camas. El barrio se prepara con lo que tiene para enfrentar la pandemia de Covid-19, y en el vértigo de los días se aferra a sus médicos y al aguante de sus más de 30.000 vecinos.

Para entrar a "la Favo" desde la zona céntrica hay que pasar por lo menos 3 controles policiales. Uno en los portones del Parque, otro a la altura del zoológico y otro en la rotonda de ingreso. A las pocas cuadras, un camión de la Municipalidad lava las calles con un líquido que huele a lavandina.

Así se ve por estos días el ingreso al barrio.

Los vecinos -muchos con barbijo- hacen fila en los negocios. En general respetan la distancia, aunque siempre hay alguno que no. A metros del Centro de Salud "Arturo Oñativia", un hombre encara al cronista y le pide que escuche su historia.

Dice que alquila una pieza y que ya debe una semana de renta, porque es vendedor ambulante y con la cuarentena no pudo salir a trabajar. Agrega que él es un alcohólico que se quiere recuperar, pero que su compañero de habitación no. "Cuando empezó el aislamiento cayó con dos botellas de whisky", detalla, y se frena para que quien lo oye saque sus propias conclusiones.

La esquina del Centro de Salud.

En la puerta, Martín Rodríguez, odontólogo y coordinador del Centro desde hace dos años, cuenta que el barrio se prepara con todo para enfrentar la pandemia. "La obsesión ahora es disminuir la circulación innecesaria de gente", resalta. Y precisa: "cuando un vecino se acerca con patologías respiratorias o antecedentes de viaje, se lo envía a un 'tránsito diferenciado', para que no tenga contacto con los demás".

La calificación de "caso sospechoso" abarca asimismo a aquellas personas que realizan trabajo doméstico en casas con familias que viajaron al exterior. Eso explica que en la puerta haya una ventana con una enfermera que aplica el triaje -una encuesta sanitaria- a los que van llegando.

"Los casos sospechosos se atienden en un área aislada"

Por un lado entran los que fueron a buscar leche, consultas varias o medicamentos crónicos. Por el otro los enfermos respiratorios, los que han viajado y todos los que presenten antecedentes compatibles con el coronavirus. "Ese último grupo es atendido aparte, en un área aislada del resto".

El coordinador organizando el lugar.

Rodríguez no se va sin destacar que su equipo ha respondido bien ante la urgencia, "igual que el Municipio". No se anima a confirmar si al lado, en el Jardín Maternal "Primeros Pasos", se instalarán camas. Sin embargo docentes y trabajadores del lugar lo dan prácticamente por hecho. Ya se quitó el mobiliario escolar, se hizo una nueva instalación de gas y se realizaron desinfecciones. 

En casas pequeñas, puede ser difícil separar a un infectado de su familia

Sucede que en los barrios populares el aislamiento de los posibles enfermos presenta dificultades extra. En casas pequeñas, donde varias personas comparten habitación, se vuelve imposible separar a un paciente de sus allegados. De ahí el plan de contar con un espacio diferenciado en el barrio, donde puedan brindarse cuidados específicos sin poner en riesgo a las familias.

La esquina del jardín maternal, que está siendo reacondicionado.

Hay menos afluencia de gente. No están los nenes del jardincito, pero tampoco los heridos de bala o por arma blanca que jalonan las noches y madrugadas de la barriada. Los trabajadores siguen en vilo, las mujeres se organizan, los viejos a la espera. Lejos del Kilómetro 0, con sus graffitis y sus saludos a los gritos, estos mendocinos también se la juegan por la vida.

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