Pandemia: Cuidemos las cabezas de los abuelos mendocinos

Pandemia: Cuidemos las cabezas de los abuelos mendocinos

Adultos mayores de 65 años son la población de mayor riesgo de contraer el virus COVID-19. Desde luego, hay que protegerlos. ¿Qué pasa con su salud mental? ¿Qué podemos hacer para ayudarlos? Te contamos

Cecilia Ortiz

Las cosas suceden. Sin desearlo, un huésped nos visitó. Y llegó para quedarse, por lo menos un tiempo. El tema es que el huésped no es muy amigable con la gente mayor. Y eso es un problema.

Sabemos que los adultos mayores integran un sector de la población vulnerable a muchas enfermedades, como alteraciones circulatorias, metabólicas, deterioro cognitivo (demencia), etc. Debido a la nueva pandemia, escuchamos directivas acerca de cómo cuidarnos y qué recaudos tomar, sobre todo con los adultos mayores, pero ¿y si hablamos de la salud mental de los ancianos? ¿Qué efectos produce el encierro prolongado en ellos? ¿Cómo podemos ayudarlos?

De acuerdo a estadísticas de la OMS, la proporción de adultos mayores aumenta vertiginosamente a nivel mundial. Se espera que entre el 2015 y el 2050 el 22% de los habitantes de este planeta tenga más de 60 años, esto es, en números, 2000 millones de personas.

Y dado que las condiciones sanitarias y los hábitos de vida han mejorado, una gran mayoría vive de manera independiente. Otro tanto, reside en geriátricos. Si prestamos atención a esta franja etaria, veremos que un 20%, siempre de acuerdo a estadísticas de la OMS, sufre alguna enfermedad mental o neurológica, esto los hace, en algún punto, dependientes, ya sea de tratamiento farmacológico o de asistencia por parte de cuidadores o familiares.

Estoy hablando de que tenemos una población significativa de pacientes añosos que, si bien pueden arreglárselas autónomamente en el día a día, necesitan de algún tipo de apoyo. Eso desde el punto de vista físico. Otro gran tema es el emocional.

El avistamiento del fin de la vida, la vulnerabilidad frente a las enfermedades, el no tener a los familiares cerca, genera sentimientos de angustia y tristeza. ¿O nadie ha notado cómo “se les ilumina la cara” cuando ven llegar a algún ser querido a visitarlos? Los ancianos padecen la soledad, aunque vayan aprendiendo a tolerarla. Después de todo, somos una raza contacto-dependiente, no sabemos estar solos. Tampoco podemos.

Todas estas emociones se acentúan y se amplifican en situaciones de crisis. Ni hablemos cuando se corta el contacto, por lo menos físico, con los seres queridos. Los “fantasmas” empiezan a rondar, los abuelos suelen refugiarse en sus pensamientos e ideas.

El coronavirus, este huésped indeseado, ha impuesto condiciones de estricta restricción en los hogares. Los adultos mayores son quienes más necesitan cumplir a rajatabla este lineamiento, porque su sistema inmune, envejecido, no puede protegerlos como a la gente más joven.

La situación de encierro, de aislamiento social, viene como anillo al dedo para frenar la pandemia. Pero desde lo neurológico puede acentuar deterioros en nuestros mayores, o despertarlos.

En este sentido, es sumamente importantes que también estemos atentos, entonces, a la salud emocional y cognitiva de nuestros viejos.

Para poder garantizar esto, les paso algunos consejos:

Si no vivimos con ellos:

- Intentar llamarlos todos los días. Es bueno hacer una llamada por la mañana y otra por la noche.

- Aprovechemos la llamada para que expresen sus emociones y angustias: preguntémosles cómo se sienten, qué les preocupa y tratemos de calmarlos.

- Asegurarse de que toman la medicación. Si el paciente no está en condiciones de tomarla por sus propios medios, podemos encargarnos de eso. Hay permiso especial para quienes cuidan de adultos.

- Es importante también controlar si comen y qué comen. Que la comida sea variada y en la cantidad necesaria para cada edad. Deficiencias de nutrientes pueden generar alteraciones cognitivas en los adultos.

- Tratar de que escuchen música, vean películas y después poder comentarlas con ellos.

- Si manejan la tecnología, las videollamadas son muy útiles.

- Hay que tratar de que hagan ejercicio físico. Aunque sea, algunos movimientos articulares, para que aumente la circulación sanguínea y para que el cerebro se vea obligado a coordinar movimientos.

- Resulta vital que estén activos cognitivamente: darles tareas, que vean fotos, que resuelvan crucigramas, que jueguen algún juego de mesa. Todo suma.

Si vivimos con ellos:

- Aprovechar que tenemos más tiempo para compartir con ellos, que cuenten historias, que compartan recetas de cocina, coincidir en algún juego.

- Si nuestro familiar padece demencia, vamos a tener que armarnos de paciencia porque seguramente la intensidad del día a día compartido nos agobie. Tenemos que tener en claro que perder la paciencia no va a ayudar.

- Tanto si vivimos con ellos como si no, es sumamente útil que tengan actividades, que mantengan una rutina.

No los descuidemos, procuremos que se mantengan activos, las vueltas de esta vida hacen que hoy tengamos que cuidarlos como ellos hicieron con nosotros. La presencia física está limitada, pero la espiritual siempre estará presente. Busquemos generar esa sonrisa, esa “luz en la cara” al saber que no están solos, que por lo menos, desde nuestro lugar, los acompañamos.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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