Las enseñanzas que el coronavirus nos deja a los mendocinos

Las enseñanzas que el coronavirus nos deja a los mendocinos

A esta altura ya sabemos de qué se trata, qué síntomas ocasiona y cómo se contagia. Pero esta pandemia nos dejará algunas lecciones más, ¿Te los contamos? Seguí leyendo.

Cecilia Ortiz

Coronavirus, enfermos, contagio, pandemia. Situación de emergencia mundial. Según la norma ISO 22301, una crisis es una situación marcada por un alto nivel de incertidumbre que afecta las actividades básicas y/o la credibilidad de una organización y requiere medidas urgentes. Una crisis implica necesariamente un cambio, y eso genera angustia, ansiedad y temor frente a lo desconocido.

Como en cualquier situación de crisis que nos toque atravesar, nuestro cerebro registra que hay una posible fuente de peligro y “recalcula”, avisando al resto de los sistemas de nuestro cuerpo que entren en alerta para poder reaccionar rápidamente. Esta respuesta de nuestro organismo se denomina estrés, y nos preparamos para una acción inminente: luchar, huir o pelear. Conducta adaptativa, instintiva, compartida con el resto de los animales de este planeta.

Existen tres aspectos que aumentan el monto de estrés: lo impredecible de la situación, el ignorar por cuánto tiempo se extenderá el peligro y desconocer la fuente originaria del mismo.

Los tres están presentes en la situación actual de jaque mate en la que nos vemos sumergidos: no sabemos los ribetes que puede tomar, ni cuánto tiempo más durará y, aunque tenemos claras las medidas de higiene que debemos adoptar, desconocemos dónde puede permanecer el virus. Un enemigo silencioso e invisible.

Cada uno de nosotros percibirá la situación de acuerdo a su particular enfoque o a sus características individuales, y eso determinará su conducta.

Ahora bien, nosotros, los humanos, podemos jactarnos de poseer una porción de cerebro de la cual carecen todas las otras especies: el lóbulo frontal, que es el que nos permite razonar, considerar diferentes opciones, planificar, organizar, tomar decisiones.

Frente a una situación de emergencia, es el que posibilitará que tengamos en cuenta diferentes salidas, preveamos cuál es la más indicada para que nuestra conducta sea adaptativa y acertada a la situación.

Con esto quiero decir que actuar impulsivamente, esto es, no cuidarse, asaltar supermercados y farmacias como si fuese el último día sin pensar en el resto, es de animales, con perdón de estos últimos. Es importante que nuestra emocionalidad abra camino a la racionalidad y que hagamos un balance del estado de las cosas, y actuemos con criterio.

La racionalidad y el criterio son los que nos llevarán a aprender algo de la situación, a sortear la crisis habiendo incorporado datos a nuestro sistema de supervivencia, para que puedan ser utilizados la próxima vez.

En este sentido, creo que esta pandemia, esta crisis, nos dejará algunas enseñanzas, que ojalá podamos capitalizar y adquirir como estrategias de afrontamiento para las próximas:

Flexibilidad: poder adaptarse a situaciones nuevas dejando de lado rutinas y hábitos. Reemplazar el “yo siempre hago esto” por “es lo que se puede ahora”.

Dejar de lado proyectos o planificaciones: las crisis nos enseñan que nada está asegurado y que todos nuestros proyectos dependen, por un lado, de una variable personal, que depende de nosotros, y de otra situacional, contexto dependiente, que no podemos controlar.

Manejo de la frustración y gestión emocional: el sentirse vulnerable, impelido a modificar rutinas y costumbres diarias y a sujetarse a limitaciones, representa un límite que desde afuera nos frustra y despierta temores, tristeza, bronca. Es importante que, desde lo racional, aprendamos a manejar estas emociones, que, si nos gobiernan, pueden conducirnos a implementar acciones que no son adecuadas o que pueden perjudicarnos.

Convivir con la sensación de vulnerabilidad: La crisis nos enrostra no solamente que no somos invencibles sino que, además, somos absolutamente responsables de nuestras acciones y que de ellas depende nuestro futuro y el de los demás.

Altruismo y empatía: Pensar en y desde el otro, tenerlo en cuenta, comprender que somos seres sociales por naturaleza y que no nos salvamos si pisoteamos los derechos de quien tenemos al lado. Creo que, en estas épocas de egoísmo e individualismo marcados, el aprendizaje de la compasión será uno de los más importantes para nuestro acervo.

Encontrarnos con nosotros mismos: Enfrentarnos con tiempo libre, con deseos personales que solemos tapar con actividades. Revalorizar el tiempo en familia.

Los medios son una fuente importante de información: Pero hay que aprender a cuidar la calidad y el origen. Es importante atender a medios confiables de información.

Creatividad: Es imprescindible para salir de cualquier crisis. El reinventarnos, descubrir nuevos modos de conducirnos es abandonar patrones de conductas obsoletos que no nos serán útiles para un nuevo escenario.

Responsabilidad: El compromiso, la ética de pararnos de manera sensata frente al escenario de crisis es una actitud fundamental.

Después de todo, la vida implica crisis, que se suceden constantemente, de todas, a pesar del dolor y las pérdidas, podemos rescatar algo. El aprender nos llevará a no tropezar dos veces con la misma piedra, si lo volvemos a hacer, y, entonces somos unos tontos.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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