Caso Próvolo: "Veo a las monjas y vuelvo a sentir terror"

Caso Próvolo: "Veo a las monjas y vuelvo a sentir terror"

En el inicio del segundo juicio por los abusos contra niños hipoacúsicos, varias víctimas se acercaron a Tribunales y comentaron que "con solo ver" a las monjas acusadas se les hiela la sangre.

Facundo García

Facundo García

“Veo a las monjas y vuelvo a sentir terror": Jennifer Arce (20) conversa con MDZ y en sus ojos puede leerse la indignación. Habla en lenguaje de señas, pero no hace falta que agregue ningún énfasis. Abusaron de ella desde los cuatro años; ahora tiene veinte y se lamenta: "durante el tiempo que estuve en ese lugar me pegaron tanto, que ahora encontrarme con la monja Kumiko en cualquier lugar me produce escalofríos”.

 

"Tengo un gran trauma" (Jessie Álvarez, 28)

 

Alrededor, las galerías de los tribunales mendocinos persisten en su bullicio permanente. Puertas que se abren, traslado de detenidos, gente que charla en los pasillos. Sin embargo Jennifer y sus tres amigas están en silencio. Jessie Álvarez (28) también es hipoacúsica, y cuando se le consulta por lo que siente repite una y otra vez una palabra: "trauma". Lo nota cuando vuelve a pensar en  las personas que –según dice- le hicieron vivir un infierno. "Trauma, trauma", repite. A un costado, Micaela Soria (23) comenta con gestos que ella no fue víctima, pero vino para "hacerles el aguante" a sus compañeras.

Expectativa

El segundo juicio del Próvolo tiene a 9 acusadas en el banquillo. Entre ellas, las monjas Kosaka Kumiko y Asunción Martínez. También están bajo la lupa la ex representante legal Graciela Pascual, ex directivas, una psicóloga y hasta una cocinera. Este lunes, las audiencias preliminares iniciaron el mecanismo que conducirá a lo que -se anticipa- podría ser la segunda catarata de condenas. "Estamos re ansiosas -cuentan las víctimas-. Anoche no pudimos dormir ni un poco. Nos despertamos a las cinco".

 

"Las acusadas sabían muchas cosas y lo callaron"

 

La bronca y la expectativa van de la mano. “Es imposible que todas estas personas no supieran nada de lo que estábamos sufriendo. Lo sabían y se lo callaron. Yo, que fui víctima de todos ellos, trataba de expresarme pero, como ves, no es tan sencillo. Ellos sí podían hablar y oír con libertad. ¿Cómo es posible que no dijeran nada?”, sintetiza otra víctima, que por razones legales pidió que se reserve su nombre.

En las escalinatas que conducen a la calle, más de una decena de jóvenes hipoacúsicos conversan sin hacer ningún ruido. Pero su pedido de justicia es ensordecedor.

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