Salas "burbuja" y cuotas por las nubes: así trabajan los "nuevos" jardines maternales

Salas "burbuja" y cuotas por las nubes: así trabajan los "nuevos" jardines maternales

Los jardines maternales fueron uno de los más golpeados por la pandemia, pero muchos pudieron abrir sus puertas otra vez, aunque reconvertidos, con un estricto protocolo de seguridad sanitaria que también influyó a la hora de establecer los nuevos valores en las cuotas.

Pablo Villarruel

Pablo Villarruel

El sector de los jardines maternales fue uno de los más golpeados por las restricciones derivadas de la pandemia, pero gracias a una resolución gubernamental muchos pudieron abrir sus puertas otra vez, aunque reconvertidos, con un estricto protocolo de seguridad sanitaria que también influyó a la hora de establecer los nuevos valores en las cuotas.

La cuarentena hizo estragos en la economía y muchos jardines maternales no tuvieron otra opción que cerrar de manera definitiva, incluso algunos de los más históricos de la provincia, pero los que lograron sobrevivir a la etapa más dura del confinamiento han comenzado a atravesar una reactivación con muchos cambios y dinámicas muy distintas a las que venían acostumbrados.

La primera gran modificación es que tuvieron que dejar de ser jardines maternales en su concepción tradicional y ahora, los que lograron adaptarse, son "centros recreativos", donde los niños realizan casi exclusivamente juegos y actividades motoras más parecidas a una clase de educación física y ya no los clásicos "trabajitos" en papel, cartulinas, telas ni materiales por el estilo.

El retiro de estas opciones responde a reducir la manipulación de objetos que puedan llegar a ser transmisores del virus, algo que también intenta estar fuertemente controlado con la creación de "salas burbuja", donde existe un número limitado de niños (no como antes) y la jornada transcurre allí excepto en el momento en que pueden salir al patio, en el caso de que se disponga de uno.

Los niños de cada "sala burbuja" (siete como máximo) solo tienen contacto con la docente que los recibe y con la de su sala, pero para ingresar al edificio deben pasar por el "área sucia", donde esa docente receptora los desinfecta y les realiza un lavado de manos antes de llevarlo hasta la sala donde los espera la maestra que estará solo con ellos el resto de la jornada.

A diferencia de lo que sucedía antes de la pandemia, ahora las docentes debe utilizar guardapolvo sin excepción y usar siempre el mismo calzado dentro del "centro recreativo", por lo que deben llevar otro par para el momento en que se retiran del recinto.

Los niños, por su parte, ya no pueden llevar mochilas y deben contar con una caja personal que incluya una muda de ropa, un vaso personal, alcohol, jabón y pañales en caso de que usen, pero éste solo podrá ser cambiado por las docentes siempre y cuando la situación realmente lo amerite y utilizando guantes descartables.

Cada grupo de niños debe higienizarse cada 40 minutos y es en ese momento en que la "sala burbuja" también pasa por una desinfección completa que incluye piso, paredes y hasta los pocos elementos que pueden manipular los alumnos, como maderas, pelotas de plásticos o algunos juguetes de esos materiales.

Más allá de la inflación y la permanente devaluación que reina en el país, la adaptación a este nuevo protocolo para poder trabajar también supone un desafío económico para los nuevos "centros recreativos" y en muchos casos los propietarios no tuvieron otra opción que trasladar estos cambios a la cuota que pagan los padres.

Si bien el Estado ha estipulado un valor de referencia de $6.000 para la cuota de un alumno que asiste a diario, muchos establecimientos lo han tomado como piso y no es extraño encontrar "centros recreativos" que pidan cifras superiores, aunque también existen las de una erogación menor si el niño concurre día por medio o en un esquema discontinuado.

Lo cierto es que antes de la pandemia, una cuota promedio rondaba entre $4.000 y $5.000 y ahora la mayoría están por encima de los $6.000.

Más allá de la suba en el valor de las cuotas y el innegable temor a un posible contagio, es considerable la cantidad de padres que han vuelto a confiar en los antiguos jardines maternales para dejar a sus hijos, ya que muchos están retornando a sus trabajos de manera presencial, además de satisfacer la necesidad de que los niños salgan del encierro e interactúen con sus pares, algo clave para su formación según los especialistas.

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