Una bodega mendocina apostó al impacto social y esto generó en sus empleados

Una bodega mendocina apostó al impacto social y esto generó en sus empleados

A través del programa “No nos da lo mismo” esta empresa desarrolla acciones de compromiso con la comunidad que brindan oportunidades de crecimiento a sus empleados y sus familias.

Felicitas Oyhenart

Felicitas Oyhenart

Hay quienes volvieron a estudiar luego de años y ahora podrán terminar sus estudios secundarios; también están las mujeres que aprendieron a coser y hoy tienen su propio emprendimiento: un taller de costura. Estos son dos de los proyectos de impacto social que lleva adelante Bodega Santa Julia, cuando se hace foco en el crecimiento de toda la comunidad se logran importantes cambios a nivel social y económico.

MDZ dialogó con los protagonistas para conocer cómo funcionan dos de los proyectos de la bodega y cómo ser parte de ellos impactó en su vida y la de sus familias.

María José Pellegrina, responsable de Responsabilidad Social Empresaria de Bodega Santa Julia, cuenta que para la empresa uno de los temas fundamentales es la educación. Esto fue lo que los impulsó a trabajar en conjunto con la DGE e implementar un nuevo proyecto, un Cens (Centro Educativo de Nivel Secundario) para que sus empleados tuviesen la oportunidad de retomar sus estudios secundarios. Actualmente son 67 personas las que cursan segundo año y tendrán la posibilidad de obtener su título el próximo año.

Natalia Geronimi trabaja en Santa Julia desde el año 2013, actualmente se desempeña en el sector de Abastecimiento y Logística, en el depósito de etiquetas. Natalia además, es alumna del Cens Emma Cartelone de Zuccardi el secundario de la bodega. “Se me dificultaba mucho terminar el colegio por el trabajo, los chicos, la casa -y agrega- esto se presentó como la oportunidad de mi vida”. Natalia es la tercera vez que inicia sus estudios secundarios y está transitando el segundo año del cens, “Terminar la secundaria era una meta que nunca la pude concretar y ahora lo voy a lograr”.

Admite que se le “pone la piel de gallina” por el solo hecho de imaginar cómo será el día que reciba ese tan esperado diploma. “Me emociona muchísimo, estoy esperando ese día con ansias”.

Otro de los programas que se desarrolla en la bodega, precisamente en el barrio que se encuentra dentro de la finca entre viñedos, es el Taller de Costura Emma Zuccardi. Este espacio surgió con el objetivo de brindar una oportunidad a las esposas de los trabajadores que viven allí, “veíamos que era un grupo de chicas que tenía mucho potencial para desarrollar y que por sus realidades familiares dejaron sus parte profesional de lado”, cuenta María José Pellegrina.

Son 5 las mujeres que forman parte del taller de Maipú, el cual comenzó con máquinas de coser hogareñas y hoy ya cuenta con máquinas industriales y un gran número de productos en su catálogo, como delantales, chombas, bolsas, posavasos, barbijos, camisas.

Cecilia Díaz es una de las mujeres que vive en la finca ubicada en Fray Luis Beltrán, ella confiesa que hace unos años no le gustaba coser hasta que se le propuso ser parte de este equipo, aprendió a usar las máquinas y hoy pasa más de ocho horas al día en el taller con sus compañeras.

“Es un avance personal muy importante, nunca pensé que iba a lograr esto. Me doy cuenta que uno se puede superar todos los días un poquito más”, reflexiona Cecilia al recordar cómo cambió su vida desde que es parte del taller de costura.

 

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