Una curiosidad: Mendoza en la última novela de Houellebecq

Una curiosidad: Mendoza en la última novela de Houellebecq

El francés volvió a sacudir el mundo literario con su novela <b>Serotonina</b>, una historia de desencanto, sexo y depresión (entre otras cosas). Para los mendocinos hay una sorpresa entre sus páginas.

Michel Houellebecq puede ser acusado de muchas cosas, pero no de escatimar sorpresas. Sus libros son vistos generalmente como piezas polémicas que muestras situaciones que el común de la gente no quiere ver. Escudado tras una dura máscara de sexo y shock, el niño muy malo de la literatura francesa -enfant terrible solo suena a poco cuando se trata de él- consigue ver un poco más allá que los demás, pero parece concentrado sólo en lo peor de la sociedad.

Con Serotonina, su última novela, hace un poco eso. Éxito de ventas -como no serlo- la historia de un hastiado sibarita que odia su nombre tiene sus clásicos condimentos: fuertes escenas de sexo, un odio más o menos marcado por lo convencional y una durísima mirada sobre la situación actual de Occidente, esta vez haciendo hincapié en las relaciones entre países desarrollados y países tercermundistas que meten sus productos primarios perjudicando a los productores locales. Sí, habla bastante de Argentina.

?Desde el comienzo de la historia el personaje principal, Florent-Claude Labrouste, elogia la capacidad de nuestro país de meter su soja y su carne y su trigo y leche y etc., a Europa, y más específicamente, a Francia, perjudicando seriamente a sus productores, lo que deriva, sin dar muchos detalles para no arruinar la novela, en un conflicto de grandes proporciones.

Pero hay algo más curioso que las muchas menciones a la Argentina dentro de Serotonina. En un punto de la historia, Labrouste decide desaparecer. Quiere alejarse de su vida y no regresar jamás, pero, para hacerlo, debe inventar una historia creíble para que su jefe en el Departamento de Agricultura no sospeche nada. ¿Qué se le ocurre? Claro, le dice que se va a vivir a la Argentina, "con el enemigo", como replica amargamente el funcionario. Más específicamente, Florent-Claude decide decir que se va a venir a vivir a una finca en Mendoza, o, según la traducción de Anagrama, "a una hacienda vitícola en la provincia de Mendoza".

El autor es un confeso admirador de Jorge Luis Borges, y en alguna ocasión mencionó que no descarta la posibilidad de exiliarse en nuestro país si alguna vez no puede seguir viviendo en Francia (una frase que si viniera de otra persona sonaría a exageración). ¿Será posible que considere a nuestra provincia como destino?

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