Hubo música cuyana y nostalgia por lo perdido en la cárcel

Hubo música cuyana y nostalgia por lo perdido en la cárcel

Internos de Almafuerte participaron del ciclo de música organizado por la Secretaría de Cultura. Julio Azzaroni ofreció un recital que fue largamente aplaudido en el penal de Cacheuta. Se concentró en sus canciones y todo aquellos que perdimos. 

El músico tomó su guitarra y buscó recuperar aquellas cosas que perdimos. Frente a él, había unos sesenta presos que todo lo perdieron. Del tránsito de unas pérdidas a otras, se fue levantando una comunión fundada en sonidos y silencios, muy a tono con la capilla en que se desarrolló el concierto. 

Así fue, pues, una vez más, la Secretaría de Cultura incluyó a los penales en uno de sus habituales ciclos artísticos, a fin de que los condenados y quienes los custodian también formen, al menos un poco, parte de la agenda social de los mendocinos. 

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Sucedió en el Complejo Penitenciario Almafuerte y la cita fue parte del ciclo “Música Cuyana por los Caminos del Vino”. Julio Azzaroni fue el músico convocado y, si bien lo suyo no es estrictamente el folcore cuyano, su músicas es esencialmente popular. De este modo el punto de encuentro con los corazones de los oyentes se dio con toda naturalidad. 

Y brotó lo perdido: la infancia, los trenes, los jardines, los colectivos, las madres, los amores y la libertad, por supuesto.  

Malvones en Almafuerte.

"Todos tenemos urgencia por llegar quién sabe a dónde", suelta un verso de unas de sus canciones.

Y de eso se trató: de lo que se nos cae al correr.

Dijo, entonces, Azzaroni: “Siempre decimos que los contextos de encierro son para resocializar, y creo que la presencia de algún artista de cualquier disciplina que sea, y que sirva para aportar un minuto de sensibilidad y espiritualidad, creo que les hace muy bien y los hace conocer que hay otros caminos”. 

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Y siguió: “La cultura debería anticiparse, creo que las cárceles tendrían menos detenidos si la cultura hubiese ido en auxilio de los niños que alguna vez fueron estos chicos. La cultura, es el principio de todo porque define a la persona y a los pueblos. La gente que aprende a leer, a pintar, a cantar, aprende a soñar”, enfatizó el cantautor.

Así, como al pasar, fue entonces planteando sus temas, en sus canciones, ante un silencio conmovedor y ante repetidos aplausos liberadores. 

Música popular, para un público popular, muy joven, pues, sabrán, la edad promedio de los presos de Mendoza es de unos 22 años. Tan jóvenes son que, por ejemplo, el artista debió explicarles quién fue don Bernardo Rázquin, aquel "loco de las hormigas", que, en modo autodidacta, pronosticaba el clima para los mendocinos. 

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Al finalizar, don Julio Azzaroni agradeció a quienes le dieron la posibilidad de participar del ciclo y de poder presentarse en un complejo carcelario, y aseguró: “Fui muy bien recibido por todos y me voy contento y muy emocionado por los aplausos y el respeto que mostraron durante la presentación”. 

En fin, entenderán que lo perdido, perdido está, pero también que el arte existe en el mundo para dar cuenta de todo lo perdido y de todo lo vendrá, para perderse. 

Ulises Naranjo

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