Sandra Marset: "El arte es pensamiento, es un modo de conocimiento..."

Sandra Marset: "El arte es pensamiento, es un modo de conocimiento..."

La artista que se reinventa día a día dialogó con MDZ Arte acerca de su amor por esta disciplina. ¡No te pierdas el mano a mano!

Muriel Del Barco

Muriel Del Barco

Sandra Marset nació en Mendoza y es egresada de la Facultad de Artes de la UNCuyo como Licenciada y Profesora en Artes Plásticas. Su especialidad es el grabado y con esta técnica ha realizado numerosas exposiciones.Trabajó en el Museo Provincial de Bellas Artes - Casa de Fader y como docente en todos los niveles de enseñanza. Luego de realizar la Maestría en Arte Latinoamericano de la UNCuyo, comenzó a publicar artículos en los medios gráficos de Mendoza y textos de opinión para los Catálogos de Artistas mendocinos.
Actualmente se encuentra investigando sobre Galerías de Arte en Mendoza. ¡Conocela a través de MDZ Arte!

¿Te dicen?

Sandra, Sandri, flaca.

¿Autodidacta o estudiada?

Egresé de la Facultad de Artes de la UNCuyo como Profesora y Licenciada en Artes Plásticas y luego, en el año 2000 hice la Maestría en Arte Latinoamericano que me abrió la cabeza. Y ha sido muy importante cuando en 2014 asistí al Taller de la Furlani (Marcela), un curso con Tere Richard fue genial, y desde hace un año tomo clases con el maestro Egar Murillo. Siempre hay que estudiar.

¿Qué es el arte para vos?

Ahh, es ¡tanto! Es tan abarcador, tan sencillo y tan complejo, …El arte es pensamiento, es un modo de conocimiento, investigación, es un espacio de subjetividad, de comunicación. Actualmente hay gente que hace cosas tan diferentes que llamamos arte, con el cruce de disciplinas muy variadas, en relación con la ciencia, con la tecnología.

¿Qué expresás a través del arte?

He ido cambiando con el tiempo. Hay una parte técnica donde aparece mi amada prensa/ el grabado y sus infinitas posibilidades; y luego la poética ahí, están las cuestiones que me interesan como el amor, el tiempo irremediable, la fragilidad de la condición humana, lo que pienso.

¿Cuándo te diste cuenta que querías vivir del arte?

En realidad, tempranamente, me dí cuenta de que no podía vivir del arte (risas), y siempre dí clases, más que nada en instituciones. En primaria, secundaria, terciarios, clases de Artes Visuales, talleres, Historia del Arte, trabajé en el Fader. Y después de algunas idas y vueltas, desilusiones, comprendí que para mí el arte es el mejor lugar, el mejor trabajo. Aunque no me de “de comer”.

¿Qué sentís cuando pintás?

Cuando trabajo soy muy feliz, llegar a mi taller es hermoso. Es cierto que hay tensiones, decidir cómo construir cada obra, qué papel, qué técnica, elegir la idea, qué quiero con la imagen. Es elegir, descartar, probar todo el tiempo, intentar otros formatos, el aprendizaje es continuo.

¿Cómo te enfrentás a un lienzo blanco?

Siempre tengo algo en mente, como soy medio zapping estoy con 2 o 3 trabajos a la vez, siempre guardo materiales, escritos, imágenes que me gustaron, lecturas, fragmentos de otros trabajos, entonces es seguir, es construir desde algo. Es más, no creo que me alcance el tiempo para todo lo que quiero hacer.

Cuando mirás cuadros viejos tuyos, ¿te encontrás o ya no?

Creo que me encuentro en lo esencial, en la búsqueda de las sutilezas, en el armado de la imagen, buscando una sencillez que aprendí a darle densidad, a construir capas de sentido con la formidable y generosa sabiduría del Egar (Murillo).

¿Cuándo te propusiste vivir del arte?

No, no lo veo. No sé tal vez muriendo viva del arte… (risas). Hablando en serio desde hace un par de años, me propuse trabajar y perseverar en las instancias que den visibilidad a mi obra; y es cierto que hay circuitos inevitables como participar de concursos, hacer exposiciones, una por año, comunicar, relacionarse, “estar” en las redes. Como dice mi querido amigo Carlos Ércoli: "Vivir del arte es una carrera de resistencia". 

¿Cuál es tu sueño?

Tengo muchos, a ver uno importante es que haya más y mejor educación que al arte no se lo vea con prejuicio, de “lo culto". Viste que de chicos, cuando uno es niño, se disfruta dibujar, cantar, bailar y pienso que sería muy importante conservar y a la vez formar esa sensibilidad que te permite contemplar, jugar, buscar, construir, que con naturalidad uno visite un museo o un espacio de arte.

Y entender, además, que el arte implica trabajo, estudio como cualquier disciplina.

¿Te gusta mostrar lo que hacés? ¿Cómo te llevás con el marketing?

Sí me gusta, tengo que hacerlo más seguido, “con ritmo”. Con el marketing: mal, lo económico, me agota, no me gusta, de todos modos estoy trabajando para aprender.

¿Qué te inspira?

Casi todo. Observo, leo mucho, miro revistas, la música, los gestos, las palabras, las personas. Investigo, escribo. Las obras de tantos artistas son inspiradoras, son matrices de ideas. Hay tanta gente grosa y por supuesto internet. No hay fronteras, ves las exposiciones del Reina Sofía, buscás la obra de algún artista oriental, leés qué piensa Boris Groys. Es instantáneo, es fabuloso.

Estoy convencida de que la cabeza es el taller del artista, lo dice Jaume Plensa.

¿Qué sentís cuando terminás un cuadro?

Cuando termino una obra siento alegría.

¿Cómo le ponés un valor a tu obra?

¿Valor?...Y es complicado ahora en la muestra en Monteviejo, las obras que expongo las he construido con tanto trabajo, mucho tiempo, con tanto amor que me daría pena venderlas; a la vez es muy importante que alguien quiera tu obra, en fin: que otro la valore.

¿Quién valora más tu arte el mendocino o el turista?

 Y tiene que ver con el valor que le das vos. Me ha pasado que los turistas conocen más el grabado y lo valoran muchísimo, de hecho tuve una alumna alemana que era diseñadora gráfica, pero le fascinaba trabajar a partir de la experimentación infinita con la prensa.

¿Dónde soñás con ver un cuadro tuyo?

Obras mías en el Guggenheim de Bilbao.

¿Qué pieza o cuadro quisieras tener en tu casa que no sea tuyo?

Mmm, tantas. No puedo elegir una. Quisiera tener obra del Egar, de Furlani, de Nora Correas, grabados de la española Roser Sales, instalaciones de Fred Sandback, de Silvia Rivas. Y podría morir tranquila con varias obras de la increíble Liliana Porter.

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