El taller en el que los ex presos aprenden hábitos laborales
En calle San Martín al 33 de Maipú se ubica el taller productivo de carpintería y mimbrería "Fray Abel Abregú", abierto a todo el público, pero en el que trabajan un mínimo de 8 a 12 personas en situación de libertad condicional asistida.
Se trata de presos que ya están en el último tramo del cumplimiento de su condena, y que a los dos tercios de ésta han logrado acumular suficientes puntos (buen corportamiento, trabajo en los talleres dentro del penal, estudios, etcétera) como para ser parte de la población tutelada por la Dirección de Promoción Liberada.
El taller protegido para liberados y liberadas fue el primero en crearse en la provincia (mayo 2015), y funciona gracias a un convenio entre el Ministerio de Trabajo, Justicia y Gobierno, el municipio de Maipú y la Asociación Civil María Virgen Redentora.
Luis Romero, Ezequiel Canepa, Pedro Chacón y Marcela Fernández
El Ejecutivo se encarga de aportar los profesionales, una asistente social y una psicóloga, el servicio penitenciario envía al encargado de las capacitaciones, y los mercedarios ponen a disposición el espacio y destinan un fondo a la compra de materiales para que funcione el taller (herramientas, mimbre y maderas).
A diferencia de otros talleres que están a cargo de la Dirección de Promoción de los Liberados, el "Fray Abel Abregú" es productivo, es decir, que los trabajadores obtienen capacitación, pero también el dinero que se saca de las ventas de la producción: el 10% de que venden se usa para el taller (la mayor parte de ese porcentaje se va en cargar las Red Bus de los asistentes) y el 90% restante se les entrega íntegramente a los trabajadores.
Los asistentes aprenden carpintería liviana y tapicería. "El trabajo manual es terapéutico, es hasta una excusa para trabajar con ellos en habilidades sociales porque en los contextos de encierro, muchas veces los comportamientos negativos se agravan", explicó Marcela Fernández, la trabajadora social a cargo del taller.
La profesional explicó que el mimbre les permite trabajar en la autoestima, pero también en las habilidades sociales, porque es un trabajo en equipo y los ingresos también se comparten.
Luis Romero el titular de la Dirección de Promoción de los Liberados contó que actualmente se está trabajando en una figura legal para acceder a un mercado más amplio y hacer crecer el taller.
El Fray Abel Abregú es uno de las modalidades de reinserción en las que se trabaja, y uno de los mejores ejemplos de integración entre la política y los sectores de la sociedad civil. Si bien es una orden pastoral la que colabora con las personas que recuperan su libertad, no se les da catequesis y la religión no interviene.
Además del taller en Maipú, el funcionario destacó el convenio realizado con las hermanas murialdinas para el taller textil en Guaymallén, en donde hasta el momento tienen una tutelada del penal de mujeres, pero esperan que se unan más internos y el textil en el Hogarcito de Belén, en el barrio Santa Ana (en el que todavía no hay tutelados).
Por otro lado, recordó los programas que tienen a disposición los internos en el penal: de terminalidad educativa, CCT (Centros de Capacitación para el Trabajo) y el convenio con la Universidad Nacional de Cuyo por el que los internos pueden elegir entre 10 carreras, que siguen con modalidad libre, y que, terminan en la Universidad como alumnos regulares, una vez que han salido del penal.
"El sistema funciona, cuando la gente quiere cambiar las herramientas están", aseguró Romero.
Tito, uno de los estudiantes del taller, cursa el 4º año de Trabajo Social, gracias al programa de reinserción y a la beca que recibió de los mercedarios para poder seguir con sus estudios.
"Tiene una beca de la orden y su rendimiento académico es excelente", comentó Ezequiel Canepa, voluntario de la Iglesia, y agregó que desde su posición, les es posible hacer un seguimiento del programa porque la Iglesia ayuda a la comunidad entregando bolsones de comida, y muchas veces quienes formaron parte del taller vuelven para seguir recibiendo ayudas, hasta que logran tener sus propias herramientas para sustentarse.
Canepa señaló que muchas veces lo que aprenden en el taller les sirve para internalizar cosas básicas como saludar, ser puntuales en un trabajo, limpiar sus espacios y llevarse bien con los compañeros, no solo se trata de carpintería o mimbrería.
Aunque la mayor parte de quienes se capacitan hoy en el taller protegido son personas que están en libertad condicional, el taller está abierto para todo público. Otra característica que colabora con que el recluso no se sienta marginado una vez que ha cumplido su deuda con la sociedad.
*Para encargar muebles, canastos, cortinas, o cualquier trabajo en mimbrería o carpintería liviana, contactarse con el taller a través de la página de Facebook/ Taller Protegido "Fray Abel Abregú".