El secreto mejor guardado: el robo de las manos de Perón
El 1 de julio de 1987 la Argentina fue sacudida por la noticia de la mutilación del cadáver de Juan Domingo Perón en el Cementerio de la Chacarita: sus manos habían sido robadas.
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Al estupor le siguieron las hipótesis: se las habían llevado para cobrar un rescate millonario o para acceder con sus huellas digitales a cuentas en Suiza; el ultraje había sido parte de un rito masónico en venganza por pactos no cumplidos por el ex presidente, o un mensaje de la poderosa logia Propaganda Due de Licio Gelli o una ceremonia esotérica de otro origen.
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El gobierno de Raúl Alfonsín sostuvo que se trataba de un ajuste de cuentas entre líneas internas del peronismo, y éste contraatacó diciendo que era una campaña del radicalismo para perjudicarlo en las elecciones de gobernadores de ese año.
El hecho no quedó ahí: el juez del caso, Jaime Far Suau, fue asesinado, y dos testigos clave fallecieron en circunstancias sospechosas. Además, el comisario a cargo de la investigación sobrevivió milagrosamente a un disparo a quemarropa y al poco tiempo fue pasado a retiro sin justificación.
Claudio R. Negrete (periodista) y Juan Carlos Iglesias (abogado que integró el equipo de Far Suau) investigaron durante años para escribir este libro que sigue a fondo cada una de las pistas y reconstruye la historia completa de un hecho impune que la ficción más descabellada no se hubiera atrevido a imaginar, y cuya conclusión, a tres décadas de sucedido, es "nadie sabe, nadie fue".
A continuación, hacer clic aquí para leer un fragmento de La profanación

