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Le dieron 45 años de cárcel por matar a un abogado

Ángel Márquez Da Silva (40) fue encontrado culpable de asesinar a Marcelo Fernández Durañona (43) durante un asalto y secuestrar a la esposa de la víctima.
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Un hombre fue condenado hoy a 45 años de prisión por haber asesinado a un abogado durante un asalto a su casa del partido bonaerense de Quilmes, cometido en febrero de 2014, y haber secuestrado luego a la esposa de la víctima, a quien liberaron tras el pago de un rescate.

Se trata del misionero Ángel Márquez Da Silva (40), alias "Tito", quien también fue declarado reincidente por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 quilmeño ya que al momento del crimen de Marcelo Fernández Durañona (43) se encontraba en libertad condicional.

Esta es la segunda condena que se dictó por el caso ya que en febrero de 2015 la Justicia de Menores le aplicó una pena de 30 años a un adolescente.

En aquella oportunidad, otros dos menores de edad fueron absueltos, mientras que en el juicio que terminó hoy también fue exculpado por falta de pruebas un segundo imputado mayor de edad, identificado como Gabriel Alejandro Casco.

Sin embargo, este último fue condenado a 16 años de prisión pero por otro crimen, el del vecino Alberto Peña Britos, asesinado en marzo de 2013 durante un asalto a su casa de Quilmes.

En una sala de audiencias donde los dos imputados decidieron no estar presentes al momento de la lectura de la sentencia, el TOC 3 quilmeño le aplicó a Márquez Da Silva una pena de 45 años por los delitos de "homicidio en ocasión de robo, secuestro extorsivo y abuso sexual".

Los familiares de Durañona presente en el recinto escucharon emocionados el fallo unánime de los jueces Alicia Anache, Alejandro Portunato y Edgardo Salatino.

"Es una condena justa e histórica", dijo a la agencia Télam el abogado del particular damnificado, Ignacio Chiodo, al retirarse de los tribunales.

Para el letrado, las pruebas contra Márquez Da Silva fueron "absolutamente contundentes" y en ese sentido remarcó el reconocimiento en rueda de personas que hizo del ahora condenado la viuda de Durañona, la profesora de Ingles Verónica Wolgeschaffen (45).

Como evidencia fundamental, el letrado también citó una huella dactilar levantada de uno de los espejos del auto en el que se pagó el rescate por la mujer y que fue abandonado luego del hecho en una villa de la zona.

Tanto el abogado Chiodo como el fiscal de juicio Sebastián Videla -el mismo que realizó la instrucción de la causa- habían solicitado en sus respectivos alegatos ante el TOC 3 que se condene a Márquez Da Silva a 50 años de cárcel, al tiempo que desistieron de acusar a Casco.

De todos modos, el fiscal Videla si había requerido una condena a 22 años de prisión para Casco por el homicidio de Peña Britos.

Según Chiodo, la imputación a Casco en el crimen del abogado se basó únicamente en los dichos de una testigo de identidad reservada que durante la etapa de instrucción lo vinculó con los adolescentes enjuiciados en 2015 pero que en ese debate se desdijo y luego en el segundo proceso ni siquiera se presentó a declarar.

Por su parte, Márquez Da Silva y Casco dijeron ser inocentes al momento de ser indagados por el fiscal Videla, aunque en el juicio oral se negaron a declarar e, incluso, no pronunciaron sus "últimas palabras" antes del veredicto.

En tanto, Gilda Maltas, defensora de Casco, había pedido la absolución de Casco; al igual que las abogadas de Márquez Dal Silva, Soledad López y Mónica Trape, quienes cuestionaron el peritaje dactiloscópico y el reconocimiento en rueda.

Durañona era el representante legal del Colegio Sagrado Corazón de Quilmes y la noche del 17 de febrero de 2014 fue asesinado de un balazo en el pecho cuando se trenzó en lucha con uno de los dos delincuentes que pretendían secuestrar a su esposa de la puerta de su casa, situada en Sáenz Peña 231, de Quilmes Oeste.

Tras disparar contra el abogado, los asaltantes escaparon en el Volkswagen Fox en el que habían llegado a la escena del crimen y en el auto de la mujer, y poco después llamaron al hermano de ésta para pedir un rescate.

El hermano de la secuestrada fue en su Chevrolet Spark a pagar 500 pesos, 300 dólares, dos computadoras y otros objetos de valor a la esquina de Ituzaingó y Lamadrid, en el límite con Bernal Oeste, donde los delincuentes lo obligaron a abandonar el auto.

Los captores se llevaron el vehículo hasta la cercana villa Los Eucaliptus y a las pocas cuadras liberaron a la mujer que se encontró con su hermano cuando éste regresó al lugar donde había abandonado su auto.

A partir de la huella hallada en el Chevrolet Spark, los investigadores identificaron a Márquez Da Silva -sus datos cargados en el sistema AFIS ya que tenía antecedentes penales- y en junio de 2014 lo detuvieron en la localidad misionera de San Vicente.

En su descargo ante el fiscal Videla, el ahora condenado negó que esa huella fuese suya y denunció un supuesto "complot policial" en su contra; sin embargo, el TOC 3 de Quilmes no coincidió con esa versión, por lo que el misionero seguirá preso, del mismo modo que Casco.