El párkinson afecta a casi 1.800 personas en Mendoza
Alrededor de 2.600 personas mayores de 65 años que viven en Mendoza sufren el síndrome de Parkinson, según proyecciones médicas teniendo en cuenta la incidencia de esta patología en las sociedades, conviertiéndose en uno de los trastornos neurodegenerativos más extendidos tanto en la provincia como en todo el mundo.
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Esta enfermedad crónica (cuya conmemoración a nivel mundial es el 11 de abril), que provoca dificultades en el movimiento del cuerpo, se diagnostica una vez aparecidos los síntomas y requiere tratamientos con fármacos que, si bien no curan la patología, permite mejorar la calidad de vida del paciente y extender su sobrevida por muchos años.
El párkinson es un trastorno de carácter neurológico que afecta la motricidad del cuerpo al causar la pérdida progresiva de las células nerviosas ubicadas en una zona denominada "sustancia negra", en el área del mesencéfalo, que producen dopamina, una sustancia que permite la transmisión de impulsos de unas células nerviosas a otras y que es necesaria para el adecuado funcionamiento motor.
Los principales síntomas son la lentitud para ejecutar movimientos corporales, temblor de reposo y rigidez muscular en miembros o tronco. Además la persona nota dificultad para caminar con escaso movimiento de los brazos y arrastre de los pies, con dificultades para darse vuelta en la cama, entrar o salir del auto y en escribir, temblor en las manos, piernas o mentón. También se pierde expresión en la cara y baja el tono en la voz, entre otras cosas.
Sebastián Rauek, médico neurólogo clínico del Hospital Universitario y especialista en la enfermedad, explicó a MDZ que el síndrome del Parkinson afecta al 1% de las personas mayores de 65 años en Mendoza, lo que representaría alrededor de 1.800 personas, según los últimos censos. De todos modos, la incidencia de la enfermedad aumenta con la edad, alcanzando el 3% de la población mayor de 75 años. De todos modos, señaló que "existen casos de párkinson antes de los 65 años e incluso hay casos de niños y adolescentes, aunque estos son extremadamente raros".
La falta de datos respecto al origen de la enfermedad no permite determinar si hay personas propensas a resultar afectadas, ya que los antecedentes familiares tampoco son determinantes. "Todavía no hay marcadores de la enfermedad, ni clínicos ni por laboratorio que nos avise si un individuo puede tener párkinson en el futuro. Se está estudiando mucho sus factores predictivos, pero aún no hay nada práctico".
"No sabemos cuál es el desencadenante, aunque hay mucho más certezas sobre la fisiopatología o el mecanismo de la enfermedad, si bien todavía falta bastante por descubrir", subrayó, dado que la dopamina "es el neurotransmisor más importante en la psicopatogenia de la enfermedad, pero no el único".
Tratamientos
Respecto a los tratamientos para el párkinson, existen tres tipos: farmacológicos, rehabilitadores y quirúrgico, que pueden ser por separado o complementarios.
Rauek señaló que, en el caso de los fármacos, se tratan de medicaciones "que mejoran la actividad dopaminérgica, aumentan la dopamina o facilitan su actividad", ante lo cual "la más importante y efectiva es la levodopa", un compuesto desarrollado en la década del '60 y que se suministra únicamente vía oral. "Todavía no ha aparecido nada más efectivo que eso", destacó el profesional, aunque advirtió que "con tiempo trae algunos problemas, con lo cual se trata de utilizarla, en lo posible, en pacientes que realmente la necesiten, cuando las otras medicaciones no logran un buen desempeño clínico".
Otros de los fármacos más utilizados son los denominados agonistas dopaminérgicos, como el ropinirol, la rotigotina o la apomirfina, entre otros, y que son suministrados vía oral, en parches o inyectables, los cuales facilitarían la acción de la dopamina restante en el cuerpo o de la levodopa, si se combinan.
Pueden suministrarse otros medicamentos de variados orígenes que controlan la degradación de la dopamina y otros efectos de la enfermedad, pero suelen ser menos utilizados en los tratamientos y poseen menor eficacia que la levodopa o los agonistas dopaminérgicos.
En cuanto a los tratamientos rehabilitadores, uno de los más importantes es el ejercicio físico, que combate los síntomas motores de la enfermedad, principalmente el equilibrio y la postura. Además se deben tomar hábitos de vida saludables como evitar el alcohol y tabaco, como así también prevenir y controlar otras patologías como la obesidad o colesterol.
Finalmente, hay una opción de tratamiento quirúrgico, pero Rauek aseguró que "solo puede ser posible en muy pocos pacientes que cumplen con los criterios necesarios para ser sometidos a una cirugía".
Incidencia en la familia
Un paciente al que se diagnostica párkinson no solo debe afrontar un tratamiento para siempre, sino también las consecuencias psicológicas que acarrea esta nueva realidad. Pero también su entorno más cercano, especialmente el familiar, también verá severamente trastocado su modo de vida, ante lo cual también deben prepararse.
Rauek admitió que "la dinámica de la familia ante un diagnóstico de este tipo cambia", dado que "el paciente inicialmente es independiente, pero con la evolución de la enfermedad llega un punto que necesita mucha ayuda, y ahí es cuando los acompañantes directos son los que sufren esta enfermedad, incluso más que el paciente".
Cuidar a una persona que padece párkinson "es muy difícil", ante lo cual, según Rauek, "aparece otro trastorno asociado: el estrés del cuidador". Por eso, apuntó, es que "también los familiares necesitan algún tipo de tratamiento psicoterapéutico, como también apoyo y orientación".
Ante esto, los médicos que tratan a pacientes con párkinson también deben tener en cuenta la realidad del entorno. "Siempre se habla con los familiares y tratamos de indagar sobre cómo es la situación familiar y el cuidado del paciente, quién está a cargo, cuánto tiempo y cuántas horas".
"Muchas veces se hacen recomendaciones, pero se reconoce que es una tarea muy difícil porque cuesta encontrar cuidadores que sepan manejar a los pacientes y que sean de confianza, además el costo de ese acompañante es altísimo. Cuando no se pueden afrontar esos gastos, en la familia siempre hay alguien que debe dejar de trabajar o hacer una actividad para abocarse al cuidado del paciente", añadió.
Por ello, es importante que la familia comprenda los cambios que implica tener a un paciente con párkinson, y abordar las opciones posibles que sean lo mejor para todos. Así , el tratamiento posiblemente no solo tendrá mejores resultados, sino que contribuirá a relativizar el impacto emocional en el paciente y su círculo íntimo.

