Que el clima no traiga nuevos cromañones
A su manera, el incendio en la disco Cromañón, en el que murieron 194 personas (en su mayoría jóvenes que disfrutaban de un show de la banda Callejeros), marcó una grieta previa a la grieta más famosa. Una que, bien entendida, en adelante podía servir como alerta para evitar dolorosas réplicas.
Esa tragedia marcó un antes y un después en muchos aspectos, sobre todo en eso de poner el ojo donde por lo general -desidia o simple y pura corrupción mediante- se miraba para otro lado.
Fuera por el efecto contagio o el miedo al escarnio social, más temprano que tarde los municipios comenzaron a cerrar locales comerciales o de diversión que no cumplían con las más elementales normas de construcción o no ofrecían las garantías mínimas para un funcionamiento confiable. Los que querían inaugurar un nuevo espacio debían pasar un filtro cuyo rigor desconocían propios y extraños. En otras palabras, la muerte de casi 200 inocentes el 30 de diciembre del 2004 había sacudido la modorra de unos cuantos funcionarios indolentes.
Eso no significa que desde entonces no haya habido pasos en falso, plata bajo la mesa o errores a la hora de habilitar reductos abiertos al público. Pero al menos quedaba instalado un severo llamado de atención. El ojo social estaba puesto, más que nunca, sobre ellos.
Cada vez que algo se sale de madre en este país la primera reacción es un teatral mea culpa por no haber actuado antes, cuando aún se estaba a tiempo de evitar el mal mayor. Esto es aplicable a ejemplos como los del micro de TurBus que, circulando a más de 100km en una ruta de montaña (cuando la máxima autorizada era de 40Km), dejó 19 muertos; para el caso del camionero brasileño que chocó en contramano a un colectivo y aportó 16 cadáveres a las estadísticas, pese a los reiterados llamados al 911; o, más recientemente, a las dramáticas secuelas -por suerte sin víctimas fatales- que dejaron las violentas tormentas en varios puntos de la provincia.
Cada vez que algo se sale de madre en este país la primera reacción
es un teatral mea culpa por no haber actuado antes, cuando aún
se estaba a tiempo de evitar el mal mayor.
El calamitoso estado en que quedaron los principales centros comerciales del Gran Mendoza dejó al desnudo la poca o nula atención que se le concede al mantenimiento de estos transitadísimos espacios públicos. Es fácil con el diario del lunes jactarse de que no hubo una tragedia de milagro, pero tan cerca se estuvo que a pocas horas del feroz vendaval debieron activar sus operativos de emergencia para evitar una fuga masiva de clientes y las pérdidas no previstas.
La justificación pública fue que el fenómeno climático excedió los parámetros de una tormenta normal. Esto, válido sólo en parte, no explica ni justifica por qué fallaron los sistemas de desagüe, se derrumbó mampostería de todo tipo y no hubo una comunicación eficiente hacia quienes se encontraban eventualmente circulando por el Shopping, La Barraca, Walmart y supermercados varios.
Ya en 2013, un estudio del Centro de Investigaciones Ambientales y Sociales y la Cruz Roja, publicado por Pablo Icardi en MDZ, destacaba que "a diferencia de otras regiones, en Cuyo se presenta una diversidad de amenazas sin que ninguna predomine fuertemente sobre las otras. De acuerdo a la base de datos de desastres, las principales en cuanto a su recurrencia son: nevadas, inundaciones, tempestades, granizadas e incendios forestales".
El calamitoso estado en que quedaron los principales centros comerciales dejó al desnudo la poca o nula atención que se le concede
al mantenimiento de estos transitadísimos espacios públicos.
De hecho en los últimos años hubo más víctimas por estos fenómenos que por consecuencia de sismos o terremotos. Según la misma nota, desde 1970 a 2007 (período que abarcó el estudio), en la esta región se registraron 312 muertes por catástrofes. De ese total, unas 110 tuvieron que ver con factores climáticos.
Hasta el propio gobernador admitió a este medio los serios problemas de drenaje del Acceso Sur, donde cientos de automovilistas quedaron atrapados en medio del agua. Cornejo reconoció los problemas estructurales y de paso alertó que ante futuras tormentas bravas lo mismo podría ocurrir con la doble vía Luján-Tunuyán. En ese caso, le apuntó a la "herencia" de Paco: dijo que para concretar esa demorada obra la gestión de Pérez recortó costos.
En virtud de su critica, es de suponer que para la tercera trocha que actualmente se construye en el estratégico Acceso Sur debe haberse contemplado un buen sistema de drenaje para no reeditar esa Venecia a la mendocina que muchos padecieron el martes y otros tantos vieron como una película de terror a través de los medios y las redes sociales.
En los últimos años hubo más víctimas en Cuyo por fenómenos climáticos que por consecuencia de sismos o terremotos.
Cada nuevo Cromañón, fruto de la imprevisión o la más absoluta inoperancia, supone un fracaso de todos como sociedad. En algo le estamos pifiando feo, seguramente. Y la metáfora, por si no fue clara, es igualmente válida haya o no muertos de por medio.
Los padecimientos de los afectados, sea uno o sean miles, son el resultado de la impericia de quienes tienen una responsabilidad cierta e irrenunciable. Sí o sí siempre hay responsables a los que hay que exigirles hacerse cargo, sean estos políticos, dirigentes sociales o empresarios.
Antes de que nos llegue el agua al cuello, vale ir levantando la mano. No verla será propiciar futuros cromañones.