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Puentes (recomendables para unir grietas)

El libro "Filosofía al paso" propone, sin pasiones alteradas, un camino entre orillas. Para los días actuales es más que una metáfora. Unir es más trabajoso que desunir.

Del latín pons, pontis.

1. Construcción de piedra, ladrillo, madera, hierro, hormigón,que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios, para poder pasarlos.

2. Suelo que se hace poniendo tablas sobre barcas, odres u otros cuerpos flotantes, para pasar un río.


El último libro de Eduardo Daniel Rodríguez, "Filosofía al paso", cumple una primera expectativa, de acuerdo a su título: propone preguntas en distintos frentes, sin demasiado intelectualismo. Ya por ese tratamiento doméstico de "lo" filosófico y sin demasiados artilugios, merece ser distinguido. 

Se lo confesé al autor, con algún temor, puestos a conversar en una charla que no por mínima resultó nada ligera. "Es un elogio", dijo, para mi tranquilidad. "Hace más de treinta años que doy clases de Filosofía y creo más que nunca que esta disciplina lo que debe generar es abrir el juego, cuestionar a quien se acerca a las preguntas desde cualquier situación".

En este texto, el creador de Cafés y Vinos Filosóficos (ver video), merodea alrededor de 11 temas, capitulados "para compartir mis propios temores, incertidumbres y búsquedas (...) Algunas respuestas he ido encontrando, pero lo que expresamente quiero compartir es esa inquietud por hacer brotar la pregunta en cada uno".  

Rodríguez se detiene para reflexionar acerca de la capacidad de asombro, los puentes como metáfora, el arte de escuchar, el camino de la solitariedad a la soledad, el miedo, la mujer como actor social, el amor en sus formas contemporáneas, el consumo como paliativo y tapadera existencial, e incluso sobre moral y su dinámica.



Por alguna razón nada muy sofisticada me detuve en el puente propuesto por el filósofo y su mirada sobre estos sistemas que me hicieron recordar el paralelo con los laberintos. El puente como punto de partida filosofal viene, en esta época, casi como anillo al dedo para reparar lo que -creo- también ha sido devastado por la cultura política dominante: las uniones.

"El puente une lo separado. Es por esto que tiene un cierto carácter de indispensabilidad: únicamente se puede transitar por él para llegar al otro lado. Sin puente no hay forma de pasar, sólo nos queda hacer un largo rodeo, y como creo que no somos demasiado conscientes de esta condición de nuestros vínculos, no hacemos mucho para acortar distancias y nos quedamos en nuestra propia orilla, como islas".

Mientras leía este párrafo se me representaba el momento del país, en tanto me aclaraba esa idea de quedar como islas. O aislados, si se me permite la ampliación metafórica. 

¿Estaremos tan en nuestra propia orilla que olvidamos ya el paisaje de lo que está al otro lado del puente?


"La filosofía no es un dogma", contesta el filósofo. Y me sonrío, porque hasta también de esto hemos abusado, al crear y creernos un sistema ideológico tan encorsetado, tan limitado, fanático y poco práctico. "El dogma está en las antípodas de la filosofía", aclara Rodríguez. 

Me da cierto alivio y felicidad saber que los filósofos ven a su disciplina como un asunto orgánico, dinámico, mutante. Siempre descreo de los que piensan lo mismo y se repiten como fotocopias de sí mismos. Me asusta esa clase de gente. De derecha o de izquierda, tanto da.

Hay otro tramo en este capítulo de los puentes que me atrajo por la comparativa entre construcciones comunes y su analogía con nuestra vida y con lo que de cada una de nosotros finalmente resulta en lo que llamamos "vida en sociedad". Me refiero a lo que diferencia a los puentes de los caminos y los túneles. 

Si Lázaro Báez hubiera sido más inteligente que vivo quizá hoy no estaría alojado en una cárcel. La honestidad tiene "mala" prensa y es como un tango: el que no afana es un gil.  Si hay que afanar, que avisen las autoridades, entonces, y abrimos el juego y damos paso a una especie de reality de supervivencia en la jungla, ya sabiendo que al de al lado, como mínimo, lo cagamos, mal, de una, sin hipocresías. Avisen, che. O hagamos otra cosa.


"Ayudar a sacudir cierta anestesia existencial", una de las misiones del filósofo argentino.

Sostiene el autor: "El camino no une sólo dos puntos sino que se ramifica en decenas de caminos alternativos, secundarios, que desdibujan la idea de un destino final; en tanto, la cabecera del puente está allí, no puedes eludirla.

Por otro lado, lo propio del túnel es lo subterráneo. En cambio el puente supone que siempre hay otra cosa que queda por debajo (...) Al puente hay que sostenerlo. El puente es un lugar vulnerable, una construcción frágil".







Es posible proseguir pensando la actualidad nacional como la reconstrucción de un puente. Me agrada está metáfora.

Unir lo que ha sido sistemáticamente desunido. Ampliar ese tránsito, ida y vuelta, para no negar la otra orilla, para vivir y convivir entre puntos que deben aproximarse a nociones más edificantes que la del "aislado", el "marginal", el "orillero" anclado, el "renegado".

Rodríguez me dijo que por su formación académica está educado en "el respeto hacia el otro, en la interpelación amable, no agresiva". Y de allí que sus espacios informales de discusión sean verdaderos foros en los cuales los participantes "no polemizan sino que se expresan".

Puente del Inca: testigo de millares de mendocinos que raudos buscan ofertas al otro lado de la cordillera. De tanto pasar por allí no reparamos en su legado.


Respirar libertad no es joda, amigos. Pregunten en Venezuela lo que darían, no ya por una ración de comida normal y diaria, sino por inhalar y exhalar bocanadas de libre expresión. Ahora, si vamos a votar y a elegir a nuestros gobernantes nada más que por los vaivenes de la economía, pongamos todos la boleta de Donald Trump en el sobre dentro de la urna y convirtamos al presidente de un país en el presidente de todo el mundo. Y sigamos desde la TV cómo un superhéroe, al estilo Batman, soluciona todos los problemas, hasta los nuestros, los más íntimos. 

Hay compatriotas que no pueden asomarse al siglo XXI de tanto miedo al cambio, a la transformación, a toparse con nuevos paradigmas hechos realidad. Decía el poeta y lo transcribo; "no nos une el amor, sino el espanto"

Usted o vos, o quién demonios siga este relato, ¿cómo prefiere hacer  historia de este país: siendo un puente, un camino o un túnel?


En esa respuesta podríamos encontrar qué clase de país queremos para nuestro futuro, aún el de aquel que, sí o sí, existirá sin nuestra presencia física. Y al que podamos darle ciertas bases, cimientos estructurales. Nadie quiere sufrir, pero alguien debe hacerlo. No es masoquismo. Es la historia, cruda, seca y sin mucho verso.

Tres opciones y tres destinos: puente, camino o túnel. Escoge tu aventura o tu desdicha. También la nuestra, si es que a alguien realmente le importa el que está al lado.