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Ganó la tenencia de sus hijos, pero los abuelos se la niegan

Una madre continúa la lucha para poder ver a sus hijos y criarlos con normalidad. Las disputas comenzaron con quien fuera su pareja, pero cuando este falleció, continuaron con sus suegros.

María Celia Fernández es la madre de dos niños de 12 y 9 años de edad, que pelea por su tenencia desde hace ya seis años. Hoy, y pese a que la Justicia se expidió a su favor en dos ocasiones diferentes, asegura que los abuelos se niegan a devolverle a sus hijos y están haciendo una "retención indebida de los pequeños".

El conflicto comenzó en agosto de 2011, cuando los padres de los niños se separaron, en medio de peleas que incluyeron la exclusión del hogar del padre de los niños, Diego Videla, quien falleció cuatro años después en un accidente de tránsito, cuando aún estaba apelando la primera decisión judicial. 

Exclusión del hogar de Diego Videla y decisión de ir a juicio por la tenencia de los menores (2011).

En 2011 María Celia fue acusada por su pareja y sus suegros de desequilibrios psíquicos y emocionales que, de acuerdo con ellos, la hacían tener actitudes violentas hacia los niños -cosa que la Justicia desestimó, luego de peritar a toda la familia- Este fue el argumento del padre para solicitar la tenencia exclusiva de los niños, ya que argumentó que la madre no estaba en condiciones de criarlos. 

Por su parte, la mujer también acusó a quien fuera su pareja de ser violento, así como también a los padres de este. María relató que vivió durante siete años con sus suegros, y que en diferentes ocasiones fue menospreciada por ellos por su condición económica y social. 

La mejor situación económica del padre de los niños y de sus suegros también fue utilizada como argumento por la familia para pedir la tenencia. Pero la Justicia no hizo lugar a esto, así como también determinó que los abuelos de los niños fueran "tachados" como testigos de Videla, debido a que no solo eran parte interesada sino que también se determinó que influenciaban mucho al hombre, especialmente su madre.

Como suele suceder, en estos casos que involucran menores, las cosas que cada uno de sus progenitores decía sobre el otro terminaron generando un "conflicto de lealtades, en el hijo mayor", en el que la mayor perjudicada fue Fernández. Los abuelos paternos también se involucraron, y los niños debieron ser sometidos a largos procesos para que la Justicia determinara lo que sería mejor para ellos.

Paso a paso, el conflicto de los Videla Fernández

 En agosto de 2011 Videla la demandó por la tenencia definitiva de sus hijos menores de edad, que en ese entonces tenían 3 y 6 años. 

El hombre argumentó que su ex pareja tenía "graves desequilibrios mentales" por los que había sometido a los hijos a "violencia física y verbal". El hombre aseguraba, además, que Fernández había iniciado tratamientos psicológicos y psiquiátricos, pero que no los mantenía.

El padre de los niños también aseguró que el psiquiatra de su ex pareja había manifestado que por su condición "no podría vivir sola ni se hallaba apta para el cuidado de los niños", y que había recomendado su internación, pero esta se habría negado.

Por su parte, Fernández negó todo ante la justicia, y contó que anteriormente el hombre la había denunciado ante el OAL, debido a que, según sus palabras,"maltrataba a los niños". En esa ocasión, las autoridades comprobaron por primera vez que los pequeños tenían un buen vínculo con la madre y, por el contrario, encontraron claros indicios de que en realidad habría sido él quien sometió durante años a Fernández con actos de violencia, de la misma forma en la que lo habrían hecho sus suegros, con los que la pareja y los niños vivieron durante siete años.

Fernández indicó que "Videla nunca respetó el convenio firmado" y que, por el contrario, se "llevaba a los niños impidiendo el contacto" con la madre, además no cumplió con el pago del alquiler de la vivienda por lo que ella y sus hijos fueron desalojados. Desde el 8 de agosto y hasta el 9 de septiembre de 2011 el hombre se llevó a los niños y no dejó que la mujer los viera, hasta que la Justicia le ordenó lo contrario.

En varias ocasiones la ex pareja se hizo denuncias cruzadas, el primero de enero de 2012 fue Videla el acusado, y cinco días más tarde cuando Fernández se llevó a los niños de vacaciones (a Potrerillos) este la denunció por "secuestro", pese a que la demandada presentó pruebas de que había enviado mensajes avisando el lugar al que iban. 

El conflicto entre ambos progenitores llegó a los diarios, con acusaciones cruzadas.

La Justicia dispuso peritajes y Fernández recibió visitas de una trabajadora social, quien consideró que no hubo violencia hacia los menores y que, por el contrario, estos se desenvolvía bien con ella y que las condiciones socio-ambientales no obstaculizaban la permanencia de los niños en el hogar de esta.

Las pericias psicológicas evidenciaron que Fernández "no presenta indicadores de personalidad violenta, aunque en ocasiones de alto impacto emocional puede reaccionar impulsivamente". Y en el caso de Videla, se encontraron "ciertas características de personalidad (rigidez, egocentrismo, fallas en los procesos de autocrítica, manipulación) que inciden negativamente al momento de preservar a sus hijos de la conflictividad adulta y favorecer el contacto con su madre". 

Todo esto generó un "conflicto de lealtades" en el hijo mayor, "absolutamente nocivos para su salud mental".

La Justicia finalmente determinó, en noviembre de 2012, que la tenencia de los niños debía ser otorgada a la madre, y decidió enviar a ambos progenitores a un tratamiento psicológico a fin de "superar el conflicto existente entre los adultos", de modo que pudieran "ejercer sus roles en función del desarrollo armónico, integral y pleno de la personalidad de sus hijos".

Esta sentencia fue apelada y los niños permanecieron un tiempo más con su padre y sus abuelos, pero a la madre se le permitía verlos. Durante la apelación se volvió a peritar a los padres, nuevamente se determinó que Fernández no tenía una personalidad violenta, aunque sí estaba bajo mucha presión. 

En junio de 2015, Videla falleció en un accidente de tránsito, y desde esa fecha los abuelos decidieron cortar todo contacto con la mujer y le prohibieron ver a los niños. Antes de que este falleciera, y tal como lo había determinado la Justicia, los adultos habían logrado tener "vida y trato de familia no conviviente -viajes fuera de la provincia, paseos, etc.-".

En febrero de 2016, con motivo de la muerte del padre de los niños, la Justicia volvió a intervenir y determinó nuevamente que la custodia debía quedar en manos de la madre. A fin de que el reintegro se diera de forma paulatina y progresiva, como había sugerido la perito psicóloga en pos de los menores, la Justicia determinó que los abuelos paternos se quedarían con ellos dos días a la semana (martes y jueves) y fines de semana alternados. la Justicia admitió la "necesidad de contacto" de los dos menores con sus abuelos paternos, pero sostuvo que la crianza y educación debía estar a cargo de la madre.

Una vez más, la madre, y los abuelos (Mario Videla, Diana Quevedo) y María Celia fueron enviados a terapia familiar para que lograran llevarse bien en beneficio de los niños, debido a que los niños también tienen un vínculo muy importante con sus abuelos. 

Esto tampoco se cumplió y los abuelos volvieron a apelar la medida judicial, lo que significa una nueva dilación en el conflicto que se había iniciado en la pareja y se "reeditó" con los suegros.