Populismo (según Michel Houellebecq, en Buenos Aires)
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En noviembre último arribó al país Michel Houellebecq. Estuvo en Buenos Aires, apenas, lo que alcanza para decir que su visita no resultó tan nacional (mucho menos federal) y mucho menos popular, si nos atenemos a los lectores que transitan sus textos. Pero el escritor francés es bastante más popular en su país. E integra una corriente de pensamiento que resulta incómoda, tanto como para los sectores de la derecha como para la izquierda.
Su paso por la última metrópoli de Sudamérica fue bastante activa, más propia de una mega estrella de rock que a la de alguien a quien suponemos escribiendo las incomodidades para burgueses de ambos lados.
Cuando se habla acerca suyo la prensa más popular lo define como "incorregible".
Sin embargo, bastante lejos del peronismo se sitúa a la hora de analizar este tiempo, pero también aquello que podemos simplificar como relato histórico.
Francia y su supuesto declive, la prensa como "cuarto poder", la "ignorancia" de Sartre y Camus puestos a analizar un siglo sumamente científico, el rol de los intelectuales, y la definición de "nuevo progresismo", es lo que me permito compartir aquí, si es que alguien ya no ha pispiado esta conferencia suya, traducida. Aporta puntos críticos para el debate incluso en nuestro país.
"¿Cuánto duró la ideología laica y nacionalista que reemplazó en Francia a la religión? ¿Cuánto duró el patriotismo? Un poco menos de cien años. Desde las guerras napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial. El patriotismo francés desapareció en las trincheras y no fue reemplazado por nada. En cambio, la cristiandad medieval duró más de mil años", afirmó, en su tramo argentino.
Siguen otras pocas definiciones que extraje -casi al azar- de esta conferencia, auspiciada por el Ministerio de Cultura de la Nación (y el dato no es menor, progres nativos y ortodoxos), bajo el título "Los intelectuales abandonan la izquierda".
Anexo 1: Houellebecq bebe cerveza mientras lee una suerte de ensayo desmitificador, una lección para "progresistas que atrasan". No se percibe preocupado por situarse a la izquierda ni a la derecha de nadie ni de nada, sino de ejercitar una crítica. Es el punto seductor que siempre envuelve a sus libros de ficción (o no tanto): escribir sobre la realidad, pero la otra, la de carne y hueso, la falible, muy lejos de los círculos de poder, de lo dominante y hegemónico.
"La violencia del debate político en Francia es simplemente una caza de brujas que no ha dejado de aumentar. El nivel de insultos no ha dejado de aumentar", subraya..

Luego. otras perlas de su ideario:
"Inmediatamente después de 1945, y durante muchos años, quienes constituyeron la cuña intelectual en Francia eran Sartre y Camus. Ambos obtuvieron el Premio Nobel y todas sus posiciones eran inmediatamente seguidas. Eran como verdaderos maestros del pensar. Ellos mismos decían ser filósofos, ante todo filósofos. Escribían también novelas, pero su gran título era que eran filósofos.
"En la acepción clásica del término, que comparto, un filósofo es alguien que produce un discurso dominante sobre el mundo, un discurso que puede integrar todos los conocimientos que el ser humano pudo adquirir sobre el mundo, en particular todos los conocimientos científicos. Lo que a mí me llama la atención de Sartre y de Camus es su extraordinaria ignorancia en materia científica. El siglo XX es un siglo científico brillante, tanto como el XIX".
He disfrutado esta conferencia con el mismo entusiasmo que siento frente a aquella obra de arte que me traspasa y se convierte en centro de percepción y sensibilidad. Deseo advertir, en lo posible, algunos asuntos sobre esta charla de un escritor fundamental de occidente:
1- No es recomendable para izquierdistas afincados en el dogma
2- No es refugio para la derecha democrática.
3- No es recomendable si por cambiar uno cree que la onda es montarse a la New Age (o a una moto enduro) o ejercitar el Yoga para liberar la angustia. Eso que los occidentales insistimos en llamar "alternativo", para Houellebecq, es como Arjona o Thalía..
Habla sobres las luminarias de Francia en los siguientes términos:
"Nunca les encontré un sentido a lo que escribieron. Y cuando se leen páginas y páginas sin encontrar en ellas un sentido, uno puede decirse que es un boludo".
Música, maestro.



