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Diálogo (El Papa y el rabino y la virtud de la tolerancia)

Todos tenemos un amigo judío. Más allá de la humorada, Bergoglio también. El reencuentro en el Vaticano entre dos argentinos que marcan tendencia.

Del latín dialŏgus, y este del griego διάλογος.

1. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos.

2. Discusión o trato en busca de avenencia.


El jueves fue más Jorge Bergoglio que Panchito El Peronista Rebelde. Es que el jefe mundial del catolicismo recibió en el Vaticano a uno de sus más entrañables amigos, el rabino Abraham Skorka. Ambos se han definido como "hermanos".

El rabino, también argentino, aprovechó la ocasión para entregarle al Papa una elaborada edición de la Torah, el libro sagrado del judaísmo. Skorka encabezó una delegación de judíos, con los cuales concretó esta edición de los cinco primeros libros de la Biblia.

Si alguno tiene duda sobre la amistad entre ambos pueden oír al rabino reafirmando el vínculo: "Querido Papa Francisco, querido amigo, querido hermano". A su turno, Francisco destacó que "en medio de tantas palabras humanas que llevan a la división y a la competición, estas palabras divinas de alianza, abren caminos de bien que podemos recorrer juntos".

"Estoy muy emocionado, pidiéndole a Dios que le ayude, que le dé fuerza física (en su juventud sufrió una infección respiratoria y le tuvieron que extirpar un pulmón), que redoble sus fuerzas espirituales", ha dicho el rabino.


Allí se concentra parte de la importancia de este hecho: es una muestra más que cabal sobre las posibilidades de desarrollar el diálogo pese a las diferencias, la búsqueda de concordia por encima de las pasiones desaforadas, el oír por el gritar, el comprender a cambio del obedecer sin más opción. 

Arrastramos una historia que nos dejó al borde de una división que apenas hizo bien a muy pocos en una sociedad de muchos.


El Papa y el rabino han abierto un camino que no suele ser el más fácil ni el más rápido, aunque se reserva como valor fundamental el del apego al intercambio de ideas. Y me refiero a tópicos mucho más allá de lo religioso. Lo expresó Bergoglio en la ocasión:

"La Toráh manifiesta el amor paternal y visceral de Dios, un amor que se manifiesta en palabras y gestos concretos, un amor que se convierte en pacto. La misma palabra pacto resuena con las asociaciones que nos unen (...) El diálogo fraterno e institucional entre judíos y cristianos se ha consolidado y es eficaz a través del diálogo continuo y colaborativo".

Es muy posible que tanto el rabino como el Papa nos hayan estado hablando como compatriotas de impacto universal, pero estimulando a que continuemos un modo de relaciones que altera la pelea, la confrontación y hasta la mezquindad. Es una buena pregunta para formular a políticos y sindicalistas, aquí. 

¿No están cansados de fracasar, siempre enquistados en métodos que sólo han empeorado la vida de la mayoría de nosotros? 

En medio de tantos conflictos, tantas patriadas, tanto lenguaje extralimitado, siempre pienso que uno de los problemas nacionales es que perdimos la noción acerca del éxito.


Skorka frecuenta a Bergoglio desde 1990. Y es religioso (obvio) el hecho que cada 5 de julio el rabino sea llamado por su amigo con motivo de su cumpleaños. Es tanta la confianza que Skorka es uno de los pocos que almuerza o cena con el Papa en Santa Marta, a solas. Una biografía de Bergoglio antes de su irrupción en Roma, llamada "El Jesuita", y escrita por Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, lleva el prólogo del judío.

Ambos compartieron impresiones y puntos de vista en otro libro. "Entre el cielo y la Tierra" es más que un texto. Se trata de una actitud que levanta vuelo en la chatura de los monólogos, al recopilar 100 horas de charla entre dos religiosos que "pretende ser un aporte para empezar a reconstruir la cultura dialogal".




Hoy me quedo con esto: la cultura dialogal. 

Es el camino más lento y quizá el más empinado, pero, a ciencia cierta, el más seguro en esta aventura de ser y vivir mejor y que los que vengan también lo sean, sin por eso perder carácter o identidad.