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El lado salvaje

Es de Godoy Cruz. Tiene 22 años y posee una historia tan real como mágica. Un pequeño gran héroe, pese a todo.

Nació en Godoy Cruz, hace 22 años. Allí todavía vive su madre. El, en cambio, hace 10 años que se marchó de Mendoza. Se fue de su casa a los 12. Dice que no estaba bien y que todo este viaje de una década lo ha puesto más del lado de la vida que de la no vida.

Es su cuarta temporada consecutiva en Pinamar como mesero. Los primeros 3 años los curtió en UFO Point. Haber salido de allí para cruzarse a la "competencia" también lo ha confirmado en el sendero de las buenas decisiones.

Cuando vuelve a Mendoza lo hace por dos motivos: visitar a su madre o hacer la temporada de invierno en Las Leñas. Incluso estuvo trabajando en un restaurante en Buzios, medio año, pero no resultó el plan, pese a que le iba bien: las ganas de ver a su mamá pudieron  más que cualquier ofrecimiento de trabajo estable.

Es un hombre de 22 años cuando muchos a esa edad no saben o no quieren salir de esa suerte de adolescencia crónica a la que se confinan. 

No se droga, no bebe alcohol aunque le gusta bailar. Su mayor diversión, sospecho, es atravesar la vida como una aventura de este lado, alejándose del precipicio.



- Si yo no me ayudo, ¿quién lo va a hacer por mí?-, dice, cuando me cuenta su historia, resumida y casi precipitadamente. 

Luego se ríe, como todos los días, entre mesas y comandas, con una sonrisa tan amplia como la tormenta que se avecina. Y sale hacia la cocina del restaurante que lo tiene entre sus mejores empleados.

El sol sale para todos. Incluso en los días más nublados.