El "Camino del Fraile", un paso secreto entre Mendoza y Santiago
Una ruta de tráfico de esclavos durante la colonia, un legendario atajo conocido por un fraile que podía cruzar la Cordillera en un solo día; camino secreto de los espías de San Martín y de los patriotas chilenos que huían de la reconquista realista. En parte leyenda y en parte realidad, se trata del "camino en derechura" entre Mendoza y Santiago de Chile, que por siglos buscaron desde los gobiernos hasta los aventureros y contrabandistas.
Durante la dominación española los pasos más transitados, por donde discurría el comercio ‘formal', eran el de Uspallata o la Cumbre (actual Paso Cristo Redentor) y el de Piuquenes (Tunuyán, a través del Portillo Argentino, al que llamaban también Portillo Mendocino). Estos caminos eran la vía más directa entre Buenos Aires y Valparaíso. Representaban una alternativa al largo rodeo en barco hasta el Cabo de Hornos, con todos los peligros de los "mares del sur". Pero los altos pasos cordilleranos, además de tener sus propias amenazas, sólo se podían usar durante unos meses al año. Por otro lado, mendocinos y santiaguinos mantenían una relación fluída, con una intensa circulación de bienes y de personas que demandaba mejores condiciones.
El historiador Pablo Lacoste lo define en unas pocas líneas: "Mendocinos y sanjuaninos prácticamente monopolizan el flete Buenos Aires-Chile y viceversa, principalmente los primeros. Mendoza es ciudad de troperos. Los cuyanos son verdaderos fenicios de los siglos XVII y XVIII".
Ese contexto era tierra fértil para cualquier dato sobre una ruta que permitiera franquear las montañas más rápido o con menos peligro que los dos pasos comerciales. Así, la vieja leyenda de un cura que salía de Santiago el sábado, daba misa en Mendoza el domingo y el lunes a la noche ya estaba de regreso en Chile, encontró oídos atentos en las autoridades del Virreinato.
La existencia del "Camino del Fraile" se comentaba en las salas de las familias patricias de Mendoza, según el historiador y andinista Humberto Barrera ("Antiguos Caminos entre Santiago y Mendoza", Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, Segunda Epoca, nro. 8, 1975). Las versiones situaban vagamente el itinerario "en la ladera norte del Tupungato".
En 1785 el Cabildo de Mendoza le planteó al marqués de Sobremonte, entonces gobernador intendente de Córdoba, la necesidad de abrir un camino "en derechura hacia la ciudad de Santiago de Chile, sin los rodeos e incomodidades que tienen los que están en uso", de acuerdo a una investigación del autor chileno Pedro Santos Martínez (disponible online en www.libros.uchile.cl). El funcionario accedió y se encomendó la delicada tarea de reconocer el terreno al mendocino Juan Godoy, quien partió hacia la cordillera en 1786. Pero en el camino se enteró de que su esposa estaba enferma y abandonó la misión.
No fue hasta el año siguiente que el gobierno logró que se completara el reconocimiento. Lo hizo Pedro José Arenas en doce jornadas, bastante más que las 24 horas del veloz religioso de la leyenda. El itinerario que siguió en territorio argentino es confuso, pero indica que pasó por la Pampa de La Carrera, Las Tunas (posiblemente el arroyo Las Tunas, en Tupungato), el río Tupungato y que luego cruzó "la Cordillera del Medio" (Cordón Principal o del Límite) para llegar al Valle de Olivares y a la estancia La Dehesa, en Chile.
Sobremonte envió el informe del teniente Arenas al gobierno chileno. Años después, Domingo Faustino Sarmiento publicaría el documento en la revista Sud América. En Santiago el reporte dejó muchas dudas. Pero cuando en 1788 un alud cortó el camino de Uspallata, y las comunicaciones debieron hacerse por el áspero paso de Piuquenes, la búsqueda del "Camino de la Dehesa" cobró nuevo impulso. Se encomendó un reconocimiento al arquitecto italiano Joaquín Toesca y se contrataron baqueanos de Mendoza como guías. Pero estos conocedores nunca aparecieron, así que Toesca fue con los que consiguió. Regresó sin haber logrado cruzar los Andes y aseguró que el paso era impracticable.
Pero existían también crónicas y relatos de arrieros que conocían bien la ruta. Humberto Barrera estudió esos documentos y da cuenta de la utilización del camino secreto: "Así, Juan Galardón se refiere a lugares peligrosos donde se desbarrancaron 16 vacas. Francisco Verdugo dice que cuando tenía 12 años vio un arreo (sic) de 50 esclavos negros y negras traidos por el Olivares".
De todos modos, las exploraciones oficiales se interrumpieron. En 1804 un emprendedor local, Jacinto Lemos, formalizó una original propuesta al Consulado chileno: él se encargaba de abrir el camino, y a cambio pedía que lo dejaran ingresar a Chile 2.000 cabezas de ganado por año, durante diez años. Pero la propuesta fue rechazada por el gobierno trasandino, indica Santos Martínez en su texto.
Los caminos secretos entre Mendoza y Santiago recuperaron notoriedad -y necesidad- tras la revolución de 1810. San Martín armaba su minucioso plan continental en Mendoza y O'Higgins trabajaba al otro lado de los Andes. Las comunicaciones y las tareas de inteligencia eran más importantes que nunca.
San Martín puso en marcha un estudio sistemático de todos los pasos cordilleranos de la región.
El "camino en Derechura" volvió a ser el centro de conversaciones en voz baja, en los salones y también en los fogones. Se comentaba que Manuel Rodríguez, una figura singular de las luchas independentistas de Chile y firme aliado de San Martín, usaba este camino oculto en sus idas y venidas a través de la cordillera. También que los arrieros que lo conducían le vendaban los ojos en los lugares estratégicos, para guardar el secreto. Otro patriota chileno, el mayor Picarte, habría usado esta ruta (un cerro de esta zona hoy lleva su nombre).
El general argentino envió a un explorador de su confianza, el ingeniero Antonio Arcos, a relevar el camino entre Tupungato y La Dehesa. Pero un gran campo de penitentes le impidió el paso, y regresó. Una misión de O´Higgins desde Santiago no tuvo mejor suerte en 1821.
Pasaron los siglos y la factibilidad de este camino -o su propia existencia- mantuvo su condición incierta. La Comisión de Límites de 1881 relevó e identificó los portezuelos cordilleranos limítrofes. Tres de estos pasos podrían corresponder al camino del Fraile, de la Dehesa o en Derechura: el portezuelo Pircas, el Morado o el Tupungato. En 1941, Humberto Barrera procuró terminar con el misterio y encabezó una expedición. El escritor y sus compañeros cruzaron el Paso Pircas, ubicado entre el volcán Tupungato y el cerro Polleras. Barrera asegura que éste es el famoso camino; y, para tristeza de los amantes de las leyendas, refuta enérgicamente que se pueda realizar en una, o aún en dos jornadas a caballo.

