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El diccionario según Runno: Batuta

La francesa Nathalie Marin vuelve a dirigir en el Independencia, junto a la Filarmónica, este sábado. Repertorio delicado y monumental en un programa inusual.
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Del italiano battuta, 'pulsación', 'compás'.

1. Vara corta y fina con que el director de una orquesta, banda, coro, conduce la ejecución de una pieza musical.

2. Director de orquesta.

En Copenhague vivió durante 3 años, donde obtuvo su Maestría en Dirección de la Escuela Real de Dinamarca. Allí fue asistente de dirección de la "Royal Danish Opera". En Venecia, en cambio, fueron dos temporadas, intensas, en las que se aproximó al mundo de la lírica, a tal punto que también dirigió en el célebre teatro La Fenice. 

La directora Nathalie Marin encuentra familiar el paisaje de viñedos en Mendoza, ya que su infancia transcurrió también en la bucólica vida de campo y también entre viñedos. El lugar se llama Vienne y es una zona en la que se producen vinos finos muy renombrados.

Este sábado, en el Teatro Independencia, es la invitada de la Orquesta Filarmónica, así como también el saxofonista Emiliano Barri en calidad de músico solista. En la primera parte del programa escogido, interpretarán la obra "Prélude à l'après midi d'un faune", de Debussy. Posteriormente el "Concerto da Camera para Saxo Alto y Orquesta", de Jacques Ibert, y el cierre será con la "Sinfonía Nro. 5", de Tchaikovsky.

Marin es una amiga de Mendoza, ciudad a la que ahora regresa con un repertorio de obras francesas, entre la sensualidad y el carácter elegante, y un potente registro ruso, monumental, de Tchaikovsky, al que bien se ha definido como "romántico en el crepúsculo del romanticismo". 

El compositor ha sido puente entre Este y Oeste, nacionalismo y cosmopolitismo, tradición e innovación, ternura y agresividad, hasta incluso se ha especulado entre masculinidad y feminidad. La obra que se oirá en el Independencia fue estrenada en la Sociedad Filarmónica de San Petersburgo, en noviembre de 1888.

Una forma de entender la historia es bucear en registros literarios. Y para saber cómo era esa ciudad aún hoy deslumbrante, a fines de 1890, una buena oportunidad es recorrerla con los libros de Vsévolod Garshin. Ha sido uno de los tantos cronistas que ha dado San Petersburgo. Bastante particular y muy a su modo, el escritor no fue demasiado prolífico. Escribió apenas una veintena de historias, acaso las justas y necesarias. Su escritura lo emparenta con Dostoievski y es precursor de Chéjov. ¿Precisan leer a alguien con extrema concentración e ironía? Garshin puede ayudar, en ese caso.

El libro por el que posee cierta fama es "La flor roja". Decir que es un compilado sobre dementes y manicomios es no ser tan amenos con su pluma. Allí se describe la trama de un chiflado que se propone desafiar y derrotar la maldad en el mundo. En este recorrido concluye que la naturaleza de la maldad se aloja en tres amapolas que crecen en medio del jardín del hospital en el que está confinado. Esto, amigos, era la San Petersburgo de los estrenos de Tchaikovsky, mejor recibidos allí y en Europa que en la propia Moscú.


No ha sido un desafío menor encarar esta partitura para Nathalie Marin, actualmente directora residente de la Orquesta Filarmónica de Kosovo. 


Pero sus méritos son cada vez mejor calificados. Ya ha sido invitada para dirigir la Orquesta Filarmónica de Bruxelles (Bélgica), Orquesta Sinfónica de Türingen (Alemania), Orquesta Filarmónica de Niza, Orquesta Sinfónica de Cannes, la Sinfónica de Copenhagen, Voralbergsinfoniker en Austria, Orquesta Sinfónica de Chile, la Orquesta Académica del Teatro Colón, y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, que dirige con frecuencia desde 2006.

Este concierto en Mendoza es el último de la directora en el país durante 2016. 

A propósito de la enumeración hay que destacar que ella viene de realizar dos funciones con la Orquesta Académica del Teatro Colón. Luego de su concierto aquí regresa a una Francia que la tiene preocupado por su presente político y social. "Es un momento de mucho aprendizaje para nosotros. Nos obliga a repensar distintos aspectos, como si vamos a profundizar el paradigma de una sociedad laica, con respeto por la diversidad religiosa".

Sí hay algo más para subrayar acerca de su actuación en el Teatro Independencia es que, como mínimo, estamos frente a una personalidad contemporánea de la música clásica del mundo. Ella es dueña de una pasión que, lejos de encerrarla en alguna pretendida Torre de Babel de la música, la aproxima al pueblo y a distintos sectores sociales no habituales en la música clásica.

Puede realizar conciertos en ámbitos extremadamente eruditos, como en Shangai, de la mano del entonces ministro de Cultura de Francia, Jack Lang, o bien actuar en centros muy sofisticados, como en la Cité de la Musique en Paris, o enseñar el arte de la dirección musical a niños sordos. O bien realizar flash mob por las calles y plazas de Quito, al son del flamenco, una de sus pasiones musicales, que bien hablan de su devoción por la producción de Claude Debussy.