No al trabajo infantil: "Niños en los hornos de ladrillo"
A partir de nuestra experiencia con la Asociación Conciencia y el Programa Proniño de Telefónica en la Esc. “San Juan”, del Algarrobal, Las Heras, realizamos entrevistas a docentes, familias y vecinos para investigar esta dura realidad que viven los menores en los hornos de ladrillos. La situación es compleja, pues varias familias, mayormente bolivianas de características patriarcales, consideran natural que los niños trabajen en los hornos. A pesar de las becas y atención de la salud, provistas por Proniño, los niños/as continúan en esa tarea, con los inconvenientes de escolaridad y salud que esto produce.
Para referirme a este tema, me baso en algunos párrafos de la excelente investigación realizada por el Ministerio de Trabajo, Justicia y Gobierno de Mendoza; la Subsecretaría de Trabajo y Seguridad Social; COPRETI Mendoza; OIT; UNICEF y el Observatorio de Trabajo Infantil y Adolescente (OTIA) de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación. Los resultados de este trabajo mancomunado fue presentado en noviembre de 2.012 por Marta Novick, subsecretaria de Programación Técnica y Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad de la Nación, en el libro “Trabajo Infantil en hornos de ladrillo, Las Heras, Mendoza”.
“Sobre la base de la información aportada por docentes y directivos de las escuelas del distrito se ha establecido una aproximación a la proporción de NNyA que trabajan en los hornos de ladrillos en El Algarrobal. Así, entre 25 y 30% de los niños y niñas que asisten a las escuelas en la zona de los hornos realiza diversas actividades. Principalmente trabajan en los hornos de ladrillos, aunque también participan en las tareas domésticas en su hogar o están a cargo del cuidado de sus hermanos menores (en muchos casos reemplazan a los adultos en el hogar mientras estos trabajan en los hornos). En menor medida, algunos NNyA realizan trabajos en fincas o se dedican al cartoneo, cirujeo o “pedido por casas”. Las principales tareas que llevan a cabo NNyA en los hornos consisten en ordenar pilas de ladrillos, cargar carretillas con barro, cargar camiones, “atender el horno”. Se entiende por “atender el horno” a las actividades que realizan los niños para mantener vivo y constante el fuego del mismo, acercando material combustible (leña y otros) y hasta cortar los moldes para la elaboración de los ladrillos. Los NNyA que trabajan tienen entre 5 y 15 años, aunque la gran mayoría pertenece al intervalo etario de 5 a 13 años. Las actividades más duras y que requieren mayor esfuerzo físico son desempeñadas a partir de los 11 años. Pese a la peligrosidad de muchas de las tareas que desempeñan los NNyA, más del 90% de los entrevistados no reporta conocer casos de accidentes por trabajo infantil. Sin embargo, los docentes destacan la fatiga en su comportamiento escolar. Cabe aclarar que no se ha podido realizar una encuesta representativa que permita estimar la cantidad de NNyA que trabajan en los hornos y por lo tanto se ha alcanzado una aproximación al fenómeno a partir del testimonio de docentes y directivos que trabajan con la población que vive en la zona de los mismos. Los ingresos que perciben por realizar estas tareas son magros. Por cargar un camión de mil ladrillones cada niño recibe una suma que ronda los $20. En general, se requiere el trabajo de cuatro niños para cargar un camión. No reciben nada más a cambio, salvo que se tome como remuneración la posibilidad que tiene toda la familia que trabaja en el horno de vivir en la propiedad que ocupa el predio. Aproximadamente en el 80% de los casos los NNyA trabajan acompañados por familiares adultos, aunque en ocasiones también lo hacen junto a otros niños. Naturalización y negación del trabajo infantil son una constante en los distintos relatos. En muchos casos, entre los informantes claves se apela a la “cultura boliviana”, en la que las familias se identifican con la unidad productiva y se justifica el trabajo de NNyA. Por otro lado, los padres saben que está prohibido y hablan de “ayuda” para referirse a las actividades en las que participan los más pequeños, inclusive las que refieren a tareas domésticas en los hogares, llevadas a cabo principalmente por las niñas.
Casi la mitad de los trabajadores entrevistados manifiesta que sus hijos sufren o han sufrido enfermedades respiratorias y problemas dermatológicos debido a la proximidad con los hornos de ladrillos. Estas patologías son producidas por la combinación de la humedad, el frío, el humo de los hornos y la deficiente nutrición. Entre las enfermedades respiratorias se registraron casos de tuberculosis, asma y tos convulsa, tanto en NNyA como en adultos. Los problemas dermatológicos resultantes de la actividad en el barro son patologías de la piel, fundamentalmente en los pies, las manos y el rostro. También se mencionaron dolencias traumatológicas, como dolores en espalda y manos, por ejemplo, y también cuadros oftalmológicos
A pesar de los esfuerzos realizados por las distintas instituciones y organizaciones de la sociedad civil para abordar la problemática, en la zona no existen estrategias específicas para la detección, prevención y erradicación del trabajo infantil y adolescente desde una mirada integral y global. En este sentido, es importante que el Estado impulse acciones que permitan comprender la problemática para lograr una correcta articulación de estos esfuerzos y generar las soluciones necesarias.
Considerando el trabajo infantil en su multicausalidad y sin desconocer que su determinante fundamental es el económico, se presentan a continuación algunos aspectos que referencian sus condicionantes culturales. El trabajo infantil, en contextos de pobreza y precariedad laboral, tiende a naturalizarse. Distintos autores coinciden en que se lo considera una práctica común y se lo justifica desde adscripciones étnico-nacionales que hacen hincapié en un supuesto conjunto de cualidades inherentes a los trabajadores. Desde estas percepciones el trabajo infantil no sólo es “naturalizado” sino que no se cuestiona su existencia, lo que a su vez deriva en su invisibilización.
http://www.unicef.org/argentina/spanish/PUBLICACION_DEFINITIVA_Trabajo_infantil_ladrilleras_Mendoza.pdf