Contraste y acción
Son doce cuadros en blanco y negro y uno que resalta, a todo color, "porque la esperanza no hay que perderla". Así lo subraya la autora de la obra, una incansable docente que ha explorado todos los caminos en su búsqueda del sentido de la vida (y del prorrateo del bienestar entre la totalidad, sin excluidos) y que ahora lo hace con imágenes, "porque, como se sabe, dicen más que mil palabras". Hablamos de Elia Bianchi de Zizzias y viene bien este domingo hacerlo, rompiendo una agenda que siempre tiene nombres propios como el de Macri, Cristina, Francisco y ahora hasta el de un tal Macho.

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Hoy es un día especial porque se conmemora la lucha contra las injusticias que les damos a los pibes: el el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Y aunque trabajar es una palabra que hay que intentar poner en valor después de mucho tiempo en que se cultivó su antónimo, en el caso de los chicos debe comprenderse como algo forzado, como explotación, como una interrupción de su niñez para ser ocupada por las necesidades de los adultos que les rodean.
Pero volviendo sobre el Teorema de Elia, obviando las mil palabras, vayamos a la primera imagen y expresemos de la manera que se nos antoje el contraste que arroja a primera vista:

Es la Legislatura un lugar de contradicciones, aunque también de oportunidad de encuentros. Por las dudas, tiene a veces las puertas abiertas, para exposiciones como ésta, y vale la pena aprovecharla por tantas otras "por las dudas" en que permanecieron cerradas. Allí, en el salón en donde los pasos se pierden, quedó plantada una expresión de bronca, dolor, desasosiego, impaciencia, denuncia pero también de esperanza.
Los doce cuadros de Elia Bianch de Zizzias son dolorosos. Ella misma lo dijo cuando le tocó hablar: "Me dolió cada cuadro que pinté". Y por cierto: no hay un paisaje calmo y tranquilo de la montaña que admirar en ellos, sino una demanda a cada uno de quienes nos paramos frente a ellos. ¿Qué hicimos para que lo les pasa a los chicos no pasara? ¿Basta con comulgar el domingo, con conmemorar una vez a año, con sollozar ante una anécdota puntual?
"Mis niños han salido de su silencio", dijo Bianchi de Zizzias en su mensaje y de inmediato, todos los que estaban allí asienten con la cabeza. Hay espacio para manifestar adhesión y dolor, pero eso no le bastó a la autora. Por ello, reclamó "acción", salir a hacer algo muy revolucionario, tanto, que no basta tender una mano ni otorgarles una manta en estos días de frío a cuanto niño se vea por allí. No hay Paraíso que valga ni promesa a ser premiada tras la muerte sino que es ahora cuando hay que conseguir que ya no haya pobres, que no se produzcan más abusos, que no se le quite a los niños su niñez.
Es automático pensar -desde "arriba"- que los niños que la están pasando mal son los pobres. Sin embargo, un día como hoy es para repensar cuántas otras formas de abuso y explotación hay para con los pibes, tan bien disimulados de camino al éxito, de fama, de competencia exagerada que se da en las porciones más acomodadas de la sociedad. Y cuánta perversión ocultada, cuánto grito tapado que hay en sectores que se dedican a señalar a los demás, cuando con tan solo mirarse en un espejo descubrirían que cultivan las mismas miserias que dicen condenar.
Para estas fechas, los organismos internacionales suelen lanzar una avalancha de datos que permiten dimensionar la crisis humanitaria en la que se condena la humanidad a diario. En este caso, bajo el "rubro niñez y adolescencia". mañana será por el armamentismo, pasado por las mujeres y luego, seguramente, si queda tiempo, por los más viejos, que ya ni siquiera vemos por las calles y que si no se ponen un Facebook las familias los olvidan. El asunto es -como lo hace Elia Bianchi de Zizzias con sus obras- gritar fuerte, muy fuerte, para que se escuche el reclamo y se trabaje ya no para controlar el abuso, sino para erradicarlo. No para morigerar el dolor, sino para desterrarlo.
Hay en la Argentina y en el mundo un círculo vicioso que busca que se reproduzca sin final lo que decimos combatir, de modo de tener por qué seguir luchando. Enfermos de egocentrismo, inseguros de darle la posibilidad a los infelices de ser felices, los condenamos a una "humanidad de segunda mano", seguramente, a buen resguardo de nuestra caridad.
Miremos la obra de Elia Bianchi de Zizzias y sepamos que en el dolor que transmite está la obligación de hacer algo más que escribir un texto como este.








