Presenta:

La señorita S. y otros mundos posibles

Una buena ubicación a veces lo es todo, ya que el sentido que se le confiere a la obra, puede diferir según la butaca que se esté ocupando.
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Tan sólo he encontrado aquí una única criatura femenina, una tal señorita de B., separece a ti, querida Lotte, si es que alguien puede parecerse a ti (...). Las penas del joven Werther. Johann Wolfgang von Goethe.

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- <>. -pensaba Nicanor para sus adentros.

- Me he granjeado muy buenas amistades en la capital; la mayoría se encuentra ocupando una posición acomodada, y una de estas personalidades, amigo del dueño del teatro, me ha sabido demostrar su afecto al dispensarme estas ubicaciones. Es de los que se vanaglorian detentando el poder de su posición social, pero me tiene sin cuidado, ya que somos los benefactores de su tan amada opulencia, y a costa de nada.

Una buena ubicación a veces lo es todo, ya que el sentido que se le confiere a la obra, puede diferir según la butaca que se esté ocupando. Este amigo mío, me ha asegurado que son las mejores ubicaciones que se puedan llegar a conseguir, y por lo visto, no me ha embaucado con palabras bonitas. ¿Verdad que aquí disfrutaremos del espectáculo como es debido?

Nicanor, meditabundo en su butaca, mientras observaba al gentío que se acomodaba en sus asientos, no había prestado atención a todo lo que su amigo le hubo expresado con tanto exacerbo. Su rostro denotaba el ensueño en que se hallaba sumido su espíritu, y sus ojos taciturnos, reflejaban la inmensidad de la noche.Su estado de letargia era tal, que todo a su alrededor hubo pasado a un segundo plano. Disfrutaba imaginando otros mundos posibles, puesto que a eso se dedicaba la mayor parte del tiempo.

- Por lo visto, te encuentras absorto en tus pensamientos.-opinó Francisco.

- Cuánto lo siento mi buen amigo, pero es que nada puedo hacer cuando mi persona se halla augusto en un lugar; es como si las personas a mi alrededor desapareciesen sin más. -respondió Nicanor.

- No te preocupes, no en vano te he invitado para que me acompañes esta noche. Sé lo mucho que te complace el mundo del arte. -se mostró comprensivo su amigo.

- A veces pienso que me conoces más de lo que yo puedo llegar a conocerme. -dijo esbozando una sonrisa Nicanor.

- Pues, haces bien en pensar de ese modo. Figúrate que, mientras más te conozco, mayor es mi estima hacia ti.-Francisco no tenía reparos al momento de dar a conocer sus más tiernos sentimientos.

- Velo por nuestra amistad. En verdad aprecio todo lo que a la camaradería se refiere. Cuando se obtiene algo bueno en la vida, es preciso cuidarlo y hacer lo indispensable para poder conservarlo.-repuso Nicanor.

Luego de que el público se hubo acomodado en sus lugares, se abrió el telón, dando inicio a la obra. Nicanor, que hallábase embelesado por la excentricidad de todos aquellos fantásticos personajes puestos en escena,se dispuso a observar parte de la obra con unos prismáticos, procurando que no se le escapara ni el más nimio detalle de las actuaciones, cuando en cierto momento, una joven que se hallaba en los palcos, llamó poderosamente su atención.

- ¿Qué es lo que observas con tanta diligencia? -interpeló Francisco a Nicanor, que se hallaba sumamente concentrado en la joven.

- Creo que es una de las criaturas más bellas que haya visto alguna vez. -atinó a responder obnubilado Nicanor.

- ¿De qué hablas? -preguntó desconcertado Francisco.

- Acabo de encontrar a la joven más exquisita de la noche. Ten, observa con suma atención los detalles de su rostro. Si no fuese porque los demás también pueden atestiguar su existencia física, diría que un ángel se halla entre nosotros esta noche. -el interés de Nicanor por la joven se acrecentaba cada vez más.

- ¡Oh! ¡Pero si se trata de la señorita S.! Es una de las pocas mujeres que conozco que posea tantas cualidades a su favor. -Francisco se mostraba entusiasmado por el descubrimiento de su amigo.

- ¿Quién es esta tal señorita S.? Lamento no haber oído hablar de ella antes. -Nicanor se hallaba ansioso por saber más acerca de la vida de aquella joven desconocida para él.

- Hasta hace poco, estuvo casada con un importante oficial del ejército, pero eso ya es cosa del pasado. Al parecer, no pudo continuar soportando las humillaciones y perjuicios que acarrea la infidelidad. -lo puso al tanto a Nicanor.

- Qué injusticia, su pena es mi pena desde ahora. ¿Cómo alguien podría si quiera pensar en hacerle daño a una joven tan encantadora? Las heridas producto de un amor sincero y consumado, son las que conllevan las mayores dificultades al momento de intentar subsanarlas. Se arraigan en lo más hondo del alma, y reaparecen de improviso, cuando se intenta olvidarlas y seguir adelante. -dijo alicaído Nicanor. Su semblante había adoptado la melancolía de su interioridad.

- Pareciese que tu corazón se hallase bajo el influjo de los encantos de la señorita S. Si acaso te interesa aquella joven, y gustas en conocerla, puedo concertar un encuentro para así poder presentártela. No significaría ninguna molestia para mí, ser el intermediario directo de dos personalidades tan formidables. -sugirió Francisco.

- Sabes muy bien que no acostumbro a que se me presente ante desconocidos, pero en este caso, haré una excepción. La señorita S. ha cautivado mi atención, y desearía poder mirarla a los ojos tan sólo una vez. Aguardaré con ansias el momento del encuentro. Sólo espero estar a la altura de semejante mujer. -se mostró ilusionado Nicanor.

- No te preocupes, querido amigo, el encuentro tendrá lugar dentro de muy poco; por lo pronto, disfrutemos del espectáculo. -manifestó Francisco.

Tienes razón, ya es momento de que mis ojos y mi corazón regresen a la obra. -y así ambos, se sumergieron de nuevo en aquel fantástico mundo del arte.

Manuel Arias