Muertos (Todos, de repente, y casi en manada)
Del participio de morir; latín mortuus.
1. Que está sin vida.
2. Cuerpo muerto.
Para hablar sobre la muerte -o mejor-, sobre los muertos, no hay lógica, momento o recomendación. Suele pasarme que en algunos casos lo hago de inmediato. O todo lo contrario: me tomo un buen tiempo. Recopilé un libro de epitafios y me llevó un par de años. Pero ha pasado que apenas supe de algún infortunio de esta clase he escrito sobre la persona en caliente.
Yo ya no pienso que seamos inmortales.
Hubo una seguidillas de muertes de tipos invalorables (quizá cada uno de nosotros lo seamos, pero nunca voy a estar del todo seguro). Y como sucedieron entre pre Navidad y el letargo que suele acontecer luego creí que mejor era esperar.
Se agregó un problema: iban sumándose las personas fallecidas, como en una epidemia absurda.
La serie comenzó con el escritor Alberto Laiseca, que a los 75 años dejó una obra colosal. Yo he leído algunos cuentos, muy menores, y jamás le entré a esa locura de novela, casi su sello, "Los Sorias". Piglia dice que esta obra, un delirio de 1300 páginas, es de lo mejor que se ha escrito en el género, en Argentina, después de Roberto Arlt.
Una de las notas acerca de su muerte recoge un testimonio que parece morboso, a esta altura, pero no es menos real: "La pasé muy mal en una época de mi vida. Pensaba mucho en el suicidio, fueron décadas así, hasta que un día unos amigos me prestaron un grabador a cinta. Ahí empecé a hacer relatos, discursos, puteadas. Eso me salvó".
Lo único que leí de él fue "Matando enanos a garrotazos", publicado en 1982. No me acuerdo mucho, para ser franco. Y no es un juicio de valor, o sí, mínimo: en su momento no me impactó demasiado.
Acto seguido, la noticia funeraria da cuenta del fallecimiento de Andrés Rivera, otro escritor. Y a éste sí que lo tengo bien junado: un viejo que se va haciendo viejo, diría él mismo, en el recurso de una repetición magistral. El estilo de Rivera es único: puede hablar de Rozas, de unos borrachos en la Patagonia, de marxistas fuera del mundo (casi su derrotero).
Sus libros no son extensos pero sí llenos de una densidad a veces insoportable. Puede resumir 30 años de historia argentina en una página, a veces en un párrafo. A esta cualidad la encuentro extraordinaria. Odiaría ser considerado poeta aunque sus novelas podrían ser homéricas pero minimalistas.
Era un viejo que se iba haciendo viejo, diría Rivera. Cualquiera de sus títulos son más que recomendables. Y como no pienso irme a una isla (y en ese caso, ni libro me llevaría) no podría referirme a uno. En otro momento podríamos desglosar su obra. Igual no le encuentro mucho sentido. Es dueño de una voz áspera y una garganta llena de verdades. Y sus libros, durísmos, nada complacientes.
Vivió como escribió. Y murió como también escribió: Era un viejo que se iba haciendo viejo.
Una frase suya: "Estoy convencido de que los representantes de la burguesía argentina que constituyeron este país como nación eran, en general, hombres cultos. Los burgueses que hoy conocemos son personas groseras e incultas. No se salva nadie. Ahí hay una diferencia".
Otro caído en estos días fue Gabriel Cacho Millet. La noticia llegó de Roma, ciudad en la que residía.
La lista se aumenta con la partida de Eliseo Subiela, un cineasta sincero, hasta en lo sentimental. He visto casi todas sus películas, incluso la primera, "La conquista del paraíso", algo así como un Herzog en Fitzcarraldo pero a contramano. Ha creado escenas memorables del cine contemporáneo: la cama que expulsa mujeres luego de hacer el amor, la lógica de Ramsés en "Hombre mirando al sudeste".
Y para cerrar unos días como mínimo extraños, hace algunas horas no fue un escritor, sino un músico colosal el que comenzó a navegar las aguas del Gran Río: George Michael.
Fue una de las primeras estrellas de rock asumidas como tal. Su vida -si lo pensamos- podría haber sido la de un escritor: estrafalaria, ridícula, gloriosa, vibrante, sórdida. Su música, en cambio, es pura luz, un hermoso relámpago en medio de la oscuridad. ¿Hace falta insertar aquí un resumen de sus discos? No creo. Ha dejado himnos que superan su tiempo y espacio. Y acaso eso sea, ni más ni menos que el arte: anticiparse, exponerse, salir del propio metro cuadrado en busca de confines insondables.
No es una ironía premeditada escribir sobre estos tipos que ya no están entre nosotros.
Pero hoy se festeja el Día de los Inocentes.
Laiseca, Rivera, Cacho Millet, Subiela, George Michael, si en algo podrían unirse es que ninguno ha sido inocente.







