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Laberinto (Borges y San Rafael en la TV del país)

Desde hoy y a partir de las 21, el Canal Encuentro y Acequia estrenan la serie de 8 capítulos realizada en San Rafael. Lo conduce la escritora Claudia Piñeiro.

Del latín labyrinthus, y este del griego λαβύρινθος, labýrinthos.

1. Lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.

2. Cosa confusa y enredada.

3. Composición poética hecha de manera que los versos puedan leerse al derecho y al revés y de otras maneras sin que dejen de formar cadencia y sentido.


Todo es un laberinto, amigos. 

Miráte las manos, las yemas de los dedos: las huellas dactilares representan el primer laberinto delante de nuestros ojos. 

Mirá para arriba, en la noche abierta y estrellada, para entender que el universo es un sinfín de sistemas, y que cuando descubrimos una nueva puerta en el espacio, volvemos a cero con el descubrimiento de otros nuevos "espacios". El cosmos podría ser infinito o, acaso, más atractivo: múltiplemente conexo.

Dentro del oído también portamos un laberinto e incluso algún problema allí deriva en enfermedad: padecer laberintitis.

Y a su modo, una obra musical, es un laberinto. Y bien que lo saben aquellos audaces y aventureros que se internan en la complejidad característica del Concierto para piano y orquesta Nº 3 de Rachmaninov. Ultimamente el mundo se asombra de las dotes de la ascendente Anna Fedorova.


Entrada a Los Alamos, el centro operativo del primer laberinto en el mundo que honra a Borges. Allí llegó el escritor en plan de vacaciones, para visitar a su amiga Susana Bombal.

La serie que estrena hoy el canal Encuentro, "Conversaciones en el laberinto", está conducido por la escritora Claudia Piñeiro. El ciclo reúne a escritores argentinos, con ese tacto tan escasamente sutil para la literatura que no se produce en Buenos Aires. La única referente local es Liliana Bodoc, pero aún así, asoman nombres interesantes de la literatura argentina contemporánea.


Este ciclo comenzó cuando Hernán Lombardi, a cargo del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, conoció el  Laberinto de Borges este verano. Intervino el consultor del presidente Macri, el sanrafaelino Ernesto Sanz. Lo cierto es que de inmediato surgió la posibilidad de producir una serie.

Afirma Piñeiro: "Fue una experiencia increíble. Sabíamos que había un laberinto y la casa de quien fuera su amiga y también escritora mendocina, Susana Bombal, sin saber cuánto ese lugar nos iba dar para hacer el programa. Pero después encontramos que era el lugar perfecto para sacar a Borges de la centralidad de Buenos Aires".

Habría que agregar que Mendoza ha sacado a Borges de la centralidad de Buenos Aires desde hace varias décadas. Es que aquí, por gestiones de Adolfo Ruiz Díaz, se le concedió al escritor el primer Honoris Causa en su vida. De esto hace 60 años. 

También es lícito pensar a las ciudades como laberintos. Buenos Aires sería una de ellas. Aunque quizá debiera suponerse que la ciudad como laberinto no debería ser un tormento de ejércitos de personas perdidas, sino, al contrario, un motivo de encuentro, puente, muestra de convivencia. Supongo que Borges pensaba parecido, al definir su relación con la ciudad: "No nos une el amor, sino el espanto".

 

Es un libro abierto. Dentro, letras e iniciales, el apellido del escritor y símbolos de su obra. El espejo, entre otros. Mide lo que un campo de fútbol: 90 por 60 metros.

La torre inaugurada hace pocos meses, así como un restaurante, en sus alrededores, completan un circuito mágico y misterioso en San Rafael.

Este Laberinto está diseñado por el inglés Randoll Coate, amigo de Susana Bombal y Borges, quien residiera en nuestro país en la década del 50, en funciones de encargado de prensa de la Embajada del Reino Unido. El triángulo amistoso derivó en correspondencia, encuentros y persiste en esta obra que conjuga literatura y paisajismo en proporciones idénticas.

Randoll, Borges y Susana Bombal, té para tres.

Randoll Coate, del que luego se conociera que era una suerte de espía, se transformó en uno de los mejores diseñadores de laberintos simbólicos en el planeta. Y sus obras se concretaron en buena parte de Europa y China.

De su genio y figura quedó plasmado este prodigio borgeano. Lo soñó, tal como sucede con cuestiones mágicas, y luego lo boceteó. Hasta último momento pidió corregirlo. Le agregó las iniciales de María Kodama.

Finalmente la televisión entendió que podía ser un buen escenario para ofrecer conversaciones sin gritos ni discusiones acaloradas. Nadie más contento para un propositor de laberintos como Borges, fuera de los enredos. 

Nadie se pierde allí, sino que todos se transforman. Es la mayor gracia de los laberintos. Desde el principio de los tiempos.