Carácter (Leonardo Favio y Antonio Di Benedetto)
Carácter. Del latín character, y este del griego χαρακτήρ "charaktḗr".
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1. Señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo.
2. Señal o figura mágica.
3. Conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás. El carácter español. El carácter insufrible de Fulano.
4. Condición dada a alguien o a algo por la dignidad que sustenta o la función que desempeña.
5. Señal espiritual que queda en una persona como efecto de un conocimiento o experiencia importantes, como, en la religión católica, la dejada por los sacramentos del bautismo, confirmación y orden. Imprimir, imponer carácter.
6. Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía. Un hombre de carácter.
La revista es una franquicia de la francesa, les inRocKuptibles, que ya lleva circulando dos décadas en nuestro país, mes a mes. Aquí le pusieron el artículo en español y la historia de imprimir una revista en los últimos 20 años ha tenido distintos momentos, algunos mejores, otros peores.
Lo que me sorprendió en la edición de noviembre, en la cual la revista se declara como de "Cultura y sociedad", primero, fue su liviandad en cantidad de páginas (68, exactamente). Quizá hacía un buen tiempo que no la compraba y no estaba al tanto de la situación contemporánea de la publicación dirigida por Javier Diz.
Ya entre sus contenidos dos notas se refieren a monstruos de lo mendocino, del carácter que no sé si tanto nos representa, hoy en día, pero que bien debería, por sus enormes legados, hasta trascendentes, diría. Y porque se trata de pilares de una cultura.
Mal que nos pese, por más que hagamos todo lo posible por ignorarlos, maltratarlos, desrepetarlos, Leonardo Favio y Antonio Di Benedetto han hecho de este lugar, sin dudas, un sitio con alguna clase de esperanza y ambición, en busca de una distinción singular
Interesante el azar que los reúne en Los Inrockuptibles, a ambos. Quienes sospechan de tantas operaciones de prensa, de tanto plan inexistente supra atómico (y es más ingenua la paranoia que la estricta sucesión de hechos a la que intentamos llamar realidad), los que ven conspiraciones y delatores oscuros, podrán relajarse.
Bajen los hombres, amigos, amigas, respiren hondo. Existe eso que se llama justicia poética. Ni siempre, pero éste es un caso. Y por eso no podemos dejar de aprovecharlo
Los que vivan en Mendoza y quieran ser imitaciones de porteños/as, out. Son los peores provincianos, payucas, los que se "liberan" apenas atraviesan el Desaguadero. Acá nos asquean como hipócritas -puertas adentro-, fuerzan el modo conservador y dejan sus mentiras aquí, para mutar liberales y sinceros en los humedales. Quizá sea un grupo de inútiles para los registros de la historia. Imaginemos lo más ridículo: José de San Martín, antes de cruzar la cordillera, pasa por Palermo Soho, Puerto Madero y llega hasta Nordelta, para darse valor, para ser parte, para copiarles a los genios del puerto las grandes ideas que libertaron varias naciones.
La nota más extensa está dedicada a Antonio Di Benedetto. Olvidense de Mendoza, que es donde vivió hasta que el delirio surrealista lo llevó a prisión y a ciudades que carecían del brillo que el escritor necesitaba.
Di Benedetto ya es más que Mendoza y, al mismo tiempo, es la Mendoza que debería ser: una región con personalidad, de pensamiento propio, de identidad cultural. No hablo de enólogos, que en la mayoría de los casos siempre buscan vender más vino de sus factorías.
Es que el caso Di Benedetto refuerza esta idea del mendocino que se cree que llega a Buenos Aires como si estuviera arribando a Berlín, Washington, New York, Paris o Beijing. Para el mendocino, el puerto del Atlántico, que debe sortear esa mole tan encantadora que es el Río de la Plata, ejerce una energía que los hace parecidos a su propia esencia. Mucha gente recorre mil kilómetros, no para disfrutar una experiencia, sino para dejar la carga de cinismo, mentira, doble faz y hasta el aspecto facho que domina sus días al pie de Los Andes.
Casi una ley para quienes desean sumarse al mediocre mar de las letras aquí.
Di Benedetto los jodió hace varias décadas. No pocos y respetados entendidos en literatura del mundo aseguran que es el autor de, al menos, un libro insoslayable en la literatura escrita en español. Eso se llama "Zama". Y eso, si lo pensamos fuera de la agenda de Cornejo, Paco Pérez, Jaque o Cobos y tantos otros ex gobernadores, tiene un valor que ni 37830 ferias del libro legitiman.
El escritor y periodista sentó una suerte de ideal, sin proponérselo: si sos copado, si tenes genio y gracia, si sos un distinto, no es necesario marcharse a ningún lugar. No es la geografía, amigo. Son las ideas, la inteligencia, el estilo, el perseguir un sueño, lo que perdura, cuando hay talento.
(A propósito: siempre me he preguntado qué puede hacer el mundo con los poetas decididamente malos, con los novelistas mediocres, con los que llegaron un poquito a cierta gloria pero los pisó un tractor camino a una viña. Sigo sin saber qué puede hacer el universo con ellos).
Una pequeña gema, a propósito de los temblores de ayer. Se trata de una crónica sobre lo que sucedió en San Juan a principios de 1944.
La nota de Leonardo Favio la firma el director de la publicación. Y en verdad es una aproximación a un trabajo documental, realizado por Alejandro Venturini, en el que aparece una extensa charla con el director y cantante mendocino, al que acompañan en relatos su hermano Zuhair Jury y el actor Edgardo Nievas, que hizo el papel del boxeador Gatica. Destaca la nota que el reportaje con Favio está fechado en 2009 y que allí realiza un acabado balance de su obra artística, pero sentado en la silla que atrás se identifica como la de "director".
Motiva la pasión, el desafío, ir más allá de lo que hicieron estos dos artistas tan opuestos pero tan idénticos en legar un credo de convicciones, métodos e ideas innovadoras. Solemos buscar en el futuro lo que viene, pero, a veces, no está mal hurgar en el pasado e intentar aprovechar lo mejor de una tradición, aquello distintivo, lo que nos hace cómplices de obras tan intensas como la vida misma.
Antonio y Leonardo se dan la mano.
Dos potencias se saludan.
Nacieron aquí, a pocas cuadras.
Eso quizá sea lo más impresionante.