Presenta:

Personajes (Adiós César Aldao, ñañas del Pepe Mujica, el infame del Trapiche)

Domingo inusitado: conmoción por un triple femicidio, la muerte de un amigo y, en medio, Pepe Mujica negándose a ser parte de la libre expresión artística.
Foto: Facebook
Foto: Facebook

 1. Persona de distinción, calidad o representación en la vida pública.

2. Cada uno de los seres reales o imaginarios que figuran en una obra literaria, teatral o cinematográfica.

3. Persona singular que destaca por su forma peculiar de ser o de actuar.

La vida es eso: personas que van siéndolo, de menor a mayor, hasta que la gran paradoja de la existencia nos arrebata la inmortalidad. Solemos morir con esa manía que nos devuelve la no siempre tan considerada finitud a la que nos confinaron los dioses que nos trajeron aquí, a veces estupefactos, sufrientes en las muertes de los afectos más próximos, más tranquilos cuando hicimos todo lo que pudimos para evitarla.

El gordo Aldao con la mujer de su vida: Chichina. La profunda San Rafael perdió uno de sus mitos camperos.

César Aldao, al que siempre le dijimos Gordo, murió más flaco de lo que siempre pudimos imaginarnos. En eso la muerte también nos sorprende: en su carácter inimaginable. El Gordo se casó con Chichina (María Esther de la Reta). Lo hicieron en la boite Mau Mau cuando este invento de la noche porteña ardía y el morocho de la entrada era el portero de la mejor fiesta de Buenos Aires (Julito Fraga, en la foto, quien trabajó allí hasta el final).

"Mau Mau" fue la boite bailable más famosa y polémica de Buenos Aires. Este boliche abrió en 1964 y antes que cerrara,  a mediados de los 90, fui allí una decena de veces, imantado por la decadencia y el mito de un emblema de la Argentina disco, baby, disco.

César Aldao posiblemente jamás tuvo un trabajo, tal como solemos llamar a esa actividad en la que damos nuestro tiempo y dones a cambio de una retribución. Había mucho que aprender de la vida, pensó, o habría "resto" entre su familia. Más esto, seguro. Pero era un tipo metódico. Todos los días (sábados inclusive) lo pasaban a buscar un par de cachafaces amigos, temprano. Vivía en Buenos Aires, donde también nació, aunque residió en San Rafael las últimas tres décadas. 

Para el Gordo, temprano, era tipo 11 más bien tirando a mediodía 

A esa hora salían con el tiempo justo para llegar a la primera carrera en el Hipódromo de La Plata. A veces almorzaban ahí. O se venían para el Centro. Iban a comer al Jockey, más cerca de Palermo. O sea, del Hipódromo. No importaba si habían ganado o perdido en las apuestas anteriores. La jornada terminaba en San Isidro, en el Hipódromo, claro, o apostando a los burros a la distancia, siguiendo alguna fija o data que recibían de diversos cretinos inofensivos (no todos).

César Aldao me ha contado historias insuperables acerca de varias materias: escolazo, caza deportiva, mujeres, tango, dandys argentinos. Y también relatos sobre tramos importantes de la historia argentina (en especial lo relativo al fraile Aldao). Era un lector empedernido. Y un bebedor fino, estoico y muy gracioso. Está ese bebedor triste, gris y lleno de tango, pero no era su caso, ni por asomo.

Por suerte lo conocí, hace muchos años. Y lo frecuenté para aprender sobre libros y escritores. Intercambié varias novelas policiales con él. Las leía a todas. Y cuando nos encontrábamos me relataba los detalles que más le habían gustado. Era para mí una gran recompensa: que él me dijera que le había gustado algo, aunque sea un párrafo.

Agradezco haber mantenido varias horas con él enfrascado en naipes y conversaciones a la mar de delirantes. De sus "cuentos" hasta recreé un "cuento", que luego publiqué en un libro. Y cuando él lo leyó, hace un par de años, me dijo que estaba escrito mejor de lo que él podía contarlo. "Tengo otros más", agregó, canchero y ganador. Ya era flaco el Gordo en esa oportunidad.

Si no se murió ahogado en el mar de la Bahía de Guanabara, hace varias décadas (estuvo dos horas dando brazadas en el mar para no avanzar "ni un puto metro"), es porque debía vivir hasta el sábado pasado. Tal vez disfrutar más de su mujer, sus sobrinos, sus amigos. Y también sumar su inalterable voto por los candidatos del Partido Demócrata. 

"Se fue un inimputable de la vida", me dijo su sobrina y ahijada Carolina. Así es, amigos, se fue un gordo tierno, que bien podría haber estado oyendo a Pichuco en sus últimas horas.


José Mújica es el Pepe de la Gente. Sin demagogia. Pero la semana pasada mostró la hilacha, debido a una polémica -tontuela como pocas-  por la exposición de un cuadro, que lo muestra junto a su esposa, desnudos.

Ella ahora es senadora. Y sus motivos para aprobar el enojo y el pedido de retirar la obra del circuito no fue de lo más inteligente que se le haya oído: "Ahora te agarran para el chijete. Te ponen en la vidriera de una galería y la gente no sabe si vos posaste para eso, o si lo autorizaste o no. No tiene goyete", declaró Lucía Topolansky.

La obra se llama "Génesis Uruguay" y su autor es el artista Julio de Sosa. Luego que el Pepe pusiera el grito en el cielo fue retirada de la galería, por orden judicial

La que estuvo bien fue la ministra de Educación y Cultura de Uruguay, María Julia Muñoz: "Las expresiones artísticas deben respetarse", dijo

La pintura de la discordia y la censura.

El artista Julio de Sosa imaginó a la ex pareja presidencial como Adán y Eva. Y de eso trata el cuadro, con bastante decoro, por cierto. 

Sin embargo, los abogados de Mujica presentaron una denuncia por injurias contra el pintor, amparándose en la ley de Derechos de Autor (de 1937). 

Se ampararon en un artículo de esa ley: "el retrato de una persona no podrá ser puesto en el comercio sin el consentimiento expreso de la persona misma, y muerta ésta, de su cónyuge, hijos o progenitores. La persona que ha dado su consentimiento puede revocarlo, resarciendo daños y perjuicios".

En este aspecto, no hay cómo intentar defensa de uno de los ex presidentes más progresistas del siglo XXI. Con esta actitud poco recuerda a la mejor versión Mujica, la que congregó la atención del continente y del mundo. 

Y, al revés, le saca un poco de brillo al personaje uruguayo, que siempre fue una persona común y silvestre, en su inusual estilo de vida, lejos de los presidentes exóticos, fastuosos, tontamente épicos que debemos soportar como condición política tropical


Estuve algún rato mirando el perfil en Facebook de Zalazar, el infame de los hechos en el Barrio Trapiche. Ni siquiera fui seducido por alguna clase de morbo.

Apenas me enteré de la tragedia protagonizada por una mente deforme, en su peor acepción, me sentí curioso por su comportamiento allí

Dos cosas diré que me causaron absoluta impresión. Una de ellas es que entre sus círculos de amigos en Facebook, poco más de 400 personas, aparecen dos mujeres que, a modo de foto de perfil, portan el emblema de #niunamenos

Pero lo que más me sorprendió, en verdad, fue una publicación suya de abril último, compartida por otras varias personas. 

No deseo polemizar con nadie, pues no está en mi ánimo juzgar a deportistas o aficionados a las artes marciales. Pero sí es cierto que me sorprendió el mensaje compartido por el infame del Barrio Trapiche, hecho suyo. Es esta una de esas piezas gráficas que circulan a la velocidad de la luz en las implacables redes sociales:


¿Qué es lo que me sorprende? Que cuando uno está triste, aburrido, deprimido o furioso, tal como afirma el flyer, al menos en mi universo, más que entrenar (es taxativo el "¡entrena!"), lo que primero uno debería hacer es buscar ayuda psicológica. 

Después sí: entrenar o cazar mariposas o hacerse vegetariano o lo que fuera. Incluso para momentos complejos hay medicación de comprobada reparación

Entrenar, la consigna salvadora, el supuesto antídoto contra la tristeza, el aburrimiento, la depresión y la furia, no deja de ser una suerte de parche para un mutilado. Hay sentimientos y sensaciones que consiguen explicación mediante tratamientos más integrales que el mero hecho de "entrenar". Suelen ser operaciones menos mágicas, menos voluntariosas, más audaces y definitivas en la gran mayoría de los casos, decididamente más eficaces.

Por último, en su perfil de Facebook, hasta la 20,20 de ayer, había recibido casi 150 mensajes, de gente indignada. Nos ha hecho vivir, este miserable, un domingo negro. La vida, vuelvo al principio, se trata de personas que van siéndolo, de menor a mayor. 

Pena por las que no pueden crecer. 

Dolor por las que quedan en el camino.