Tiene Alzheimer y maneja, ¿qué hacemos?
En nuestra sociedad está instalado el tema del manejo peligroso en adolescentes, pero ¿qué pasa con los adultos mayores dementes? ¿Se hacen los estudios necesarios a la hora de renovar la licencia de conducir? ¿Si tengo un familiar con Alzheimer, debo permitirle manejar?
He oído frases como estas: "Ibamos por calle Perú hacia el norte y dobló hacia el este por Colón", "De repente se desorientó y no sabía qué calle tomar... Ese camino lo hacemos siempre", "Vió el cartel de ceda el paso y me preguntó qué significaba ceder", "llegamos a la esquina y en vez de frenar, aceleró".
Lo que estoy contando no es una película de acción, son fragmentos de lo que nos narran familiares de pacientes con demencia. Lo que sigue es: "Se niega a dejar de manejar, ¿Qué hacemos? Porque le siguen renovando la licencia...".
Ese es el momento en el que yo hago una mueca y les digo: "si, ya lo sé", porque en mi experiencia en consultorio he escuchado esto cientos de veces. Las personas con demencia, tienen más riesgo de realizar infracciones de tránsito y de sufrir accidentes. Pueden representar un riesgo para sí mismos y para terceros y, sin embargo, siguen renovando su licencia de conducir.
Las funciones cognitivas vinculadas con las destrezas para conducir son: atención visual y sostenida, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento de información, funciones visuoespaciales, funciones ejecutivas (toma rápida de decisiones, organización, planificación y ejecución) y orientación. Las personas con enfermedades neurológicas deteriorantes sufren alteraciones en las funciones consideradas necesarias para una correcta conducción. Según el INDEC, en nuestro país, los accidentes viales causados por personas mayores de 64 años constituyen el 10% del total. Los accidentes de tránsito son la principal causa de muerte por trauma entre personas de 65 a 74 años, y la segunda causa (después de las caídas) entre los 75 y los 84 años. En comparación con otros conductores, las personas mayores poseen una tasa de fatalidad por kilómetro mayor que otros grupos etáreos, exceptuando a menores de 25 años.
La conclusión de esto es que las personas diagnosticadas con demencia no deberían conducir. Si usted tiene un ser querido mayor de 65 años y está preocupado por sus habilidades de manejo, si nota que disminuye notoriamente la velocidad al conducir, o que evita manejar por la noche o por lugares en los que hay mucho tránsito. O, por el contrario, si ve que pasa semáforos en rojo, que comienza a manejar por encima del límite de velocidad permitido, que se acerca demasiado a otros vehículos, que se enoja con otros conductores tocando bocina e insultando, consulte con un especialista, para sopesar los riesgos y tomar las medidas adecuadas.
La cuestión acá sería, como en general plantean los familiares, quién convence al paciente de no manejar, porque la mayoría de las veces se muestran reticentes. Yo suelo apelar a la figura del médico. Los adultos mayores respetan mucho la palabra de su doctor, por eso, podemos pedirle al facultativo encargado del tratamiento que le ordene dejar de manejar. Digo que le ordene, porque, generalmente, si no viene impartido como una orden, no se registra.
Es lógico que desde el lado del paciente no sea tomado con agrado, porque es un duelo más, pero con el paso del tiempo, suele superarse. Habrá que tolerar un tiempo las quejas y protestas.
No voy a pasar por alto el cuestionamiento del mecanismo para renovar licencias de conducir para mayores de 65 años aquí en nuestra provincia. Si uno averigua, los requisitos son: análisis clínico (hemograma, uremia, glucemia), electrocardiograma informado y certificado expedido por médico de cabecera, donde conste que se está apto para conducir. Está claro que no se incluye una mínima evaluación de estado mental, que, obviamente, se deja a criterio del profesional que extienda el certificado.
Así, recibo en consulta pacientes con Enfermedad de Alzheimer con 3 ó 4 años de evolución, a quienes recientemente les han renovado el carnet, y de cuyos familiares escucho las quejas que incluyo al principio de la nota.
El protocolo ideal para personas mayores de 65 años debería incluir una evaluación exhaustiva de funciones cognitivas que estime la capacidad de conducción, de toma de decisiones y de rasgos de personalidad, ya que, las personas con personalidades agresivas o impulsivas tienen un riesgo incrementado de padecer accidentes.
Se trata de un tema que implica riesgo de vida, no solo para el conductor, si no para terceros. Debería ser tratado con la seriedad que merece, buscando siempre la prevención. Si no, estamos actuando como la lecherita del cuento, ¿se acuerda?, la que rompió la vasija y se echó a llorar sobre la leche derramada.
Cecilia Ortiz
licceciortiz@hotmail.com