Dinaf, el fin de la inocencia
La Dirección de Niñez , Adolecencia y Familia (Dinaf) ha recibido múltiples cuestionamientos en el último tiempo. La cantidad de empleados, la lentitud de los procesos burocráticos y las malas condiciones en la que viven los niños entre ellos. Debido a esto, el Gobierno de Alfredo Cornejo impulsa una ley que permita mejorar la situación reestructurarando el organismo y dividiéndolo en dos, los Oales por un lado y la Dirección de Cuidados Alternativos, es decir los hogares, por el otro.
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MDZ realizó un recorrido por el lugar junto al director Jorge Luraschi, la encargada de los equipos técnicos de Cuidados Alternativos, Eugenia Rovere, y el ingeniero Roberto Suárez, encargado de las reformas que se están llevando a cabo en el predio; y comprobó que mucha de la "mala fama" con la que cuenta la institución es injustificada.

Lo primero que llama la atención al arribar al lugar es que una "carpa" de ATE franquea el ingreso al predio. La escena no sorprende porque la Dinaf es una de las reparticiones estatales con mayor cantidad de empleados (más de 2.000) y la ley que pretende reestructurar el organismo ha puesto en pie de guerra a los trabajadores, quienes hacen circular denuncias desopilantes sobre las razones detrás de la ley impulsada.
En el predio de la Dinaf conviven Casa Cuna bebé (albergando a niños de 0 a 4 años), Casa Cuna preadolescente (niños de 4 a 12 años), dos hogares para adolescentes, una alcaldía de mujeres y varios edificios que utiliza el ex COSE (Centro de detención de menores), provocando un particular contraste en el predio de 30 hectáreas ubicado sobre calle Armani en Godoy Cruz.
La idea es separar mediante una calle divisoria dentro del mismo predio los edificios destinados a albergar a niños "descuidados" o "abandonados" por su familia de origen de aquellos que albergan a adolescentes y mujeres que presentan otras problemáticas y que han tenido conflictos con la ley. "Actualmente están todos bastante mezclados dentro del predio pero estamos trabajando para que eso no ocurra. Queremos que los niños cuyos derechos han sido vulnerados estén separados de aquellos que presentan otras problemáticas", explica Luraschi.

Al llegar a Casa Cuna preadolescente una escena llama la atención. Las ventanas y puertas están cubiertas en algunos sectores estratégicos por tapiales verdes de policarbonato, permitiendo que sólo atisbos de realidad penetren en el lugar. "La verdad es que nadie quiere estar acá. Como aquí habitan chicos más grandes, son difíciles de controlar y suelen romper ventanas y puertas. Por eso tuvimos que reforzar los ingresos con un material más resistente", explica Roberto Suárez, el ingeniero encargado de las reformas.
"Acá hay chicos de todas las edades, incluso de más de 18 años viviendo en el Microhospital que están con nosotros hace tiempo y que van a seguir estando porque nadie los quiere adoptar. La mayoría tiene alguna discapacidad y no pueden valerse por sí mismos, así que este seguirá siendo su hogar", cuenta Luraschi.
En general, lo que se busca es preparar a los chicos para que cuando cumplan 18 años puedan valerse por sí mismos, ya que entre más grandes son menos chances tienen de ser adoptados. "Se les busca trabajo, se les otorga pensiones y se realiza un seguimiento por parte del equipo técnico para que puedan salir a la sociedad e independizarse. El equipo técnico está compuesto por psicólogos, trabajadores sociales e incluso abogados. Además durante su estadía en los hogares los adolescentes tienen talleres de carpintería, metalúrgica, entre otros oficios", explica Eugenia Rovere.
Además cuando los chicos son separados de su familia de origen siguen yendo al colegio y realizan actividades artísticas, deportivas, recreativas y excursiones mientras viven en Casa Cuna o cualquiera de los hogares. También reciben tratamiento psicológico, kinésico o psiquiátrico, de acuerdo a sus necesidades. "Se intenta que permanezcan en el mismo colegio al que iban pero muchas veces se torna imposible. Hay que coordinar los traslados de chicos de 18 hogares, sólo en zona norte. Se trata de buscarles escuelas cercanas a la Dinaf para facilitar el traslado", añade Rovere.
¿Cómo llegan los chicos a Casa Cuna y a los hogares?
El arribo de los chicos se produce a partir de una intervención de alguno de los Oales, quienes interponen una medida de excepción en la que piden la internación de los niños. Previo a la internación se debe judicializar el proceso y es el juez quien debe aprobar la medida solicitada.
La internación en Casa Cuna o cualquiera de los hogares es la última instancia. Antes se trabaja con la familia de los niños cuyos derechos han sido vulnerados. No sólo con la familia de origen sino también con la familia afectiva o de la comunidad. Un vecino puede quedar a cargo del chico en cuestión por ejemplo, si se demuestra el vínculo afectivo.
El equipo técnico debe decidir si el chico vuelve con su familia o si se inicia el proceso de preadoptabilidad. Tienen 90 días, prorrogables por otros 90, para tomar la decisión. Una vez cumplido el plazo se solicita el estado de adoptabilidad.
El juez a cargo del caso es quien decide entre tres familias cuyos expedientes se le presentan luego de solicitar al RUA (Registro Único de Adopción) los nombres que corresponden en el orden de la lista. El RUA decide las tres familias más "potables" y se las presentan al juez quien debe decidir quién se queda con el niño.


