Canción (Y nadie sabe cómo vine a parar aquí, dice Bob Dylan)
Del latín cantio, -ōnis.
1. Composición en verso, que se canta, o hecha a propósito para que se pueda poner en música.
2. Música con que se canta una canción.
3. Cosa dicha con repetición insistente o pesada.
5. Composición lírica a la manera italiana, dividida casi siempre en estancias largas, todas de igual número de versos endecasílabos y heptasílabos, menos la última, que es más breve.
6. Antigua composición poética, que podía corresponder a distintos géneros, tonos y formas, muchas con todos los caracteres de la oda.
El presidente era Menem y el Jefe de Gobierno Fernando De la Rúa. Los Rolling Stones siempre fueron los mismos tipos, geniales, incombustibles. Y estaban sellando un nuevo pacto de amor con Argentina. Pero traían en aquella gira a un telonero bastante célebre por estos días (y también por aquellos). Me refiero a Bob Dylan.
En la provincia de todo Hispanoamérica que menos lee, y esto es Mendoza, la increíble Mendoza en la que la lectura parece algo salido de la ciencia ficción, debe apuntarse que Bob Dylan es el flamante premio Nobel de Literatura. Su poesía en letras a lo largo de décadas y discos memorables convencieron a los académicos suecos. Me cuento entre los millones que celebran este reconocimiento, tan sorprendente como innovador.
El colega Javier Navia recordó algún aspecto interesante sobre la "modalidad" del nobel de Literatura: "Churchill lo ganó por sus discursos. Svetlana Alexievich, el año pasado, por sus crónicas. Literatura no es sólo novelas", sostuvo. Y amplió el debate:
"Si hubiera un premio literario prestigioso en Argentina, ¿ustedes se lo negarían a un Caloi o a un Spinetta?" Javier Navia
La literatura es, pese a varios conservadores, un arte dinámico, orgánico, fuera de cualquier clasificación rigurosa. Escribir novelas ha sido un arte muy difundido en el siglo XIX y XX y hasta un hecho consagratorio para autores que han dado al género una profundidad insólita y perenne, ambas cualidades muy próximas a lo que entendemos por arte universal. Pensemos en Antonio Di Benedetto, para no ir más lejos.
Pero escribir novelas no es sólo "la" literatura, al menos no en esta época, en la cual el oficio de narrar incluye a dramaturgos, cineastas, e incluso libretistas de series para televisión. Ahí tenemos el slang de varios poetas de lengua inglesa forzando los límites de un british que intenta su renacer. Ni hablar del inglés americano, una de las lenguas más dinámicas e inspiradas, que el rap ha sabido capitalizar. Y hasta lo que conocemos como spanglish.
La fórmula de la literatura en el siglo XXI es que no hay fórmulas. La apuesta es originalidad, creatividad, buena escritura y, desde luego, un tema que sepamos todos, que nos incluya, que nos toque. Y en esto hay que darle la diestra a Borges y a Piglia, dos argentinos que podrían ser merecedores de este galardón histórico.
Piglia dice en un forzado minimalismo que hay apenas dos historias que contar: "Un tipo desconocido llega a un pueblo y se instala allí. Y la segunda variante es: Un tipo un buen día abandona el pueblo donde vivió siempre, en busca de lo que se ignora
La noche del 4 de abril de 1998, en el único concierto de los Stones en el que los teloneó Bob Dylan, estuve en la cancha de River. No me importaba tanto entonces el Nobel ni la literatura académica, sino más la música y ver en vivo a un súper héroe. Algo en mí decía que Dylan no existía, que no era real, que era una especie de ser mitológico.
Contratapa Diario UNO, 8 de abril 1998.
Cubrí ese concierto con mucha expectativa, más por Dylan que por los británicos. Lo hice para Diario UNO. Y quien era su director, Alejandro Gómez, realizó un movimiento extraño: la contratapa de ese diario, por entonces, se ocupaba con chistes y horóscopos. Ese día me la "entregó", como escasas veces sucedió. No recuerdo quién hizo el dibujo que ilustró aquella nota. Así empezaba la crónica:
"Cuando el sábado pasado en el estadio de River durante la actuación de los Stones se sumó Bob Dylan, apareciendo casi sombríamente por uno de los costados del escenario para tocar "Like a Rolling Stones", las 65 mil personas extasiadas espontáneamente extrajeron su ticket de los bolsillos y besaron con absoluta esperanza un boleto que por varias razones será histórico".
"Fue la segunda vez que compartieron, sobre escenario, los acordes de una canción memorable, figuras de semejante magnitud, de los últimos 30 años. Una reunión de estas características, un verdadero sueño, jamás podría haber sido imaginado. Ni siquiera por los fans más delirantes. Y en acuerdo con las trascendencia de la aleación no pudieron menos que tocar una gran canción para los privilegiados asistentes...".
Bob y Mick en Buenos Aires, 1998. ¡Qué me van a hablar de amor!
La historia de ese recital es para mí una pequeña gran hazaña, en principio como magnetizado por la música y también como periodista. Es que apenas culminó esta canción, la cuarta en el extenso repertorio de los Stones, me di por más que satisfaction. Entonces entendí que nada más tenía yo que disfrutar allí.
Y me retiré del concierto, casi junto con Bob Dylan. Y salía de River cantando el estribillo, que castellanizo, pero que, debajo, en el video, se disfruta tan diáfano como la alborada en los pastizales del verano amable:
"¿Como se siente?
Ser tu misma
sin un rumbo determinado
como una completa desconocida
como una piedra rodante..."
Supongo que allí entendí la belleza más que el periodismo.






