Ideas van, ideas vienen
Uno nunca es consciente del surgimiento de una idea. Solemos decir “tengo una idea” o “se me ocurrió algo”, pero no conocemos el momento exacto en que comenzó el proceso o cuál fue la semilla que lo originó.
De todas maneras lo que importa es qué hacemos luego con el producto final, en el momento de exclamar ¡eureka!, aquella famosa expresión atribuida a Arquímedes.
Desde mi propia experiencia debo decir que he aprendido a observar mis ideas, escucharlas, cuidarlas e incluso pulirlas. Todo lo que llevamos a cabo en el plano material, surgió primero en nuestra mente, en formato intangible.
Cuando la mente presenta ese esbozo, hay que prestar atención: podemos estar frente al mapa del tesoro. Analizar aquello valiéndonos de todas las herramientas necesarias, preguntándonos por qué se nos ocurrió, por qué en ese momento preciso. Y qué hacer ahora con eso. Es necesario no dejarlo pasar, incluso porque no conocemos hasta dónde podrá llegar: tal vez no llevemos a cabo la idea original, pero esta desencadene una catarata de otros proyectos.
Mientras escribo sobre esto, me viene el concepto de mentalizar: crear un molde mental de aquello que nos gustaría alcanzar. Por ejemplo: “quiero conocer determinado país”; puedo imaginar que estoy embarcando con destino a aquel lugar, visualizando con lujo de detalles qué sitios visitaré primero y las comidas típicas que voy a saborear, en una mezcla de imágenes, gustos y aromas.
Podemos valernos de todos los recursos que creamos necesarios: tomar nota de aquellas “ideas locas”, decorar la casa con un propósito específico (un amigo al que le gusta mucho viajar tiene su espacio decorado con pequeños detalles que le recuerdan de manera constante su próximo destino), leer e investigar sobre un asunto que anda dando vueltas en la cabeza, o aprovechar cada momento de ocio para tornarlo un espacio creativo, casi jugando, imaginando cómo concretaríamos eso que nos inquieta… Una vez más, pensemos: ¡por algo surgió!
También desde mi experiencia, siempre ha sido útil conversar de proyectos con amigos. De una manera u otra, ese proceso formalizado por Platón me ha dado buenos resultados, ya que me han aportado diversos puntos de vista útiles, factibles o completamente irrealizables, pero enriquecedores siempre.
Idea, imaginar, mentalizar, acción, concretar… cinco palabras. De nada sirve tener buenas ideas, proyectos interesantes o nobles aspiraciones si no los hacemos efectivos.
Para finalizar, comparto palabras del escritor francés Víctor Hugo: “Hay una cosa más fuerte que todos los ejércitos del mundo: una idea cuyo tiempo ha llegado”.

